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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cristo tiene principal atención hacia los excluidos no con un mensaje de odio sino con un mensaje de renovada dignidad, con un mensaje de amor y de integración en la sociedad.
Homilía sluc012a, predicada en 20211018, con 5 min. y 18 seg. 
Transcripción:
El 18 de octubre nuestra Iglesia Católica recuerda y celebra a San Lucas el evangelista. En el orden usual de los libros de la Biblia, el Evangelio de Lucas ocupa el tercer lugar después de Mateo y Marcos y antes de San Juan. Lucas no era judío de origen, él era pagano, convertido al Evangelio, fascinado por la obra de Cristo, compañero de predicación de San Pablo, podemos decir que Lucas tiene una mirada peculiar sobre lo que Cristo quiere traer a nuestras vidas.
Me falta decir algo importante. Lucas, de profesión, era médico y como médico tenía una especial sensibilidad, por supuesto, para aquel que sufre. Un buen médico siempre está atento a la realidad de los enfermos. Podemos decir que para Lucas, Cristo es algo así como el grande y verdadero médico. Médico no solamente de los cuerpos, sino médico de las almas, médico de las familias, médico de la sociedad y de la humanidad. Aquel que viene a curar nuestras dolencias, aquel que viene a sanarnos de las profundas e infectadas heridas que ha dejado el pecado.
Por eso también, el evangelista Lucas tiene un énfasis peculiar hacia la misericordia. La misericordia es tal vez el rasgo de Cristo que más se destaca en el evangelio de Lucas. Él ha sido llamado desde antiguo evangelista de la humanidad de Cristo. Entendiendo por humanidad no solamente el hecho de que tiene una naturaleza humana, lo cual dicen todos los Evangelios, sino esa especie de amor compasivo de nuestro Señor Jesucristo hacia la humanidad. Como cuando decimos: tal persona es muy humano.
El Cristo de Lucas es así, es muy humano, muy capaz de compadecerse, muy diligente para compadecerse de las miserias y enfermedades que padecemos los seres humanos. Esto también significa que Cristo, en el Evangelio de San Lucas, tiene especial atención hacia aquellos que suelen ser más descuidados por la sociedad, más maltratados por la sociedad, más excluidos o marginados por la sociedad. Por eso los niños, los pobres, las mujeres, los extranjeros tienen un lugar peculiar en el Evangelio de Lucas, simplemente porque antes han tenido un lugar peculiar en el corazón compasivo del Señor.
Pero hay algo muy hermoso, y es que también en nuestra época hay quien le da mucha atención a los marginados, por ejemplo, a los indígenas o a los pobres, o a los asalariados, que muchas veces sufren por esos sueldos insuficientes. En nuestra época hay gran atención al que ha sido marginado por su raza, por su orientación sexual, por ser mujer. Pero hay algo peculiar, y es que en nuestra época muchas veces lo que se hace es utilizar a esas personas para crear movimientos políticos y para tratar de derribar las instituciones.
Eso significa que en nuestra época el mensaje final es que si hay exclusión, la manera de superar la exclusión es a través de la fuerza del odio, de la lucha, derribar al que está y montar a uno nuevo. Esa es la estrategia del odio y es la estrategia propia, ante todo del marxismo.
Lo maravilloso de San Lucas, y esto es hermoso darnos cuenta, es que él muestra la atención de Cristo hacia estas personas excluidas, pero no con un mensaje de odio, sino con un mensaje de renovada dignidad, un mensaje de auténtico amor, un mensaje de auténtica integración dentro de una comunidad que finalmente ha sido reconciliada, reconstruida por la gracia de Dios. En ese sentido, no cabe duda que el evangelista Lucas tiene un mensaje de tremenda actualidad para nosotros. Dios nos conceda oídos para recibirlo.

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