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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Sublime testimonio de cómo la misericordia es grande cuando transforma, y el poder es grande cuando se reviste de piedad.
Homilía smag008a, predicada en 20140722, con 8 min. y 27 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos, nuestra Iglesia recuerda en este día a Santa María Magdalena. Una mujer que la Biblia describe de un modo sencillo pero muy dramático: «Esta es de la que Jesús sacó 7 demonios». Podemos decir que una persona que se encuentra en lo más profundo del pecado, de la ignorancia, de la confusión, del odio, de la amargura, porque ciertamente el demonio cuando entra en una vida, no se queda quieto, lo mismo que un virus, lo mismo que una rata, lo mismo que un ladrón. El ladrón no entra a la casa a ver lo que hay en la casa, sino a destruir, a quitar. El virus no entra al cuerpo a ver lo que hay en el cuerpo, sino a adueñarse y a dañar. Y lo mismo las plagas, como las ratas llegan a comer, a destruir, a ensuciar. Y los frutos de las tinieblas son frutos de amargura, frutos de odio, frutos de destrucción.
O sea que cuando se habla de una condición tan triste, cuando se habla de 7 demonios, se está hablando de una persona completamente destruida, una persona completamente triturada por las fuerzas del mal. Y aparece la figura de Jesús, aparece Jesús en esta vida y Jesús va sacando todo ese mal, va quitando todo aquello que destruía, va restaurando a la persona. La historia de María Magdalena es una de las más impresionantes del Evangelio, porque es la historia de cómo el amor reconstruye, de cómo el poder de Dios nunca es más grande que cuando levanta una persona y cuando le concede una vida nueva.
Es muy interesante porque en nuestro mundo se suele asociar el poder con la capacidad de imponerse, con la capacidad de aplastar, de derribar, de destruir. Ahora, por ejemplo, nos damos cuenta en este conflicto entre Israel y Palestina, realmente la discusión es quién puede golpear más duro, quién puede pegar más fuerte, quién destruye más. En el otro conflicto entre el gobierno sirio y los llamados rebeldes, la misma situación ¿quién puede destruir más? A ver, yo ya acabé 300 edificios. Pues yo destruyo 400, esos son los poderes de este mundo, quién destruye más. Y un nuevo conflicto se está asomando en el horizonte, lo sabemos muy bien, en el este de Ucrania. Yo ya derribé un avión ¿quién lo derribó? Hay una cantidad de discusiones, nosotros no lo sabemos, pero claramente es una demostración de poder, soy capaz de hacerlo.
Qué distinto es el poder de Dios, como aparece precisamente, en nuestro Señor Jesucristo. Qué distinto este poder, que no es el poder de yo aplasto más, yo trituro más, yo soy capaz de, de dar más duro, de golpear más fuerte. Es el poder de yo soy capaz de restaurar, Jesús muestra el tamaño de su poder tomando este andrajo humano, esta persona que probablemente no tenía ni siquiera esperanza, toma a esa persona y la levanta, la vuelve persona, le restaura su dignidad de mujer, le revela que es hija de Dios, le muestra cuán valiosa es delante del Altísimo. Y no solo eso, le confiere una misión. No se nos debe olvidar que la primera persona que dio la noticia de la resurrección fue la santa de hoy, María Magdalena. Ese fue el pequeño encargo que le dio Jesús, por eso algunos la llaman la Apóstol de los Apóstoles.
Por supuesto, como era presa del demonio y Cristo la sacó de esas fauces asquerosas, como era presa del demonio, a lo largo de los siglos el demonio ha tratado de desquitarse contra Cristo. Por eso, hay tantas calumnias sobre María Magdalena. Por eso hay tantas historias ridículas, incoherentes sobre María Magdalena. Cada vez que ustedes oigan tonterías de María Magdalena, por ejemplo, de alguna relación entre ella y Cristo, ustedes acuérdense de esta predicación. Es el demonio intentando vengarse, es el demonio intentando echarle lodo a una de las victorias más grandes del amor de Dios. Todas esas historias, cuando uno las analiza, ve que no cuadran por ninguna parte, ve que no tienen lógica ni con el mundo en el que estaban, ni con el testimonio de los escritos, ni con la fe que la gente tenía en Cristo. Entonces, ¿qué son esas historias sobre María Magdalena? Es el intento vano del demonio por hacerle cosquillas a nuestra curiosidad para ver si compramos libros o vemos películas de algún enemigo de la fe cristiana.
Uno de los casos más notables. El caso de Dan Brown con su obra El Código de Da Vinci, cuántos millones de dólares escupiendo sobre el nombre de Cristo, cuántos millones de dólares enfangando la fe y confundiendo a la gente. Por eso un cristiano católico tiene que saber que hay cosas que no se pueden comprar y que hay películas que uno no debe ver, no solo porque le hagan daño espiritual, sino porque yo no le voy a dar fuerzas a los enemigos de la fe. Y por supuesto, detrás de ese señor que se hace millonario, blasfemando y destruyendo la fe, detrás de ese señor ¿quién está? Está el de las tinieblas, está el enemigo malo queriendo destruir una de las obras más bellas de Cristo.
Pero la enseñanza más hermosa de este día ¿cuál es? La esperanza, la esperanza. Saber que Cristo puede entrar hasta las oquedades más profundas de nuestro ser, hasta las cavernas aparentemente más sucias del corazón humano, hasta los lugares donde nosotros mismos tenemos temor de entrar de nuestro pasado, hasta ahí quiere entrar Cristo. Y Cristo quiere que todo sea luz en nosotros, como sucedió en el caso de María Magdalena. En la Edad Media hubo una enorme devoción hacia María Magdalena, nuestra orden dominicana le tiene un afecto muy grande porque según antiguas tradiciones, esta mujer murió en Francia y los últimos años de su vida fueron años de la más exquisita y la más profunda y la más elevada contemplación, que viene a completar como el arco de la victoria de Cristo, de estar en las profundidades de las tinieblas a estar verdaderamente en la casa de la luz.
Hay un santuario, hay un santuario en Francia que recuerda, precisamente, los últimos años y la muerte de María Magdalena. Muy hermoso en ese lugar o aquí donde estamos, recordar que Dios tiene una victoria completa, que Dios trae una esperanza firme, que lo de Él es la luz y que nadie, nadie demuestra tanto su poder como Dios lo demuestra reconstruyendo, ese es el verdadero poder. El verdadero poder de Dios es reconstruir, es levantar y es llevar al ser humano hasta su verdadera plenitud. Continuemos nuestra celebración sabiendo que el Cristo que recibimos aquí de este altar, es el mismo Cristo que hizo semejantes maravillas.

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