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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
No es extraño que el demonio busque venganza ante el triunfo de Dios en María Magdalena.
Homilía smag007a, predicada en 20140722, con 5 min. y 10 seg. 
Transcripción:
El 22 de julio celebra nuestra Iglesia Católica a Santa María Magdalena. Se ve que el nombre María era bastante común en aquella época, no solo es el nombre de la madre de Jesús, sino que hay varias otras Marías. Se habla de una María de Cleofás, por ejemplo, y tenemos también esta María, la de Magdala. Eso es lo que significa Magdalena, María Magdalena. María Magdalena ha sido en la historia de la Iglesia uno de los personajes más queridos, porque en ella se expresa con tanto poder y con tanta elocuencia lo que puede el Evangelio de Jesús.
Así, por ejemplo, en nuestra Orden Dominicana creció muchísimo la devoción hacia María Magdalena, mirando en ella la expresión viva de lo que logra la gracia de Dios. Recordemos que a Santo Domingo de Guzmán se le llamó el predicador de la gracia y resulta que eso es lo que brilla particularmente en María Magdalena, la gracia de Dios. Ella es la imagen de una vida completamente perdida, una vida en ruinas, es la imagen de un corazón corrompido, desgastado, destrozado, falto de esperanza, es decir, lo que uno comúnmente llamaría un caso perdido.
Y es tan hermoso ver que eso que ante nuestros ojos sería un caso perdido, no está perdido para Jesús. El poder de la Palabra de Cristo, el poder de la oración de Cristo, el poder del amor de Cristo, trae libertad para esta persona. Y no solo eso, liberada de los demonios, liberada de las ataduras del pecado, liberada de su vida pasada, esta mujer se convierte, junto con otras, entre las primeras discípulas del Señor. Y le concedió Cristo, digo mejor, le concedió Dios en su providencia, que fuera ella, precisamente ella, el primer testigo de la resurrección. Una mujer, una mujer de esas condiciones, redimida, elevada en su dignidad, muy amada por Dios, es la primera que da el anuncio de la resurrección.
Yo creo que este mensaje, con toda su pureza y con toda su belleza, tenemos que seguir admirándolo, agradeciéndolo, y tenemos que seguir imitando el ejemplo de ella, acercándonos a Cristo, primero para que nos limpie y después para que nos reciba como discípulos suyos. Es tan importante tomar esta historia de María Magdalena como la ofrecen los Evangelios, sin dejarnos confundir por las muchas historias falsas, por las muchas historias fruto de la envidia del demonio que pululan en torno a esta mujer. Desde hace unos años estoy bastante convencido que, como María Magdalena es una de las expresiones más hermosas del triunfo de Jesucristo, una especie de venganza del demonio es tratar de ensuciar esa obra de amor, ensuciar esa obra de pureza, ensuciar esa obra de la gracia.
Y por eso hay tanta literatura cochina, tanta literatura asquerosa, porque no merece otro apelativo, que intenta relacionar de mala manera a Jesús con María Magdalena, o intenta presentarla a ella como si fuera expresión de una especie de feminismo del siglo I, del siglo II. Esas tonterías, esas tonterías no vienen del Señor. Esas calumnias no vienen del Espíritu de Dios, vienen del espíritu de las tinieblas que intenta, a través de esa literatura, enlodar, ya que no puede enlodar la obra que Dios hizo en la Magdalena, intenta enlodar, ensuciar su recuerdo simplemente para que nosotros no nos acerquemos como en realidad debemos hacerlo, llenos de confianza, llenos de alegría, llenos de esperanza a Jesús, para que también Él nos limpie.
Amigos, no podemos caer en esa trampa. No podemos dejarnos llevar por esas calumnias, dejando aparte, sin ni siquiera pagar un centavo por ese tipo de obras asquerosas. Volvámonos a los Evangelios, admiremos el poder de Dios y digámosle a Jesucristo: Límpiame, sáname. He pecado contra ti. Pidamos sanación, pidamos ser limpios por su Palabra y, sobre todo, pidámosle que nos admita como discípulos suyos, para también dar testimonio de su inmensa gracia.

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