Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Desde tempranas épocas del cristianismo la figura de María Magdalena ha sido controvertida; una razón debe ser el tamaño de testimonio que su cambio de vida es.

Homilía smag005a, predicada en 20110722, con 5 min. y 5 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, los Evangelios nos presentan la figura de María Magdalena, una mujer en la cual se había cebado el poder del mal. Nos dice la Escritura que estaba poseída de 7 demonios, el número 7 en la Biblia suele hacer referencia a algo que ha alcanzado su límite o su plenitud, de modo que, al hablar de 7 demonios, es como si se dijera un caso completamente perdido, una vida completamente perdida, donde no hay esperanza, donde lo único que queda es lamentar y tomar distancia. Y resulta que la palabra de Jesús, la santidad de Jesús, la oración de Jesús, traen libertad a ese corazón que estaba encadenado de tantas maneras, el poder de Jesucristo le trae libertad a ella.

Y a mí se me ocurre, esto es puro pensamiento mío, que el demonio tiene tanta rabia de que se le haya ido esa presa, porque la tenía presa, tiene tanta ira de haber perdido esa presa, que a lo largo de los siglos, ha tratado de ensuciar el recuerdo de María Magdalena. A lo largo de los siglos ha tratado de arrojar barro sobre esa obra purísima de la misericordia de Dios. Y por eso, ya desde los primeros siglos, todo tipo de calumnias torpes surgieron con respecto a la obra de Dios en María Magdalena e incluso sobre la relación entre nuestro Santísimo Señor Jesucristo y esta mujer.

Y por eso, mi primera recomendación en este día es la siguiente, si ustedes vuelven a oír esas tonterías, esas palabras sucias que, por ejemplo, sugiere esa obra que hizo tanto daño y se vendió tanto, el código de Da Vinci, si ustedes oyen calumnias torpes sobre Jesús, sobre Magdalena, acuérdense de lo que les estoy diciendo, son los rabiosos coletazos del demonio que se retuerce de ira porque se le escapó una de sus presas más agarradas, una de las que él podía considerar más seguras. Y en el fondo, ese es el mensaje de esta fiesta. Nos alegramos con María Magdalena, nos alegramos con el triunfo de la gracia y proclamamos a Jesús más poderoso que toda la envidia del infierno, que toda la arrogancia de Satanás, que todas las pretensiones del poder de las tinieblas. Nos alegramos en el poder del amor de Dios, nos alegramos en el poder de su misericordia, y le bendecimos, porque eso, eso que Cristo hizo en la Magdalena, eso también nos da esperanza a nosotros.

Nosotros que hemos sido pecadores, nosotros que tenemos, seguramente, tanto de qué avergonzarnos, pues tenemos aquí mucho para esperar en Dios, como se dice en la hermosa devoción del Señor de la Misericordia: Jesús, en ti confío. Viendo lo que Dios hizo en la historia de María Magdalena, uno puede repetir: Jesús, en ti confío. Y cuando venga cualquier tontería, cualquier torpeza, a ensuciar la memoria de esta mujer a la que Dios limpió con su Espíritu y su Palabra, ya sabemos lo que hay que pensar y, si es posible, decirlo también. Es el intento ruin de venganza del enemigo, porque se ve que es una de las obras más grandes del amor de Dios, lo que tenemos ante nuestros ojos en la historia de María de Magdala, de María Magdalena. Sigamos esta celebración seguros de la misericordia divina, felices de encomendarnos a Él y dispuestos a ser también purificados por su Palabra y por su Espíritu. Amén.

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