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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Nacimiento de la Virgen María: abrazo de dos anhelos.
Homilía sman002a, predicada en 19980908, con 4 min. y 58 seg. 
Transcripción:
En este día estamos celebrando con toda la Iglesia el nacimiento de la Virgen María. Si resulta que el Evangelio nos habla del nacimiento de Jesús. ¿Por qué? Porque en el relato del nacimiento de Jesús se muestra como la persona, la presencia, la misión de María han sido el anhelo del pueblo de Dios y han sido el anhelo del Dios de Israel. Podemos decir que en esta fiesta del nacimiento de la Virgen se encuentran esos dos anhelos el anhelo de salvación del pueblo de Dios y el anhelo de salvar que Dios tiene por su pueblo. Por eso, María, se abrazan estos dos anhelos y estos dos amores. En ella se encuentra todo lo que nosotros quisiéramos. Y en ella se encuentra también todo lo que Dios quiere darnos. Es el sentido de la primera lectura que escuchábamos, tomada de la profecía de Miqueas. Su origen es desde lo antiguo de tiempo inmemorial. Dios los entrega hasta el tiempo en que la madre dé a luz, y el resto de sus hermanos retornará los hijos de Israel. Estas palabras de Miqueas tenían que taladrar los corazones de los israelitas. Estamos entregados en manos de nuestros enemigos hasta que llegue el que ha de nacer. Y por eso la angustia, podríamos decir, el anhelo, el ansia de que llegara esa madre Para que llegara ese nacimiento. Para que ya no estuviéramos más entregados en manos de los enemigos. De esta manera, en la fiesta del nacimiento de la Virgen. ¿Qué gracia nos promete Dios a nosotros? Porque hay que saber que cada celebración litúrgica tiene como su gracia propia, tiene su regalo propio. Nosotros, los cristianos, en realidad tenemos una sola celebración, que es la Pascua, y todo lo que logramos lo celebramos en relación con la Pascua. Celebramos a los santos como realizaciones del Evangelio de la Pascua de Jesucristo. Celebramos los misterios del Señor por la misma razón. Celebramos el domingo por la misma razón. Celebramos los sacramentos como actualizaciones de la Pascua. Pues bien, aunque hay una sola celebración cristiana, que es la Pascua, y esa Pascua la celebramos en todo lo que celebramos. También es cierto que cada una de las fiestas y memorias de nuestra liturgia tiene como su gracia particular, de acuerdo con lo que hemos dicho, la gracia particular que trae esta fiesta del nacimiento de la Virgen María es el anhelo de la salvación de Dios. Y un corazón que tiene hambre de la salvación de Dios, es un corazón que pronto se verá saciado de la salvación de Dios. Recordemos que para alimentarse no solo se necesita que haya alimento, sino que haya también el apetito. Esta fiesta tiene esa gracia, tiene la gracia particular de acrecentar en nosotros el anhelo de la salvación. Las palabras de Miqueas, las palabras de Isaías, luego cumplidas en la vida y la misión de la Virgen Santísima, nos animan a tener hambre de Dios, anhelo de salvación y tal que nazca este Jesús, Qué tal que venga a nosotros. Podemos decir que la fiesta de hoy nos hace tener hambre de la salvación de Dios. Nos hace suplicar y aguardar esa gracia. Nos pone, en fin, en esa tónica de la que dice Jesús: Llamad y se os abrirá. Pedid y se os dará. Pues entonces feliz el que nos hace que pidamos. Feliz la fiesta que hace que llamemos, porque entonces se nos abrirá. Felices nosotros si recibimos la gracia de esta fiesta. Y entonces pedimos y llamamos, porque entonces se nos dará. Y entonces se nos abrirá. El nacimiento de la Virgen María nos recuerda el abrazo del anhelo de Dios por salvarnos y el anhelo de la humanidad por ser salvados. Y nos da el inmenso amor, nos da la inmensa dicha de tener hambre de Dios para que Dios pueda saciarnos.

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