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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Tres enseñanzas de la Natividad de la Virgen: (1) Agradecer la existencia; (2) Vivir con verdad y transparencia; (3) Crecer en gracia junto a la Llena de Gracia.
Homilía sman009a, predicada en 20110908, con 16 min. y 6 seg. 
Transcripción:
Cuando celebramos un cumpleaños, celebramos el regalo de la vida. Dios, día tras día nos regala ese que es el primero de sus dones el existir, el vivir. En ese sentido, la fiesta del nacimiento de la Virgen es una manera de alegrarnos, porque ella existe, porque fue creada, porque es obra de Dios, porque Dios le concedió la vida. Otra manera de mirar este cumpleaños es pensar en que cuando hablamos del nacimiento, hablamos del comienzo del origen. Hay un cierto sabor de origen. En la primera lectura de hoy, tomada del profeta Miqueas, refiriéndose al Mesías, dice: Su origen es desde antiguo. Pero resulta que el origen a veces queda muy atrás, no solamente lejano en el tiempo, sino lejano en los sueños, en los ideales. Les voy a contar una cosa que me sucede cuando celebró la Eucaristía o cuando visitó un colegio. A veces pasa que los niños o las niñas más pequeños lo miran a uno y lo saludan con alegría, como hicimos al principio. Pero a veces también pasa que cuando nos volvemos más grandes, a veces nos da vergüenza mirar al sacerdote, a veces nos da vergüenza saludarlo, a veces nos da vergüenza que nos vean con él o que piensen que estamos demasiado cerca de la iglesia. Hay un cambio en muchas vidas. Hay un cambio entre la infancia, la adolescencia, la juventud y yo me pregunto ¿por qué sucede ese cambio? Y me acuerdo también de mi propia vida, de lo que me sucedió a mí, de lo que fue mi historia. Y entonces he descubierto esto que muchas veces de niños hemos tenido una inocencia, pero a veces esa inocencia se pierde y cuando se pierde la inocencia se pierde la tranquilidad en la mirada. Fíjate lo que le sucedió a este personaje Adán. En el libro del Génesis se cuenta que Adán vivía en amistad con Dios. Adán vivía en una comunicación perfecta con Dios y en ese primer momento Adán incluso vivía sin ropa, vivía desnudo y no sentía vergüenza. Pero después de cometido el pecado, Adán se esconde. Se ha producido una ruptura, se ha producido un abismo, una distancia. Y ya Adán ya no se siente tranquilo mirando a Dios. Ya no quiere que Dios lo mire. Adán busca esconderse. Se ha producido una brecha, una ruptura. Es Dios el que tiene que salir a buscar a Adán hasta que lo encuentra y entonces lo confronta. Y Adán reconoce que ha pecado. Fíjate eso tan interesante una experiencia de inocencia, una experiencia de pecado y una experiencia de negación, de distancia, de ruptura. Por eso me parece tan hermoso que estemos celebrando el sacramento de la Confesión, porque la confesión, entre otras cosas, quiere que nosotros recuperemos la mirada tranquila, limpia. Cuando tú sientes, querida niña, que no puedes mirar o que te da vergüenza mirar a tu mamá así, directamente a los ojos, o cuando tú sientes que te da vergüenza mirar al sacerdote porque quizás se va a dar cuenta de algo. Cuando tú sientes, querido jovencito, querido joven, cuando tú sientes que te da vergüenza mirar al padre, mirar que se yo al profesor o qué sé yo. Esa vergüenza es un eco de lo que sucedió. Según nos dice la Biblia, con Adán ha habido una ruptura. Entonces la fiesta del nacimiento de la Virgen nos invita a pensar en nuestro origen y nos invita a recorrer con la mirada lo que ha sido nuestra vida. Y yo te hago esta pregunta ¿Hay algo que le quite tranquilidad, limpieza, alegría, transparencia a tu mirada? Sí, a ese es el caso. Pues ya sabemos que el remedio está en la conversión, la confesión y que vuelvas a la alegría y que vuelvas a esa inocencia, porque para eso fuimos creados. Yo me acuerdo que cuando yo era niño tenía yo siete años de edad, o sea que de eso hace casi cuarenta. Y me acuerdo que en una predicación decía el sacerdote refiriéndose a la Virgen María, ¿yo cómo les explicara el misterio de la Inmaculada Concepción? Me acuerdo que era la fiesta de la Inmaculada Concepción y decía este padre es: como una niña que crece y se hace mujer y sigue siendo niña. Con esas palabras tan sencillas, este sacerdote nos estaba contando algo muy importante. Nos estaba contando que cuando el pecado no existe en una vida, entonces esa vida es una transparencia que permite que la inocencia y la alegría del niño vuelva a salir en tu sonrisa. No es un asunto de edad. No sabemos de cuántos años se llevó Dios a la Santísima Virgen. Se la llevó de esta tierra. No sabemos de cuántos años, se puede suponer que fue alrededor de los cincuenta años de edad, de ella un poco más, un poco menos. Pero María en sus cuarenta y cinco, cincuenta, cincuenta y cinco años o los que Dios les haya concedido sobre la tierra. María en sus ojos, con esa misma transparencia de una bebé, con esa misma alegría, con esa misma sonrisa, con esa misma pureza. Y esto tiene que ser un llamado para cada uno de nosotros. Que nuestros ojos tengan siempre la transparencia, que quien nos mire a nosotros pueda mirar en nuestros ojos, en nuestra sonrisa, en nuestras palabras, pueda mirar una historia que ha sido tomada, reconciliada, bendecida, transformada por Dios. Es