Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Ha nacido la Aurora de nuestra salvación.

Homilía sman017a, predicada en 20180908, con 14 min. y 56 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, la belleza que tiene esta fiesta de la Natividad de la Virgen se puede comparar a la alegría que trae la aurora cuando se ha pasado por una noche muy oscura. La aurora no es todavía la plena claridad, pero ya la anuncia. La aurora nos está recordando que las tinieblas no tendrán la última palabra. Es el comienzo de nuestro descanso. Es el comienzo de nuestra esperanza. Es la certeza de la luz que vendrá. Eso es lo que significa para nosotros la llegada de María Santísima a la escena de esta tierra. Ella es el alba, ella es la aurora y la claridad que ella anuncia es la claridad de Jesucristo. Con mucha frecuencia sucede lo mismo en nuestra vida cristiana. Solo Dios sabe cuántos corazones han sido atraídos a su amor con la delicada sonrisa de la Virgen. Esto se nota especialmente en los santuarios que llevan su nombre.

Yo tuve ocasión de ser rector del Santuario Mariano Nacional en mi país, Colombia. La advocación de la Virgen en ese santuario es Chiquinquirá. Y allá en el santuario de Chiquinquirá. Cuántas veces escuché testimonios como el que voy a decir ahora. Yo venía paseando por aquí, por esta zona de Colombia, con mi familia. Decidimos entrar al Santuario de la Virgen. Y mire usted, padre, no sé por qué, pero me han dado ganas de confesarme. ¿Cuánto tiempo hacía que usted no se confesaba? Creo que más de quince años. Diálogos parecidos los escuché tantas veces en ese lugar. ¿Qué ha sucedido en esa persona? Ha sucedido que la amable claridad, la dulce sonrisa, el perfume bendito de la Virgen, ha servido como una especie de atracción que lleva a la persona hacia Jesús, porque ese es el don propio que tiene la Virgen, llevarnos hacia su Divino Hijo. Nada quiere ella para sí misma, todo lo quiere para Jesús.

El profeta Oseas. Muchos siglos antes de Cristo, describió la manera como Dios quiere llamarnos. Es Dios quien, a través de las palabras de este profeta Oseas, nos dice con correas de amor, con lazos de amor quise atraerte. Ese es el llamado principal de Dios. Así es como Él quiere traernos hacia su presencia, hacia su abrazo. Y bien podemos decir que esos lazos benditos de amor están bien unidos al Corazón Inmaculado de la Virgen, porque es tanta la amabilidad, la suavidad, la humildad que ella tiene, que resulta extraordinariamente grato estar cerquita de ella y estando cerca de ella nos va conduciendo como con lazos de amor hacia su Hijo Jesucristo. Por eso han dicho los santos como Luis María Grignon de Montfort, que no existe un camino más rápido, más seguro o más amable de llegar a Jesucristo. Y debo repetir, nada quiere ella para sí misma todo lo quiere para Jesús. Por eso la llamamos aurora de salvación.

Otro punto que debemos meditar el día de hoy es ver a esta niña tan pequeñita, tan frágil, verla recién nacida. Haga usted el ejercicio mientras yo estoy hablando. Imagínela usted en su corazón. Imagínela usted, tal vez cerrando un momentito sus ojos. Esta niña tan pequeñita. Y ahora que la tiene así en su mente, dele un abrazo y recíbala. Hay una devoción muy bonita que es la devoción a la niña María. Imagine usted que esta niña pequeña, que por supuesto quiere crecer y va a crecer, ha llegado a su casa. Acepte a María Santísima en su casa. Recíbala. Es tan bello este pensamiento, porque usted nota inmediatamente que hay muchas cosas en su casa y en su vida que van a ser bendecidas por esta niña. Y también usted se va a dar cuenta que a medida que esta niña está en su casa, la casa se va limpiando de cosas que no deberían estar.

Yo me acuerdo del caso de un amigo mío. Él era un poco adicto a la televisión. Se pasaba horas viendo televisión, de soltero, fue a estudiar a una ciudad donde vivía solo y fue allí donde se volvió adicto a la televisión. Bueno, este hombre se enamoró y se casó. Su hija mayor nació. Se volvió por supuesto una niña encantadora. Este hombre tenía ya la mala costumbre de estar viendo en la televisión esa clase de cosas que a veces salen por esas pantallas. Imágenes inapropiadas, a veces obscenas, supuestamente románticas, pero más que románticas un elogio a la impureza. Cuando ya él tenía su hija, cuando ya la hija empieza a crecer, él se da cuenta que esas imágenes, que esas cosas no quiere que las vea la hija. Entonces se puede decir que la hija empezó a rescatar al papá porque el papá tenía esa mala costumbre de ver imágenes vulgares, obscenas, pero como él no quería pasar por la vergüenza o dañarle el corazón a la hija, entonces se fue absteniendo de ver esas cosas, solamente porque la hija estaba ahí. La pureza de la hijita, la sonrisa de la niña la fue sacando de esa mala costumbre de estar viendo cosas que uno no tiene que ver.

