Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Todo lo que en nosotros estuvo al servicio del pecado ahora debe quedar al servicio de Dios.

Homilía smag006a, predicada en 20130722, con 4 min. y 31 seg.

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Transcripción:

El 22 de julio nuestra Iglesia Católica recuerda a Santa María Magdalena. Hay muchísima mitología desde los primeros siglos sobre esta mujer. Yo estoy convencido de que tantas calumnias sobre ella y sobre la relación de bendición que Cristo tuvo con María Magdalena, tantas calumnias digo, son en realidad una estrategia del demonio que quiere ensuciar lo que Dios ya limpió una vez y para siempre. El corazón de esta mujer en un momento dado estuvo terriblemente sucio, los Evangelios describen la condición de ella con estas palabras: Estuvo poseída por 7 demonios. Cuando hablamos del número 7, hablamos de plenitud, hablamos de algo que está completo. Así que María Magdalena es el caso de aquella persona que estuvo, en un momento dado, completamente en garras, en las garras del enemigo, completamente perdida. Y por eso, como Cristo rescató esta historia, como Cristo bendijo, transformó y santificó esta mujer, parte de la venganza del demonio es tratar a base de calumnias que inspira a distintas personas, tratar de ensuciar esa historia, que no es otra cosa sino una historia de luz y de pureza y de amor.

Pero yo no quiero referirme en esta ocasión a ese hecho, aunque hay que tenerlo presente. Quiero referirme a un pasaje del Evangelio en el que se nos recuerda que María Magdalena era una de aquellas personas que con sus bienes servía al Evangelio, servía a la evangelización, servía a Cristo mismo. Y yo relaciono ese texto que está en el capítulo octavo de San Lucas, lo relaciono con una recomendación muy hermosa que hace el apóstol San Pablo. Él dice que cuando nosotros vivimos en el pecado, es como si nuestras cosas, nuestros talentos, nuestro cuerpo mismo sirviera como esclavo al pecado, se convierte como en una herramienta de pecar, una herramienta para pecar. Y lo vemos, lo vemos así. Vemos que un criminal, por ejemplo, puede tener una inteligencia muy grande, pero que mal utilizada, y podemos ver personas que tienen un cuerpo hermosísimo, pero ese cuerpo lo utilizan para seducir o para llevar a otros al pecado. Cuando vivimos mal, cuando vivimos en las tinieblas, lo que tenemos es herramienta para las tinieblas.

Pero cuando llegamos a la luz, lo que tenemos, nuestros bienes, los dones que Dios nos ha dado, nuestro cuerpo mismo, se convierten en herramientas para la luz, se convierten en armas para la luz. Y yo creo que una de las vidas en las que se detecta de un modo más claro esta transformación es, precisamente, María Magdalena. Es una gran cosa, es algo muy bello que Cristo haya rescatado esta historia, que Cristo haya salvado a esta persona, eso es algo maravilloso. Pero hay todavía un toque adicional de ternura, no es solo que la ha rescatado, sino que recibe los bienes. Es decir, le permite resarcir, le permite de alguna manera recomponer esa línea que iba tan torcida, esa historia que iba tan mal.

Y yo creo que los que tenemos experiencia, dolorosa experiencia de lo que significa el pecado, entendemos también cuánta gratitud tuvo que tener esta mujer, porque Dios le dio oportunidad de que aquello que en algún momento había sido instrumento para el mal, ahora fuera instrumento para el Rey de reyes, instrumento para la evangelización, instrumento de gracia. Y eso que Dios hizo en ella, lo quiere realizar en cada uno de nosotros. Bendita la memoria de María la de Magdala, de María Magdalena, pero, sobre todo, bendita la gracia que tales transformaciones hace posibles.

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