muy importante esto. Es muy importante que todos, pero especialmente los jóvenes y las jóvenes, se acostumbren a tener una mirada transparente, a sostener la mirada con paz. Es muy importante que tu sonrisa, que tus palabras siempre tengan el sello de la inocencia. Cuando nosotros caminamos en la inocencia, entonces nuestra historia está reconciliada. Fíjate algo muy bello. Nosotros en nuestra Santa Iglesia Católica recordamos con amor y celebramos a María Niña y nosotros celebramos a Jesús Niño no solo en el cumpleaños, sino que hay toda una devoción a la infancia de Jesús. Desde hace siglos existe la devoción al Niño Jesús y esa devoción, por ejemplo, se hizo fuerte en la ciudad de Praga. Actualmente la República Checa. Entonces, por eso hoy la devoción al Niño Jesús de Praga. Y existe en Colombia un santuario muy grande que es el santuario del Divino Niño. Entonces, algunos cristianos no católicos dicen ¿Ustedes qué hacen venerando? ¿Ustedes qué hacen, hablando del Divino Niño? No. Ese ya creció y murió en la cruz. Tienes toda la razón. Pero la manera misteriosa de crecer de Jesús es un crecer sin pecado. Y por eso el que murió en la cruz murió con la inocencia, con la pureza, con la limpieza de un niño, de un bebé. La historia, la vida de Jesús no tiene esa ruptura que sucedió en la vida de Adán, esa ruptura que le hacía avergonzarse de la mirada de Dios. Podemos decir que el camino de Jesús es un camino de transparencia. Y si tú miras a Jesucristo, por supuesto que ya creció. Si tú miras a Jesucristo a sus ojos, tú encuentras en Jesucristo el bebé del pesebre. No hay una ruptura, es un camino recto, limpio, luminoso. Si tú miras a María a los ojos, descubres a la bebé. Y ella podía tener cuarenta y cinco, cincuenta años cuando se fue de esta tierra. Así que ese es otro mensaje de esta fiesta. Llevamos dos mensajes. Primero, que nos alegramos de que María exista. Por eso hay esos globos. Por eso hay esas flores, por eso hay canciones, por eso hay aplausos. A ver quién le da un aplauso a la del cumpleaños. Eso es lo primero que nos alegramos de que ella exista. Lo segundo, lo segundo, que el ejemplo de María nos invita a caminar en la transparencia y en la inocencia. Cuando yo tengo que estar escondiendo la mirada, cuando me fastidia la Iglesia, cuando no me quiero encontrar con el sacerdote, me estoy pareciendo al Adán pecador. Así no es. Tengo que cambiar. Tengo que reconciliarme con Dios y caminar en la rectitud, la transparencia, la pureza, la inocencia. El último mensaje de hoy que les decía que me parece precioso, como aparece en la canción de entrada. Promesa de amor. Ese milagro que nace y que crece dentro de tu corazón. Hace poco estaba entrevistando a un hermano sacerdote, un gran predicador, un apóstol de Dios, y resulta que él ha sido amigo de la Santísima Virgen toda la vida. Amigo. La quiere, la ama mucho, pero él también tuvo un proceso hermoso de conversión. Entonces yo le decía a este sacerdote: Porque los sacerdotes también tenemos que convertirnos. El sacerdote tiene que convertirse también. Decía el Padre Congar La Iglesia misma tiene que convertirse una y otra vez al Evangelio de Cristo. Entonces este sacerdote, que tuvo su proceso de conversión muy hermoso, había sido, sin embargo, devoto de la Virgen toda su vida. Y yo le pregunté ¿Óyeme, y cómo es eso que tú eras amigo o devoto de la Virgen? Y sin embargo faltaba esa conversión. Y él me dijo: Es que el amor y la devoción a la Virgen tienen que crecer y madurar en nosotros. Otra manera de decirlo es María, el misterio de María tiene que crecer también dentro de ti. María tiene mucho que contarte, porque tú, parte de una base, querida amiga y querido amigo, parte de una base. Nadie conoce mejor a Jesús que María. Nadie. María tiene mucho que decirte. María tiene mucho que enseñarte. María tiene mucha ternura y mucho consuelo y tiene mucho para darte, pero hay que crecer en esa amistad. Y por eso la fiesta del nacimiento de la Virgen es una invitación a acoger a esta preciosa niña para que ella, adoptada en tu corazón, crezca dentro de ti y te enseñe a renacer en Jesús. Que el misterio, que el milagro de amor de María crezca dentro de nosotros. No hay que tener ningún temor, porque María no se va a quedar con nada. Ella es verdadero espejo de santidad, y la santidad cristiana nunca es arrebatar o quitarle nada a Cristo. Al contrario, es todo entrega para el amor de Dios. Fíjate cómo en la fiesta de la Visitación, cuando María fue allá donde su parienta ¿cómo se llamaba la parienta de María? Isabel, ¿cuando fue allá, qué le pasó? Qué Isabel la felicitó y apenas María recibe la felicitación de Isabel. Alaba a Dios. No temas acoger a María. ¿Qué le dijo el ángel a José? No temas recibir a María. ¿Qué le dijo Jesús al discípulo amado? Ahí tienes a tu madre. Y hoy la Iglesia nos está diciendo No temas recibir a María. Que María te acompañe en tu infancia. Que María te enseñe a ser mujer. Lo decimos a las mujeres. Que María te enseña a valorar a la mujer. Lo decimos a los varones. Acoge, recíbela, adóptala, que ella crezca, que el misterio de ella se haga cada vez más presente en tu vida. Y así nosotros verdaderamente nos podremos educar en Cristo. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Amén.

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