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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
María es aurora del Día de Cristo, y de Él recibe toda su belleza y resplandor.
Homilía sman010a, predicada en 20120908, con 4 min. y 27 seg. 
Transcripción:
Nuestra Iglesia Católica celebra el día de hoy el nacimiento de la Santísima Virgen María. Esta fecha hay que entenderla en relación con el ocho de diciembre. Si el ocho de diciembre se celebra la Inmaculada Concepción de María Santísima. Sí ahí es concebida nueve meses después, es decir, en septiembre, habrá que celebrar el nacimiento. Algo semejante tenemos cuando se habla de Jesucristo. Porque la concepción de Jesucristo se celebra el veinticinco de marzo y nueve meses después, el veinticinco de diciembre tenemos el nacimiento de Cristo, es decir, la gran solemnidad de la Natividad. Hay esa relación de nueve meses que es el tiempo usual de un embarazo. ¿Por qué es importante para nosotros el nacimiento de María? Yo creo que las palabras que la tradición católica ha dado a la Santísima Virgen siguen siendo plenamente significativas. A ella se le compara con la aurora, con el alba, con ese primer resplandor que ya anuncia el final de la noche, pero que sobre todo, proclama la cercanía del día. Podemos decir y debemos decir, que Cristo es el día, el día de nuestra salvación. Cristo es el sol que nace de lo alto. Y es hermoso comparar a María con el alba, comparar a María con la aurora. Hermoso también porque nos muestra que la claridad que hay en ella proviene finalmente del día, es decir, el sol que llena con su hermosa claridad y su brillo. El día es el que empieza a resplandecer en la aurora. O sea que, por decirlo de alguna forma, la aurora recibe del día. Así tenemos que pensar también de la Santísima Virgen. Todo lo que en ella hay. Todo aquello que nosotros creemos y proclamamos de María, hace relación a Jesucristo. Es decir, es de Él, de la gracia de Cristo, de la santidad de Cristo, del brillo de Cristo, de donde proviene el brillo, la santidad, la hermosura de María. Esto también quiere decir que al acercarnos a ella, nosotros no nos estamos apartando de Cristo. El que llega a la aurora ya tiene la certeza del día. Pero nadie cambiaría la alegría del sol resplandeciente por esos primeros resplandores que apenas son un presagio. Nosotros miramos a María en función de Cristo y nos acercamos a ella para que ella nos acompañe en nuestra peregrinación hacia el Señor Jesús. Y eso fue lo que ella misma hizo. La última frase que aparece en la Biblia salida de los labios de la Santísima Virgen es esta: Haced lo que Él os diga. Este es el mensaje de María. Esto es lo que ella quiere. No se trata de retenernos. No se trata de acaparar. No se trata de quitarle nada al Hijo de Dios. Se trata más bien de congregar a la familia de Dios para entregarla a ese hijo, a ese bendito Hijo en quien está la salvación. Así como es una mala señal de fe despreciar a María sería muy mala señal de fe mirarla a ella como una especie de alternativa o como si a Cristo le faltara algo. Es perfecto el don de Dios en Cristo. En él está toda nuestra salvación. Pero de Él irradia esa santidad que en primer lugar hace luminosa la vida, la figura, el corazón de esta recién nacida. Feliz cumpleaños, María.

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