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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

No debemos dejarnos engañar por falsas ideas sobre María Magdalena. Mírala con verdad para aprender que una vida con sentido es aquella que pone a Cristo en el centro.

Homilía smag020a, predicada en 20250722, con 5 min. y 40 seg.

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Transcripción:

El 22 de julio, nuestra Iglesia Católica recuerda y celebra a Santa María Magdalena. Pensando en lo que vivió esta mujer, voy a soltar esta frase: Perseguida por el demonio aún después de su muerte. Efectivamente, la Escritura nos cuenta que María Magdalena estuvo bajo el poder de las tinieblas, se nos habla incluso de que estaba poseída por 7 demonios, es una condición extremadamente grave y triste. Pero fue liberada, fue liberada por el amor de Dios, fue liberada por el poder de Cristo. Y eso, indudablemente constituye una de las más grandes derrotas de Satanás. Por eso, ya muerta para esta tierra y viva para siempre en la gloria del cielo, María Magdalena, de algún modo sigue siendo perseguida por el demonio ¿de qué manera? En forma de calumnias. Las calumnias contra María Magdalena provienen, fundamentalmente, de la vida de pecado que tuvo y de su condición de mujer.

Y entonces, la manera de calumniar a María Magdalena y de paso insultar de una manera gravísima a Cristo, es pretender que había algún tipo de relación, llamémosla romántica, para ser respetuosos, entre la Magdalena y Jesucristo. Es decir, el demonio que no conoce la resignación en sus derrotas, porque no conoce la humildad, el demonio pretende presentar a María Magdalena como una especie de tentación en la que Cristo habría caído o algo así parecido. Es decir, ya que en vida de ella el demonio fue derrotado, ahora que ella ha muerto y está en la gloria del cielo, la sigue persiguiendo con esa calumnia, que se ha repetido generación tras generación en tantos sitios. A mí eso no me quita el sueño, en el sentido de que las victorias de Dios son perfectas y, sobre todo, para mí, eso es la confirmación de la gran santidad de esta mujer.

Y es notable que el Papa Francisco haya elevado el nivel litúrgico de celebración de María Magdalena, que antes era lo que se conoce como una memoria, y a partir del pontificado de Francisco, pues es una fiesta, es un nivel bastante alto de celebración litúrgica y está muy bien que sea así. Está muy bien porque es la manera de responder a tantos calumniadores, muchos de ellos movidos, en cierto sentido, por el demonio, que pretenden robarle la gloria a Dios y que pretenden que se oculte el triunfo del Señor, que fue indudablemente magnífico en esta bendita mujer.

Y ¿qué nos enseña ella? La que fue liberada, la que fue redimida, la que fue transformada por el amor de Dios, ¿qué nos enseña? Pues nos enseña, sobre todo, lo que significa una vida que gira en torno a Dios, una vida que ya no se comprende, que ya no quiere entenderse de otra manera, si no es con Dios. Y eso me parece fantástico, eso me parece una lección tremenda, una vida que no se entiende, que no quiere entenderse si no es en torno a Dios. Y esta es la razón por la que Magdalena, cuando sucede lo que sucede, es decir, la dolorosísima pasión de Cristo, ella está ahí cerca, está muy cerca de la Cruz y está cerca del sepulcro, y luego va a realizar con el cadáver de Cristo aquellas obras de piedad, que eran propias de la mentalidad judía, es decir, los aromas y la mirra y todo aquello con que se acompañaban los cadáveres.

Eso muestra que ella no podía entender su vida, no podía comprenderla si no era en torno a la persona de Cristo. Por supuesto, la gran sorpresa que es la que aparece en el Evangelio, la gran sorpresa que ella se lleva es que, pues Cristo no está muerto, no es un cadáver, sino que vive y, de hecho, ese Cristo la nombra a ella, la constituye a ella, como embajadora suya: «Ve y dile a mis hermanos». Ella es, así se la ha llamado la Apóstol de los Apóstoles.

Entonces, ¿cuáles son las dos lecciones que debemos tomar aquí? Primero, no debemos permitir ni ser engañados ni ser escandalizados por las estupideces que se dicen sobre María Magdalena, punto número uno. Y punto número dos, es importante que nosotros revisemos nuestro corazón y revisemos nuestra vida para ver si aprendemos de María Magdalena que la única vida que tiene sentido es la que tiene a Cristo en el centro. La única vida que tiene sentido es la vida que no se comprende a sí misma, sino con Cristo reinando, Cristo dirigiendo, Cristo enseñando, Cristo transformando. Lo vivió María Magdalena y somos llamados a vivirlo también nosotros. Amén.

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