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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Pidamos a Dios en la fiesta de María Magdalena, quien llevó el primer anuncio de la resurrección del Señor, que incremente la certeza y la confianza del poder transformante de su amor.
Homilía smag010a, predicada en 20160722, con 6 min. y 51 seg. 
Transcripción:
El 22 de julio nuestra Iglesia Católica recuerda a Santa María Magdalena. En esta ocasión, en este año 22 de julio de 2016, tenemos un motivo adicional de gozo los católicos, el Papa Francisco ha querido que esta celebración litúrgica, la de María Magdalena, tenga mayor realce, mayor visibilidad, esté más presente y más cercana al corazón de todos los creyentes. En liturgia, las celebraciones tienen distintos grados, esto es perfectamente natural. No es igual, por ejemplo, celebrar la solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo que recordar a algún santo, que es muy conocido en mi país, pero casi no en otros sitios. Esos grados no están indicando ningún tipo de desprecio, sino más bien están marcando una dirección.
El grado supremo que se llama la solemnidad de solemnidades es la Pascua, ese es el grado supremo, no tenemos nada más bello, no tenemos nada mayor. Después de la solemnidad de solemnidades, hay una serie de celebraciones litúrgicas muy importantes que se llaman solamente solemnidades. Por ejemplo, la solemnidad de la presencia de Cristo en la Eucaristía, como ya la mencioné, o sobre todo, la solemnidad del nacimiento de Jesucristo, la solemnidad de Pentecostés, esas son solemnidades. Las solemnidades tienen un gran relieve, tanto que como fiestas litúrgicas, como celebraciones litúrgicas tienen lo que se llama vísperas. De modo que, desde el día anterior, todo el pueblo cristiano ha de prepararse para que el día mismo de la solemnidad tenga todo el realce, toda la belleza y la importancia que merece.
Los días domingos tienen el rango precisamente de solemnidades. Por eso el domingo, para nosotros los cristianos, empieza en las últimas horas del sábado y en las últimas horas del sábado, cuando se hace la oración de la liturgia de las Horas, se toman siempre lo que se llama las primeras vísperas del domingo. Se les llama primeras vísperas, porque luego, en el domingo mismo, habrá unas segundas vísperas. O sea que los domingos y las solemnidades son celebraciones de muy alto rango. Celebraciones que solo son superadas por la Pascua, la Pascua está fuera de concurso. Está por encima de todo.
Después de las solemnidades, hay otra gran cantidad de celebraciones que conocemos como fiestas. Típicamente son fiestas las que tienen que ver con muchos apóstoles. Así, por ejemplo, tenemos la fiesta de los Apóstoles Judas y Santiago, Felipe y Santiago, perdón. O tenemos la fiesta de los apóstoles, Simón y Judas, o la fiesta de San Matías Apóstol, esas son fiestas. Cuando hablamos de fiesta no hay primeras vísperas, pero sí hay un realce muy grande. Y además, hay muchos textos que son propios, tanto en las oraciones de la mañana que se llaman Laudes, como en las oraciones de la tarde, que se llaman Vísperas, esas son las fiestas.
Debajo de las fiestas hay otro rango de celebraciones que son conocidas como Memorias. Las memorias son celebraciones litúrgicas en las cuales, como su nombre lo indica, se hace el recuerdo usualmente de un santo o de una santa, que es un testimonio del Evangelio vivido, y en ese sentido, pues es una luz muy grande para el pueblo cristiano. Pero, aparte de algunas oraciones y quizás algunos textos propios, las memorias no ocupan directamente nuestra atención, sino que son una alusión, son un recuerdo de algo que el Espíritu Santo regaló a lo largo de la historia de la Iglesia, esas son las memorias.
Debajo de las memorias que son obligatorias hay otra gran cantidad de memorias que se conocen como memorias opcionales o memorias libres. Esas son celebraciones que tienen un rango realmente muy pequeño en el sentido de que, como su nombre lo indica, son una opción, quizás por devoción personal o quizás por las características de una determinada asamblea, algún sacerdote diga: Yo quiero celebrar esta memoria que es opcional. Por último, debajo de todas esas celebraciones específicas que de abajo hacia arriba son memorias libres, memorias obligatorias, fiestas, solemnidades y en el pináculo, la Pascua. En la base de todo eso, están las celebraciones cotidianas, las más sencillas, que son conocidas como ferias.
Todo esto es para decir que el Papa Francisco ha querido que la celebración litúrgica de Santa María Magdalena ya no sea una memoria, era memoria obligatoria, sino que suba en su rango, que sea una fiesta. Este es el año en que celebramos por primera vez la fiesta de Santa María Magdalena, y el Papa ha dado la razón, él quiere que recordemos que la primera persona que llevó el anuncio de la resurrección, aquella mujer que fue llamada ya desde antiguo: la Apóstol de los Apóstoles, es decir, la que llevó en primer lugar la noticia, tenga una celebración litúrgica, diríamos, acorde con esa magnífica misión que le dio Cristo. En el año de la Misericordia, el Papa Francisco ha querido que esta celebración adquiera, y para lo sucesivo, el rango de fiesta. Nos alegramos pues, bendecimos a Dios, oramos por el Papa y esperamos que esta nueva festividad litúrgica incremente en nosotros la certeza y la confianza del poder transformante del amor de Dios.

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