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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Bellos motivos cristológicos, teológicos y antropológicos para celebrar el cumpleaños de la Virgen María.

Homilía sman012a, predicada en 20140908, con 11 min. y 15 seg.

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Transcripción:

Queridos amigos. Cuando celebramos el nacimiento de la Santísima Virgen, podemos decir que estamos celebrando también su cumpleaños. Hay tres nacimientos que la Iglesia Católica celebra litúrgicamente. Por supuesto, el nacimiento de Cristo, que eso es lo propio de Navidad. Tenemos hoy ocho de septiembre el nacimiento de la Virgen y tenemos el día veinticuatro de junio el nacimiento de Juan Bautista. Es la excepción en la Iglesia que se celebre el nacimiento para esta tierra. Lo que la Iglesia suele celebrar es el nacimiento para el cielo, es decir, la hora de la muerte. Por eso las fechas en que los mártires entregaron su vida. Suele ser la fecha en la que también se les recuerda y se les celebra. Esto viene ya desde los comienzos de la Iglesia, en la fecha aniversaria de la muerte de un mártir. Se reunían los cristianos, celebraban la Eucaristía y daban gracias a Dios por esa vida entregada.

Por la misma razón, es extraño que se celebre un nacimiento, o debo decir mejor. Debe haber una razón especial para que se celebre un nacimiento para esta tierra, siendo que lo normal es celebrar el nacimiento para el cielo, es decir, la hora de la muerte. Dejemos para otra oportunidad la reflexión sobre el nacimiento de Juan Bautista o el nacimiento de Jesús, y miremos ¿Qué puede tener de especial este nacimiento para que la Iglesia lo celebre? Encontramos tres razones principales. Las podemos llamar con palabras así un poco elocuentes, una razón antropológica, una razón teológica y una razón cristológica. Una razón cristológica. Y quiero empezar por aquí porque lo que nosotros estamos celebrando es a María, madre de Jesús. Estamos celebrando el triunfo de la gracia divina. Estamos celebrando que Dios, en medio de circunstancias difíciles y en medio de un mundo incrédulo, puede sacar adelante una vida la Inmaculada.

¿Cuál fue el lugar donde creció María? Nazaret. Nazaret, una pequeña población en la región de Galilea. Hay que recordar que Galilea quedaba al norte, más allá de la región de Samaría. Y los judíos consideraban que los samaritanos, es decir, sus vecinos inmediatos del norte, ya habían perdido la fe. Con toda razón sentían a los judíos porque el primer rey que tuvieron los samaritanos, llamado Jeroboam, entre otras cosas, se inventó una línea, un linaje de sacerdotes que no tenía nada que ver con lo mandado por Moisés. O sea que el culto, la religión de Samaría, desde su mismo nacimiento, estuvo corrupta. Los judíos consideraban a los samaritanos como unos deformadores de la ley, y Galilea queda detrás, o sea, después de Samaría. Por eso se utiliza la expresión Galilea de los paganos, Galilea de los gentiles. Es decir, que para el punto de vista judío, Galilea era tierra perdida. La expresión Galilea de los paganos quiere decir Ahí ya no hay nada ahí, eso ya se perdió, eso ya quedó entregado a los paganos. Esa fue la región donde nació la niña que hoy estamos recordando. Ese fue el lugar donde Joaquín y Ana, que es el nombre que la tradición da a los padres de María. Tuvieron que educar a esta chica. Y es muy interesante eso, porque cuando nosotros pensamos en los retos que enfrentan los papás hoy para educar a sus hijos y a sus hijas, creo que ningún papá consciente de su fe buscaría como ambiente algo como lo que había en Galilea, una región donde todo estaba tan confuso, tan mezclado, repito, una región que parecía perdida para la fe, galilea pagana.

Y en ese mundo pagano o semi pagano, estos papás llevaron con sabiduría, con humildad, a su niña, a María. Ese es un dato hermosísimo en medio de un mundo pagano. Una educación inmaculada y el crecimiento de esta flor purísima. Yo creo que es una invitación para que los papás piensen que sus hijos, aún en medio de las circunstancias de nuestro propio mundo, y aunque parezca que nuestro mundo está también entregado al paganismo, los papás se animen y digan con la gracia de Jesús, con la gracia de Dios, si es posible, si es posible, si se puede. Yo creo que el mensaje más hermoso de esta fiesta del nacimiento de María es la certeza de que sí es posible llevar la vida de Dios en medio de un mundo que muchas veces parece hostil. Dios, con su prudencia, con sus luces, supo guiar a estos papás y ellos supieron llevar a su hija. Y ella, por supuesto, movida por la gracia de Dios, respondió con generosidad. Ahí entonces también una razón teológica que es la que aparece en la oración que abre la Misa, la oración colecta.

La razón teológica es esta es una fiesta que invita a crecer en la paz. Recordemos que María es la gran victoria de Dios. María es aquella en la cual se retrata todo lo que el Evangelio puede hacer. María es la expresión del querer y la voluntad de Dios sin el obstáculo horrendo del pecado. Hoy vemos a María iniciar su camino en esta tierra y sabemos que es un camino limpio, bello, generoso, perfumado. Verla a ella, vencer los obstáculos, verla como supera la astucia y las trampas del demonio, nos trae certeza de victoria. Y por eso dice la oración colecta que esta fiesta haga crecer en nosotros la paz. La certeza de que Dios puede hacerlo, la certeza de que Dios se sale con la suya, la certeza de que Dios no ha soltado el timón del barco es certeza que infunde en nosotros una profunda paz. El enemigo malo quiere que nosotros vivamos en pánico, que vivamos en incertidumbre, que vivamos en la duda. ¿Será que Dios todavía se acuerda? ¿Será que Dios sigue a cargo? ¿Será que Dios soltó el timón? ¿O qué pasa con tantas cosas que vemos? La mirada puesta en María y la paz retorna. No fueron más fáciles los tiempos de ella. No fueron más leves las tentaciones que tuvo que vencer a lo largo de toda su historia personal. No era menos perverso el demonio en aquella época. Y ya ves cómo es plena la victoria de Dios si ella es como la llamaba San Pío V, Nuestra Señora de las Victorias.

Entonces también es Nuestra Señora de la Paz. Y por último, una razón profundamente antropológica en nuestros cumpleaños, cuando se reúne la familia, seguramente se parte una torta, se canta, hay sonrisa, hay regalos. ¿Qué estamos diciendo con esos gestos? Le estamos diciendo a la persona que cumpleaños. Nos alegra que tú existas. Nos alegra que estés en medio de nosotros. Pues hoy es un día para decirle como hermanos en la raza humana y como hermanos en la fe. Decirle a nuestra hermanita a María, así la llamaba San Atanasio, decirle a nuestra hermanita nos alegra que tú existas. Qué bueno que estés en medio de nosotros. Que María sea siempre bienvenida en nuestros hogares, siempre cercana a nuestras oraciones, siempre consuelo en nuestras necesidades y siempre la primera en enseñarnos a agradecer y alabar a Dios cuando las cosas salen bien y cuando el Señor nos permite experimentar sus consuelos. Amén.

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