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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
María Magdalena es a la vez expresión del amor transformante, gratuito y portentoso de Dios; pero también es testimonio de cómo se le responde al Señor, dando su tiempo y bienes, permaneciendo en la hora de la cruz y siendo proclamadores de la victoria del Amor.
Homilía smag017a, predicada en 20220722, con 5 min. y 34 seg. 
Transcripción:
El 22 de julio, nuestra Iglesia Católica recuerda y celebra a Santa María Magdalena. ¿Quién es esta mujer? De tantas cosas que podríamos decir, hoy quiero resumirlo en esta frase, es una de las expresiones más bellas, más puras, más potentes de la gracia divina. Y la gracia ¿que es? Pues, es el amor de Dios en acción, transformando nuestros corazones, recreándonos, volviéndonos a hacer. Esa es la gracia y realmente esta mujer fue reconstruida, fue recreada, fue rehecha por el amor de Dios, amor presente en Cristo. El amor de Dios en Cristo hizo que la vida de ella fuera distinta, fuera otra cosa, es más, la sacó de la profundidad de las tinieblas bajo el pésimo dominio y tiranía del demonio, al dulce reinado de Cristo, al luminoso reinado de Dios. Estas obras son una muestra de la ternura del Señor para con ella, pero son también un ejemplo y una esperanza para nosotros.
Por otra parte, hay varios aspectos de la vida de María Magdalena que son también ejemplo para nosotros. Podríamos decir no sólo lo que Dios hizo en ella, sino la manera como ella respondió al amor de Dios. Y esto lo podemos recordar de unos tres textos de la Escritura, sobre todo. Primero observemos que, según nos cuenta San Lucas, María Magdalena era una de esas mujeres que ayudaba con sus bienes a la misión de Cristo. Ella podía tener muchos problemas, pero según las indicaciones que tenemos, ella tenía una cierta solvencia, una cierta capacidad económica.
Hay gente que tiene la idea de que, en la Biblia, todas las mujeres eran dependientes económicamente y esto no es del todo cierto. Un ejemplo notable es el de Marta, la hermana de María y de Lázaro. Por cierto, no confundir a esta María, María de Betania, no confundirla con María Magdalena. Bueno, cuando se menciona a Marta, la de Betania, se la menciona como dueña de casa. Esto es interesante. nunca se menciona a Lázaro de primero, sino siempre a Marta de primero, de primera. Y luego, pues se nos cuenta en el Evangelio de Lucas, que varias mujeres apoyaban con sus bienes, sus bienes, los de ellas. Entonces, quitémonos esa idea de que en la Biblia todas las mujeres eran absolutamente dependientes y estaban subyugadas y todas esas tonterías, había de todo y había mujeres independientes y con solvencia económica, como María Magdalena.
Y María Magdalena, cuando acepta el Evangelio, se compromete con todo su ser, que significa también se compromete con su plata, con su dinero, lo cual es muy bueno recordarlo en la Iglesia Católica, porque ya les he escuchado a varios predicadores católicos y estoy de acuerdo con lo que ellos dicen, he escuchado esta frase: Mira, si la conversión no llega a tu bolsillo, no ha llegado, no es verdadera conversión. Que llegue el reinado de Cristo a tu vida maravilloso, pero que eso se note en todo, incluyendo tu capacidad de apoyar la misión de la Iglesia, incluyendo la capacidad de meterte la mano al bolsillo y hacer realidad el Evangelio en favor de los necesitados. Bueno, eso nos muestra la respuesta. La respuesta de María Magdalena frente al Evangelio.
Otro elemento, cuando a la hora de la Cruz los apóstoles huyeron, ya te das cuenta, la que está ahí es ella, es María Magdalena. Ella está al pie de la Cruz como testigo del extremo de amor, porque Cristo dijo: «No hay amor más grande que dar la vida por los amigos». Ella se convierte en testigo de amor en la cruz. Y luego tercer punto, se convierte en testigo de la victoria del amor en la Resurrección. De manera que María Magdalena es a la vez, una expresión del amor transformante, gratuito, portentoso de Dios, pero también es testimonio de cómo se le responde a Dios. Es sacando uno de su propio tiempo y de sus propios bienes, es permaneciendo en la hora de la Cruz y haciendo voceros, proclamadores de la victoria del amor. Amén.

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