Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La Iglesia debe seguir anunciando que Dios ama a todos con el mismo amor con que amó al pueblo elegido y que la sangre de Jesús es fuente de salvación para todo aquel que crea en Él.

Homilía sluc016a, predicada en 20251018, con 7 min. y 56 seg.

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Transcripción:

El 18 de octubre nuestra Iglesia Católica recuerda y celebra a San Lucas, San Lucas evangelista. Cuando yo pienso en San Lucas, pienso en aquello que comentábamos precisamente en unas homilías de hace pocos días, aquello de que: los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos. Porque es que hasta donde sabemos, tanto Mateo, como Marcos, como Juan pertenecían al pueblo judío. En cambio, Lucas venía del mundo pagano.

Y esto es muy importante porque la mirada que nos da Lucas es la mirada de una persona que recibe la salvación como todos la necesitamos, como los judíos la necesitan, como la necesitan todos los pueblos, pero que recibe la salvación como un regalazo, como algo inesperado. O sea, ten presente que el lenguaje que utilizaban los judíos en aquella época y que muchos judíos siguen utilizando en este tiempo, era un lenguaje de absoluta exclusión, absoluta exclusión. ¿Qué significa absoluta exclusión? Significa: nosotros somos los elegidos, la bendición de Dios está con nosotros.

Ustedes son unos pobres idólatras, ustedes son unos paganos, ustedes realmente están por fuera, ustedes son los excluidos, ustedes son los extranjeros, los forasteros. Y esa manera de hablar, ese lenguaje de exclusión, era algo que marcaba completamente la relación entre judíos y no judíos. Y resulta que Lucas estaba del lado no judío porque Lucas venía de familia no judía, de familia pagana. Entonces, Lucas indudablemente pertenecía a ese número de paganos, que no eran pocos tampoco, ese número de paganos que, aunque venían de familias que no eran judías, tenían una simpatía, tenían un amor por el judaísmo.

Lo que parece más probable es que Lucas pertenecía a ese grupo de personas que solemos llamar los prosélitos. ¿Qué quiere decir los prosélitos? Exactamente lo que he definido hace un minuto. Personas que no eran de familia judía, que no eran de raza judía, pero que admiraban la sabiduría que había en las leyes judías y la limpieza de costumbres que había en el judaísmo. Pero los prosélitos, por más prosélitos que fueran y por más simpatizantes que fueran del judaísmo, siempre eran ciudadanos de segunda clase, siempre eran de los excluidos, siempre eran de los marginados y siempre había esa gran diferencia.

Y la diferencia es: Yo soy judío, tú no eres judío. Yo soy el de la Alianza, tú no. Ese era el lenguaje que escuchaban siempre los paganos y también los prosélitos, así estuvieran cerca y así tuvieran tanto amor al mundo judío, también los prosélitos tenían que escuchar esas palabras. Es decir, no te equivoques, tú allá, yo acá, los judíos somos nosotros ¿ok? Ese era el lenguaje que siempre oían. Pero cuando llega el potente mensaje del Evangelio, sobre todo en boca de San Pablo, cuando llega ese potente mensaje del Evangelio y empieza a decir: Un momentico, un momentico, ¿de verdad somos tan distintos?

Porque es verdad que hay muchísimo pecado en el paganismo, pero también hay mucho pecado en el judaísmo. Y por eso hay mucha necesidad de salvación en el paganismo, pero es que también hay mucha necesidad de salvación en el judaísmo. Y Cristo ha venido no solamente por los judíos. Solo para que te acuerdes, Cristo envió a sus apóstoles en Mateo 28: «Vayan a todas las naciones y enséñenles a guardar lo que yo les he mandado», a todas las naciones. Y esto tampoco es absolutamente novedad que Cristo trajera.

Ya en el Antiguo Testamento encontramos textos como ese que está en Isaías que dice: «Es poco que seas mi siervo para reconciliar a las tribus de Israel. Te hago luz de las naciones, para que mi salvación llegue hasta el confín de la tierra». Ese es un texto que se llama universalista, es decir, donde se ve que ser judío no es un club exclusivo, no debe ser un club exclusivo de privilegios de que nosotros somos los súper elegidos, sino que ser judío significa abrirse a dar la salvación, a ser instrumento y camino de salvación para otros.

O sea que las palabras de Cristo, cuando envía a que se predique el Evangelio a todas las naciones, esas palabras de Cristo tampoco son una novedad absoluta. Y también me gusta recordar aquel salmo que dice: Filisteos, tirios y etíopes han nacido allí, allí en Jerusalén, y cantarán mientras danzan: Todas mis fuentes están en ti. O sea que los filisteos, te acuerdas lo que eran los filisteos en la época de los jueces y en la época de Josué, en la época de David, o sea, eran los enemigos por antonomasia. ¿Quiénes eran los tirios? Pues los habitantes de Tiro.

Y Tiro ¿qué era? La capital de la brujería desde el punto de vista judío, porque esa era una de las ciudades más importantes de la cultura fenicia. Entonces, realmente el plan de Dios siempre fue elegir a un pueblo, pero poner a ese pueblo como siervo y como instrumento para llevar la salvación a todos los pueblos. O sea, la elección tiene una misión. Pero los judíos del tiempo de Lucas no lo entendían así, los judíos del tiempo de Lucas más bien miraban su elección, como nosotros somos los de primera categoría. Y tú, pues bueno, puedes ahí, por ahí puedes quedarte, como dicen en mi pueblo, siéntate por ahí paradito, quédate por ahí.

Y así era la manera como trataban a los prosélitos. Todo esto ¿para qué lo digo? Para que entendamos cómo Lucas se sintió amado, inmensamente amado. Pero voy a decir otra palabra más precisa, inmensamente compadecido, inmensamente compadecido, compadecido por Dios, compadecido en el corazón de Cristo. Y eso marca el elemento fundamental del Evangelio de Lucas, la misericordia. Si hay una persona que pudo conocer y que pudo entender mucho de la misericordia, fue Lucas, porque él sabía lo que era estar por fuera, porque él sabía lo que era ser de segunda, porque él sabía lo que era ser excluido.

Y ahora descubrir que Dios nos ama a nosotros y que nos ama con el mismo amor y que la misma Sangre de Jesús es sangre de salvación para mí, ese es el mensaje que Lucas trae para nosotros, y ese es el mensaje que la Iglesia tiene que seguir proclamando día tras día. San Lucas Evangelista ruega por nosotros.

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