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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
En la fiesta de María Magdalena pidamos su intercesión para que Cristo sea nuestro centro y así ser verdaderamente católicos llenos de fuerza, amor y pasión de cielo.
Homilía smag009a, predicada en 20150722, con 4 min. y 7 seg. 
Transcripción:
El 22 de julio nuestra Iglesia Católica celebra a Santa María Magdalena. No tiene nada de extraño que la relación entre nuestro Señor Jesucristo y Santa María Magdalena haya sido tan atacada a lo largo de los siglos. Debemos recordar también hoy que uno de los grandes triunfos del amor de Dios, una de las máximas manifestaciones de la gracia, es precisamente la vida de esta mujer, lo que Cristo hizo en ella.
Y no tiene entonces, nada de extraño que, como una especie de venganza, el demonio, el mismo demonio que le alcanzó a hacer tanto daño a María Magdalena, pretenda ensuciar el recuerdo de esta santa mujer y pretenda, incluso salpicar la perfecta pureza de nuestro Señor Jesucristo. Me atrevo a decir, es el intento desesperado de Satanás por vengarse, porque esa presa que consideraba ya completamente suya, es decir, esta mujer María de Magdala, María Magdalena, esa presa se le escapó y se le escapó, porque uno más fuerte, uno lleno de la fuerza de Dios, uno que es Dios verdadero y hombre verdadero, Jesucristo, le quitó esa presa de sus garras y de sus dientes.
Por eso todo católico debe estar advertido. A lo largo de los siglos ya muchas veces han aparecido todo tipo de calumnias contra ella e incluso, repito, contra Cristo. No nos debe extrañar esto, no nos debe escandalizar. Cada vez que escuchemos otra porquería escrita contra Cristo, o contra María Magdalena, cada vez que salga otra película, como ya han salido varias, entre ellas el código de Da Vinci blasfemando, atacando y sirviendo a los intereses de satanás, cada vez que una cosa de esas suceda, el católico debe permanecer sereno y debe entender ese es el revolcarse del demonio en su propia ira, ese es el intento desesperado del enemigo por confundir nuestra fe cristiana y por vengarse, repito, de esa inmensa victoria que tuvo nuestro Señor Jesucristo.
De verdad fue tanto lo que Cristo hizo en la vida de ella, que toda la existencia, todo su ser femenino, todo su ser de creyente, todo su ser de mujer del pueblo de la Alianza, todo en ella fue transformado, y todo en ella encontró únicamente centro y lugar en la persona de Cristo. Eso explica el hermoso pasaje del Evangelio de hoy. Cómo ella sabe que no puede vivir sin Cristo, cómo ella sabe que no puede apartarse de Cristo y aún cuando ha muerto el Señor, ella busca, busca con verdadera necesidad a Aquél en quien toda su existencia ha logrado un significado, a Aquél que ha cambiado todo en su vida.
Ese es el amor que nosotros necesitamos, ese es el amor que se necesita para ser cristiano. Esa divina ansia que el Espíritu de Dios, que el Espíritu Santo puso en el corazón de María Magdalena. Eso es lo que necesitamos nosotros para ser verdaderamente católicos. Eso es lo que necesitamos para ser verdaderamente de Cristo. Necesitamos esa fuerza, necesitamos ese amor, necesitamos esa pasión, pasión de cielo. Eso es lo que ella tenía, y eso es lo que ella, intercediendo por nosotros, puede lograr para que se renueve nuestra vida espiritual, nuestra vida cristiana.

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