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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La Santísima Virgen María proviene de la raíz más humilde del pueblo de Dios, los pobres de Yahvé, quienes aprendieron a poner toda su esperanza y confianza en Dios.
Homilía sman013a, predicada en 20150908, con 6 min. y 1 seg. 
Transcripción:
El Ocho de Septiembre, nuestra Iglesia Católica recuerda y celebra el nacimiento de la Santísima Virgen María. La Inmaculada Concepción se celebra el Ocho de Diciembre. Nueve meses después, el Ocho de Septiembre, se celebra el nacimiento de María Santísima. Cuando uno habla de nacimiento, inmediatamente piensa en los papás y por eso es natural que pensemos en los papás felicísimos, papás de María Santísima. Es decir, según la tradición San Joaquín y Santa Ana.
Pero yo estoy pensando en lo que sucede al comienzo del Evangelio según San Mateo, cuando se trata de describir de dónde viene Jesucristo. El evangelista Mateo no nos habla únicamente de José y María, sino que presenta toda la historia de la familia de Cristo, toda la genealogía. Porque es verdad que cada uno de nosotros viene de su mamá, viene de su papá y su mamá, eso es claro. Pero por otro lado, hay que tener en cuenta que también nuestros papás tuvieron su propio origen y por eso, cuando miramos los orígenes de María debemos pensar no solamente en el papá y la mamá, sino debemos pensar de qué raíz viene ella, ¿de dónde viene ella? ¿de qué clase de gente viene ella? La respuesta evidente es que ella es descendiente de Abraham. Ella pertenece al pueblo elegido. Esa parte es clara y no me refiero a eso. Me refiero a quién era esa población, quién era esa raíz, quiénes estaban ahí.
Y hago esta pregunta por este motivo, porque si nosotros nos damos cuenta en la historia del Antiguo Testamento, no todos los miembros del pueblo de Dios respondieron al llamado del Señor. Más o menos en el Siglo Décimo antes de Cristo hubo una gran división, una división entre el Reino del Norte y el Reino del Sur, y prácticamente diez tribus de las doce tribus de Israel se perdieron, porque esas diez tribus del Reino del Norte finalmente fueron invadidas por los asirios y se perdieron. Desaparecieron de la faz de la tierra. Desaparecieron, quiere decir que fueron aniquiladas o fueron mezcladas, asimiladas con otros pueblos. Y quedaron entonces solo dos tribus, la pequeñísima tribu de Benjamín que quedó prácticamente incorporada, la única tribu, la tribu de Judá. O sea que de la tribu de Judá y algo de la familia de Leví, es decir, de la familia sacerdotal. Eso fue lo que quedó del pueblo de Dios. En ese sentido, María Santísima tiene que provenir de esas dos tribus, tiene que tener raíces en esas dos tribus. La tribu de Leví y la tribu de Judá.
Por otra parte, si seguimos la historia del pueblo de Dios, nos encontramos con que en el Siglo Sexto, antes de Cristo, se da un acontecimiento gravísimo que fue el destierro a Babilonia, y lo que volvió de ese destierro fue un pueblo empobrecido. Ellos eran el pueblo elegido, pero era un pueblo empobrecido, era un pueblo humilde. A ese pueblo humilde, castigado, doblegado, pero al mismo tiempo fortalecido en su fe, más convencido que nunca de que sólo Dios es Dios. A ese pueblo la Biblia lo llama el pequeño resto. O sea que María pertenece al pueblo de Abraham. Seguramente tiene raíces en la tribu de Leví y en la tribu de Judá.
Y luego podemos decir que ella pertenece a esos humildes, a esos que son el pequeño resto. De modo que cuando pensamos en los orígenes de María, debemos caer en cuenta que ella pertenece a esa veta, a esa vena humilde y humillada del pueblo de Dios, que se conocen como los pobres de Yahvé. El pequeño resto. Incluso a veces se oye la palabra en hebreo, los anawim. Y esos pequeñitos, esos humildes y humillados que solo tienen su confianza en Dios, son los que aprenden el lenguaje de Dios de un modo distinto. Son los que creen en las promesas de Dios de una manera diferente. Son los que ponen su esperanza en Dios como nadie más podría ponerla. Esos son los anawim. Y es muy hermoso pensar que María proviene precisamente de ese sector, el más humilde. De esa raíz, la más humilde, la más golpeada, pero al mismo tiempo la más creyente. Solamente así podemos entender cuál es el contexto en el que luego se podrán pronunciar las frases que le hemos oído a ella. Eso de que Aquí está la esclava del Señor. Eso no lo dice cualquiera. Eso solo lo dice el que ha aprendido a poner toda su esperanza en Dios.

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