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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Pidamos a Dios la gracia de ser revestidos por el Espíritu Santo para que Cristo se encarne en nosotros, revivir su misterio y hacerlo realidad en cada uno y en toda la Iglesia.

Homilía sluc011a, predicada en 20181018, con 4 min. y 9 seg.

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Transcripción:

El 18 de octubre nuestra Iglesia Católica celebra la fiesta de San Lucas evangelista. Recordemos que dos libros de la Sagrada Escritura, concretamente del Nuevo Testamento, tienen por autor a San Lucas. Por esto solo, nos damos cuenta cómo fue de abundante la gracia que el Espíritu Santo le concedió. Los dos libros de Lucas son, por supuesto, el Evangelio que lleva su nombre y el libro de los Hechos de los Apóstoles, es muy importante ver la relación que tienen estas dos obras.

Si miramos quién es el protagonista en el libro que nosotros llamamos de los Hechos de los Apóstoles, nos damos cuenta que fundamentalmente es el Espíritu Santo. Desde el capítulo primero se anuncia la llegada de la promesa del Padre, es la expresión que utiliza Cristo resucitado. Y luego, en el capítulo segundo tenemos Pentecostés, la efusión del Espíritu. Y luego vamos viendo, a lo largo de los distintos capítulos, vamos descubriendo cómo obra el Espíritu, cómo obra en Pedro y Juan, cómo obra en el diácono Felipe, cómo le da la fortaleza al primer mártir, otro diácono Esteban.

Y luego, una gran porción del libro de los Hechos de los Apóstoles nos muestra lo que podríamos llamar el ciclo de Pablo, es decir, nos está presentando la obra del Espíritu Santo en el apóstol San Pablo. Lo que quiero destacar es que en el libro de los Hechos de los Apóstoles el hilo conductor no son propiamente las personas humanas, sino una persona divina, la tercera Persona de la Trinidad, el Espíritu Santo, Él es el protagonista. Si ahora volvemos al Evangelio, nos damos cuenta que Lucas más que nadie enfatiza esa dimensión del Espíritu Santo en el ministerio de Cristo.

Pero no solo en el ministerio, en la vida misma de Cristo, Cristo es concebido por obra y gracia del Espíritu. En el bautismo Cristo es ungido por el Espíritu, de Cristo sale una fuerza espiritual que sana a las personas. Es el Espíritu el que lleva a Cristo al desierto, es el Espíritu el que va guiando a Cristo, es el Espíritu el que hace oración en Cristo, el que levanta el ánimo de Cristo cuando Él dice: Te alabo, Padre, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos. Dice San Lucas, comentando ese pasaje, el Espíritu, podemos decir, levantó el corazón de Cristo. Es el Espíritu Santo, en fin, el que conduce a Cristo al final de su misión.

De manera que, la obra de Lucas tiene una profunda unidad precisamente en la persona del Espíritu Santo. Y por eso, como lo he comentado otras veces, bien podríamos decir que las dos obras, los dos libros de San Lucas, se podrían llamar la obra del Espíritu Santo en Cristo, eso sería el Evangelio. Y luego, la obra del Espíritu Santo en los cristianos.

Pidamos esa gracia del Espíritu Santo, el Espíritu que hace que nosotros podamos repetir con el Santo Arcángel Gabriel: No hay nada imposible para Dios. Revestidos de ese Espíritu, descubriremos que también Cristo quiere, en cierto sentido, encarnarse en nosotros, quiere revivir su misterio, quiere hacer realidad su misterio en nosotros. Démosle gracias al Señor por el don del Espíritu Santo. Y junto a San Lucas, pidamos que ese don abunde en toda la Iglesia. Así sea.

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