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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Encontrar a Jesucristo es descubrir el amor que transforma y da plenitud al corazón. Quien encuentra al Amor de su alma vive desde la abundancia de la esperanza, la alegría y el amor.
Homilía smag021a, predicada en 20260722, con 6 min. y 5 seg. 
Transcripción:
El 22 de julio nuestra Iglesia Católica recuerda y celebra a Santa María Magdalena. Me atrevo a llamarla la mujer más calumniada de la historia de la humanidad, se ve detrás de estas calumnias el odio, podríamos decir, el deseo de venganza que tiene el demonio porque es que la obra que Dios hizo en María Magdalena fue simplemente maravillosa, inmensa, espectacular. Y podemos decir que estamos ante el ejemplo de una obra de Dios que arrancó de las fauces mismas del demonio a una presa que él consideraba ya segura.
Por eso, tantas calumnias contra María Magdalena, incluso el presidente de Colombia que está terminando su mandato, en alguna oportunidad se creyó autorizado para decir estupideces blasfemas contra nuestro Señor Jesucristo y su relación con María Magdalena. Eso demuestra lo que hemos dicho, es la mujer más calumniada de la historia.
Pero ¿qué fue lo que la salvó? Pues la salvó el amor de Cristo, la salvó el poder del amor de Cristo, la salvó la gracia de Cristo. Y ese amor y esa gracia y esa bendición llegaron a ella, y ella las recibió. Y por eso, una opción para la primera lectura en esta fiesta de Santa María Magdalena está tomada del Cantar de los Cantares, donde brilla particularmente esta frase: «Encontré al amor de mi alma». Esa frase describe perfectamente el camino de María Magdalena y esa frase describe perfectamente el camino que también nosotros hemos de seguir.
Porque, así como Cristo le encomendó a María Magdalena que fuera la primera en anunciar la resurrección, así también nuestro Señor Jesucristo quiere que, tras las huellas de María Magdalena, nosotros también, cada uno de nosotros pueda decir con gozo, refiriéndose a Jesucristo: Encontré al amor de mi alma. Sí, porque encontrar a Cristo es encontrar al amor, al amor que realmente transforma la vida, el amor del alma, ese es Jesucristo.
Y por supuesto, cuando menciono la palabra encuentro, de inmediato recuerdo a nuestro bien querido Papa Benedicto, porque el Papa Benedicto describía la fe cristiana básicamente como el fruto de un encuentro. Es la persona de Cristo la que llega a nuestra vida, es el encuentro entre su amor y nuestra necesidad, entre su miseria, entre su misericordia y nuestra miseria, es ese encuentro el que realmente nos transforma. Además, hay varias parábolas de nuestro Señor que describen la llegada del Evangelio como un encuentro.
Recuerdas aquella parábola de la perla preciosa ¿qué está indicando esa perla preciosa? Un encuentro. He encontrado algo supremamente valioso, algo que cambia mi manera de ver las cosas, algo que cambia la manera cómo leo mi pasado y la manera como proyecto mi futuro, he encontrado un tesoro en el campo. En el campo he encontrado un tesoro, esa es otra parábola de Cristo. Y ese campo algunos lo comparan con el mundo, otros con la Iglesia. He encontrado el tesoro, lo importante es el tesoro, el tesoro del Evangelio, el tesoro de Cristo, he encontrado el tesoro. Y ese tesoro cambia el valor de todas las otras cosas.
Piensa un ejemplo sencillísimo, ya que hablamos de tesoro, ¿cómo maneja su economía una persona que, por ejemplo, en este país tiene el salario mínimo? Pues ya te imaginarás cómo maneja cada centavo, porque sabe que en cualquier momento lo puede necesitar. Suponte que esa misma persona se gana el premio mayor de la lotería, empieza a manejar su economía de otra manera. Seguramente tendrá ocasión de darse unos cuantos gustos y creo que nadie le reprocharía porque así lo hiciera.
Entonces, lo mismo pasa con nosotros, cuando estamos tan escasos de amor, cuando estamos tan escasos de alegría, cuando estamos tan escasos de esperanza, manejamos nuestra vida así, desde la lógica de la escasez. Sonrío poco porque me queda poca alegría, amo poco para que no se me agote el poquitito amor que tengo. Pero cuando llega el encuentro, cuando nosotros podemos decir, como dijo María Magdalena: Encontré al amor de mi alma. Cuando llega ese momento, entonces las cosas cambian y entonces ya no tenemos que economizar y ser mezquinos y regatear nuestra alegría y nuestra esperanza y nuestra bondad, porque ahora cambiamos de la lógica de la escasez a la lógica de la abundancia que Cristo y solo Cristo podía darnos.
Que la alabanza sea para Él, y que el ejemplo luminoso de María Magdalena, por encima de las calumnias estúpidas y las blasfemias tontas, hasta de presidentes de la República, nos permita amar la obra de Dios y seguir las huellas de la que dijo sí, porque encontró el amor de su alma.

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