|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Por intercesión de María Magdalena pidamos que la gracia divina nos sane y restaure del daño causado por el demonio y el pecado.
Homilía smag012a, predicada en 20170722, con 5 min. y 41 seg. 
Transcripción:
El 22 de julio nuestra Iglesia Católica celebra a Santa María Magdalena. María Magdalena, podemos decir que, es un ejemplo vivo del poder transformante de la gracia. Quisiera que hoy recordáramos un detalle de enorme belleza e importancia. Junto a la Cruz de Jesús estaba María, la Virgen, y junto a la Cruz de Jesús estaba María Magdalena. Muchos pintores han representado a estas dos mujeres, que los Evangelios nos dicen que estaban cerca de la Cruz, y las han representado muy cerca, en un abrazo de consuelo, de cariño, en medio de la aflicción, de soporte en tan terrible duelo. Me conmueve mucho ese abrazo entre estas dos Marías, María, la Virgen Purísima y María Magdalena.
Y me conmueve mucho porque si lo pensamos bien, en ellas, por caminos completamente diferentes brilla el poder de la gracia. María, la Virgen Santísima fue saludada por el ángel Gabriel, con toda razón, como la llena de gracia. María Magdalena, por el contrario, llevó una vida perdida, oscura, los Evangelios nos dicen, una vida que estuvo completamente en el poder de las tinieblas. Pero, a eso es a lo que me refiero, también ahí brilla la gracia de Dios. Podemos decir que en María Santísima brilla la gracia que sostiene y que defiende. En María Magdalena brilla la gracia que sana y que reconstruye. Y por eso, al ver a estas dos mujeres, que el amor de Dios hizo santas por caminos tan distintos, mujeres que, junto a la Cruz, se abrazan y se dan un poco de consuelo una a la otra, al ver a estas dos mujeres, estamos contemplando, de algún modo, los dos rostros de la gracia.
Gracia de Dios, que, repito, en el caso de María Magdalena, indica su poder de sanar, sanar el daño que nos hizo el demonio, sanar el daño que nos hizo el pecado, sanar el daño que nos hizo nuestra incoherencia, nuestro miedo. Sanar el daño que nos hizo ser discípulos del mundo y de la carne. Todo eso nos dejó, toda esa vida nos dejó heridas espantosas que tienen que ser sanadas. Y no sólo hay que sanar heridas, hay que reconstruir el corazón, hay que reconstruir la mente. Y todo eso, exactamente eso, es lo que aparece en María Magdalena. Una vida reconstruida, una vida levantada, una vida sanada. Entonces, la gracia en versión reconstrucción, es lo que aparece en María Magdalena. Y ese Dios que nos restaura, que nos reconstruye, que nos sana, luego quiere obrar en nosotros como obró en la otra María, María Santísima, la Virgen Pura, la Madre de Cristo.
Una vez sanados y restaurados, la gracia divina quiere conservarnos y quiere guiarnos, y quiere edificarnos, y quiere plenificarnos, hasta llevarnos a nuestra plenitud. Por eso la Iglesia, al contemplar la Cruz, y al ver a estas dos mujeres y al ver estos dos caminos de la gracia, tiene que verse también a sí misma. Iglesia que en cuanto está constituida por pecadores, debe humildemente tomar el camino de penitencia, de humildad, de conversión de María Magdalena. Pero en cuanto está habitada por el Espíritu, que es como su alma viva, la Iglesia ha de imitar con gratitud y de nuevo con humildad, a María Santísima. Una sola gracia y obras, sin embargo, tan distintas, tan bellas, tan perfectas, que de ambas podamos aprender. Y que hay la poderosa intercesión de María Magdalena, levante nuestros corazones a la confianza en la restauración que Dios quiere hacer en nosotros.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|