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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
En la vida de Santa María Magdalena brilla y se conoce el poder del amor de Dios.
Homilía smag003a, predicada en 20090722, con 7 min. y 21 seg. 
Transcripción:
En algunos países del mundo la situación social es tan crítica, que el robo es muy frecuente. Hay muchos lugares donde la inseguridad es bastante fuerte, pasa siempre donde hay pobreza, donde hay poco empleo y donde hay mucha gente con mucha necesidad. Alguien me contaba, por ejemplo, que hay sectores enteros en Río de Janeiro o en Caracas, y también en mi país, en Bogotá, donde simplemente es un riesgo caminar de día o de noche, porque el robo sucede constantemente. Cuando una persona ha crecido en ese ambiente, donde robar es casi una forma de vivir, pues lo que se imagina es lo que dice el refrán: El ladrón juzga por su condición.
Si una persona de esas que, lamentablemente, ha vivido en esa situación llegue aquí, donde vosotros y ve que compartís unos los mismos espacios, por ejemplo, ahí veo que dejáis vuestros útiles y pues nadie parece estar, ninguno de vosotros parece estar muy preocupado de que lo vayan a robar, pues no lo esperamos. Pero si una persona de estas, si una persona que ha vivido con esa lógica en la cabeza, llega aquí, pues seguramente lo que va a pensar es, entre estos que están aquí sentados debe haber algunos ladrones. O sea, ¿cuáles son los ladrones aquí? Hay gente que trae esa mentalidad, como ese ha sido su mundo, entonces, cuando llegan aquí lo que piensan es: alguno de estos tiene que ser un ladrón, porque eso es lo que ha visto, eso es lo que ha vivido todo el tiempo. No se puede imaginar, o sea, le parecería extraño que un grupo de personas compartan un mes en unos mismos espacios y nadie robe a nadie, ¿como así? Eso no puede suceder. Es lo mismo que sucede en muchas cárceles. La ley en muchas cárceles es que, es a robar a cualquiera que llega. Entonces, si la familia te trajo, qué sé yo, una cobija especialmente buena o calientita, pues hay que robársela, porque esa es la ley que impera ahí.
¿A qué viene esta historia? Pues viene a que cuando uno tiene los ojos sucios, uno todo lo ve sucio. La persona que está acostumbrada a robar solo piensa en eso y cree que ese es el único modo de vivir. Y con esos ojos sucios el mundo ha visto a María Magdalena y con esos ojos sucios el mundo ha visto a Jesús. Entonces, con esos ojos sucios, la gente dice: Ah, pues Jesús, un hombre, María Magdalena, una mujer, algo tenían que tener. Por eso, porque no imaginan otra cosa, porque no imaginan que un hombre pueda hacerle un bien a una mujer, si no está pretendiendo en algún momento sacar algo de ella, pues acostarse con ella o lo que sea. No pueden imaginarlo. Entonces esta santa que estamos celebrando hoy, yo diría que es una de las santas más calumniadas de toda la historia más calumniadas, especialmente en tiempos recientes.
Esta obra que se llama El Código de Da Vinci, por ejemplo, hizo millones y millones de dólares o de euros, como lo quieras poner, calumniando a María Magdalena, diciendo tonterías. Bueno, pero alguien me podrá decir: ¿Tú cómo sabes que son tonterías? Pues muy sencillo, porque existe una cosa que se llama historia y la historia tiene sus recursos para investigar las cosas. Entonces, tú puedes investigar cómo era una persona y tú puedes decir, sobre la base de tu investigación: Esta persona era así o no era así. Por ejemplo, nosotros sabemos que el emperador Nerón tenía tendencias bisexuales, él tenía un problema sexual complicadísimo. Eso consta en la historia, eso consta en los documentos y eso se puede decir. Pero, por ejemplo, no hay ninguna evidencia que Julio César tuviera esa clase de tendencia. Aquí no se trata de si eso es bueno o es malo, lo que estoy diciendo es, no hay ninguna evidencia.
Pues bien, si se miran los documentos, no hay ninguna evidencia seria de lo que proponen cosas como el Código de Da Vinci. No hay ninguna evidencia seria de que María Magdalena fuera esa clase de mujer que se nos quiere presentar ahora. Yo creo que, desde ese punto de vista, uno dice a quién le interesa calumniar tanto a esta pobre mujer, digo pobre, pues por lo que fue su vida, porque evidentemente sufrió demasiado. ¿A quién le interesa tanto calumniar tanto a esta mujer? Y mi respuesta y mi respuesta es, pues a alguien que está interesado en que nosotros no conozcamos el poder del amor de Dios. Porque si hay algo que brilla en la vida de María Magdalena es el poder del amor de Dios, el poder del amor para limpiar un corazón, el poder del amor para liberar un corazón, el poder del amor para darle paz a un corazón.
Porque todo eso era lo que vivía y lo que sufría esta mujer. Esta mujer, poseída por el demonio, pecadora pública, pues su vida era eso. Ella era un juguete de pasiones, ella era un juguete del pecado. Y se encuentra con Jesús y la palabra de Jesús la limpia. Hay un versículo muy bello en el Evangelio de San Juan, en el capítulo 15, donde Jesús dice: «Vosotros estáis limpios por la Palabra que habéis escuchado». La palabra de Jesús lo lava a uno por dentro, lo limpia, lo limpia a uno, y eso fue lo que sucedió con María Magdalena. Entonces, hay alguien, entre comillas, ponle el nombre que quieras, hay alguien que está interesado en que nosotros no conozcamos esa calidad de amor. Hay alguien que está interesado en que no sepamos que Jesús es suficientemente poderoso para hacerle esas maravillas a la vida humana.
Pues sigamos esta celebración, ya nosotros no nos vamos a dejar engañar. Ya entendemos que el que tiene ojos sucios siempre dirá: Pues espérate unos años y verás que nos dirán que María Magdalena era ladrona o que era secuestradora, o que era terrorista, según la mirada sucia, puerca que tenga cada uno. Pero lo que muestra la historia es algo muy diferente, lo que muestra el Evangelio y lo que consta en los documentos desde el siglo I es muy diferente y, por supuesto, es muchísimo más bello. Continuamos entonces nuestra celebración dándole gracias a Dios. Yo personalmente, cuando leo esto, pienso en todo lo que Dios tiene que limpiar en mi vida. Yo no me considero una persona limpia, inmaculada. Yo creo que Dios tiene bastante tarea conmigo, pero yo creo en ese amor y espero que tú también creas en ese amor que limpia y que salva.

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