Así pasa cuando tú adoptas a la Virgen. Adóptala. Es pequeñita, es una recién nacida. Adóptala, recíbela en tu corazón y en tu casa. Acostúmbrate a que no debe haber en tu casa una conversación que no pueda oír tu hijita. Una conversación que no pueda oír tu hija adoptada que es la Virgen María. Entonces la violencia desaparecerá de tu casa, la agresividad desaparecerá de tu casa. Ese lenguaje envidioso o grosero, ese lenguaje impuro, vulgar, desaparecerá. Porque tú quieres que esa niña preciosa se sienta a gusto en tu casa. Tú quieres que ella crezca contigo y junto a ti, allá en tu hogar. Ese es el segundo punto de meditación el día de hoy. Vamos a adoptar a María en nuestro corazón. Las conversaciones que no se puedan tener delante de la Virgen es que tal vez no se deben tener, los negocios que no se pueden hacer delante de los ojos puros de la Virgen son tal vez negocios que no se deben hacer. El entretenimiento que no se puede tener delante de la Virgen tal vez es cosa que no le hace bien a mi corazón ni a mi casa. De esa manera María Santísima empieza ya desde niña a presidir tu casa. No desde la autoridad exactamente, sino más bien desde el amor y la humildad. Y eso hace mucho bien.

Último punto mis hermanos, esta niña tan hermosa, esta preciosa chiquita que se llama María, es fruto del amor de su padre y de su madre. Según la antigua tradición, el papá se llamaba Joaquín y la mamá se llamaba Ana. María es el fruto del amor de ellos, es el fruto de la unión de ellos. Vamos a decirlo un poco más expresamente. María Santísima es fruto de la unión sexual de Joaquín y Ana. ¿Por qué destaco este punto? Que, por otra parte, es obvio. Para que nos demos cuenta que la sexualidad humana vivida según Dios, tiene frutos de pureza. Con lo cual quiero decir que es muy importante que en los matrimonios esa dimensión tan íntima se viva de una manera limpia, gozosa, amorosa y en presencia de Dios. Nada en nuestra vida debe escapar al plan de Dios. Nada en nuestra vida hay que esconderlo de los ojos de Dios. Cuando un matrimonio sana y santamente constituido tiene su unión íntima. Dios no se tapa los ojos. Dios no se oculta en ese momento de la unión entre el hombre y la mujer. No tiene que esconderse Dios, porque Dios mismo fue el que hizo esa realidad bendita de la que además venimos cada uno de nosotros. Entonces María Santísima, con su cuerpo tan puro, ella que como dice la canción es tan pura que más que ella, solo Dios. Ella nos está recordando el llamado a la pureza que todos tenemos, pureza que tiene que llegar también al matrimonio.

Es muy importante, mis hermanos, que esta fiesta produzca en nosotros gran repugnancia, asco incontenible frente a todo lo que vaya a mancillar la unión íntima del hombre y la mujer en santo matrimonio. Todo lo que vaya a ensuciar esa unión tiene que producirnos repugnancia, asco. Porque es ensuciar algo que Dios quiso limpio. Como se nota en la limpieza, en la pureza de la carne de María Santísima. Así que todo lo que sea suciedad en esa unión bendita del hombre y la mujer, hay que rechazarlo y hay que rechazarlo con repugnancia, con asco. Especialmente, por supuesto, todo lo que tenga que ver con la infidelidad. Todo lo que tenga que ver con el adulterio. Ese no es plan de Dios. Eso es basura que estás echando en tu cama matrimonial. Tú no puedes hacer eso. Estás dañando algo tan hermoso, algo tan puro que precisamente se nota en el cuerpecito tan bello, tan limpio de María Santísima. Así que esa también es enseñanza. Así como ella es fruto santo de la sexualidad humana. Así, nosotros debemos pedir que nuestros cuerpos, y en particular los cuerpos de las personas casadas, sepan entender la dignidad y la belleza de los actos de amor a los que están llamados como personas casadas.

Hermanos, sigamos esta Celebración. Hemos visto que María es aurora de salvación que nos da esperanza. Hemos visto que la podemos invitar a nuestra casa para que nos ayude a iluminar con el Evangelio cada rincón de nuestra vida. Y hemos visto que su presencia en la Iglesia es un llamado a que todos, pero especialmente las parejas, vivan de una manera santa su unión matrimonial y sientan repugnancia de todo lo que atente contra la santidad del matrimonio. Sigamos esta Celebración con ese gozo y con esa palabra en nuestro corazón.

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