|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Lucas se maravilla ante el Dios que es, a la vez, tan poderoso y tan compasivo.
Homilía sluc007a, predicada en 20131018, con 15 min. y 52 seg. 
Transcripción:
Cada uno de los Evangelios es una mirada al misterio de Jesucristo. Los Evangelios no son propiamente biografías como las que pueden escribir los historiadores, los Evangelios son miradas creyentes que reflejan la luz de Jesús, como la vivieron aquellas comunidades primeras. Se escribieron muchos evangelios, pero de todos esos, la Iglesia asistida por el Espíritu Santo dejó únicamente cuatro. Ese proceso de selección, interesante en sí mismo, hoy no lo comentaremos. Solamente vamos a decir que hay como cuatro grandes reflectores que nos ayudan a mirar la grandeza y la belleza de Jesús.
Son narraciones que en todos los casos se centran en el momento culminante del sacrificio, son historias, relatos que brotan de la fe y que quieren despertar la fe en nosotros. Hoy nuestra Iglesia recuerda a uno de esos testigos, uno de aquellos que fue alcanzado por el amor de Dios, alcanzado por la buena noticia y que desde su experiencia profunda y personal y sin duda desde la experiencia de los cristianos que tuvo cerca, entre ellos el apóstol San Pablo, ni más ni menos, nos cuenta quién es Jesucristo. Lucas fue un hombre metódico que quiso averiguar muy bien las cosas desde el principio.
En el prólogo de su Evangelio nos dice que él ha querido documentarse bien, no se ha quedado con el solo entusiasmo de una experiencia feliz. Después de esa primera efusión de gozo, con una cabeza reposada y haciendo seguramente muchas preguntas, ha querido llegar de la manera más completa posible a describirnos quién es Jesús. Lucas, lo mismo que los otros evangelistas, tiene sus propias peculiaridades. Igual sucedería, igual va a suceder con nosotros. Todos hemos vivido estos días de gracia, de alegría, de amor, de fraternidad. Pero estoy seguro que si entrevistamos a distintas personas oiremos que se trata del mismo evento, pero oiremos acentos, acentuaciones, énfasis diferentes.
Y es muy interesante y es muy útil comparar qué es lo que cada uno de los evangelistas enfatiza. Por ejemplo, Lucas claramente enfatiza el papel de las mujeres, es el único evangelista que nos cuenta que había un grupo de mujeres que acompañaba esa peregrinación, esa itinerancia de Jesús. Las figuras de María y de Isabel son bastante prominentes, especialmente la de la Santísima Virgen. La mujer tiene mucha importancia para Lucas. Lucas también le da mucha importancia a la oración. Varias veces nos describe, aunque sea con breves palabras, ese corazón recogido de Cristo cuando hace plegaria.
Es el único que nos dice que Jesús pasó la noche orando antes de elegir a los doce apóstoles, Lucas subraya entonces la oración. Lucas es el evangelista que habla con mayor frecuencia y con una especie de simpatía, de connaturalidad, habla de la obra del Espíritu y del poder del Espíritu Santo. Es el único evangelista que da este comentario que me parece tan bello: De Jesús salía como una fuerza que curaba a la gente, como una energía. Lucas describe el retorno de la misión de los discípulos diciendo que Jesús se llenó del gozo del Espíritu Santo.
Simeón, un anciano que tomó a Jesús niño en brazos al comienzo del evangelio, se llenó del gozo del Espíritu Santo. Isabel, cuando sintió el movimiento de alegría del niño, Juan Bautista que estaba en su vientre, Isabel se llenó del Espíritu Santo. Lucas lo dice tantas veces que la única conclusión que uno puede sacar es que Lucas quiere que también nosotros nos llenemos del gozo del Espíritu Santo. Entonces, ¿cuáles son los énfasis de Lucas? La mujer, la oración, el don del Espíritu, y he dicho varias veces el gozo, él enfatiza la alegría que trae Jesús. Ningún otro evangelista muestra con tanta claridad que el Evangelio es buena noticia.
Y qué hermoso que coincida esta celebración de un evangelista, un testigo del amor y de la alegría de Jesús en nuestra Misa de envío, Eucaristía de envío. Porque entonces, ya sabes cómo tienes que salir de este encuentro, tienes que salir lleno del Espíritu Santo, lleno del gozo, lleno de oración, y hay un lugar muy especial para la mujer. Otra cosa que destaca Lucas es la compasión de Cristo, en los textos de Lucas, Cristo aparece como aquel que está lleno de bondad, está lleno de santidad, está lleno del poder de Dios, pero no es un poder que asusta. Y es aquí donde tenemos que reconocer uno de los rasgos que sin duda cautivaron más el corazón de este pagano.
Porque en el mundo pagano, que eso equivale al mundo griego, al mundo romano, eso fue lo que él conoció, en el mundo pagano el poder va por un lado y la compasión va por otro lado. Los poderosos son duros, implacables, y los compasivos son débiles y son relegados. Ese es el mundo pagano, el poder va por un lado y el amor va por otro lado, los poderosos son implacables y los compasivos son impotentes. Pero lo que maravilla a Lucas es que Jesús es el poderoso compasivo, es el misericordioso potente. Y eso es lo que produce la alegría, y eso es hasta un cierto punto, la esencia misma del Evangelio.
Piénsalo, uno que es poderoso y es compasivo. Como es poderoso, me puede ayudar. Y como es compasivo, me quiere ayudar. Por eso Jesús lo tiene todo, si no fuera poderoso, ¿qué sacaría yo con que me quisiera ayudar? Si ese querer naufragaría en la impotencia, necesito que sea poderoso. Pero si es poderoso y no es compasivo, ¿de qué me serviría? El emperador romano, el centurión romano, el patricio romano, el senador romano, esos eran los poderosos de aquella época. Y eran poderosos, lejanos, arrogantes, intocables, egoístas, metidos únicamente en sus intereses y en su mundo. ¿De qué me sirven esos poderosos lejanos?
Por otro lado, si hay gente compasiva y hay gente solidaria, siempre la ha habido en todas las culturas. Pero ¿de qué sirve el compasivo si no tiene poder? Lo que admira a Lucas es que Cristo es poderoso con el poder mismo de Dios, y es compasivo con la ternura del más amoroso Padre, un Dios que es poderoso y compasivo. Y esa es una lección para nosotros. ¿Quién tengo yo en este momento aquí al frente, quién tengo yo? Uno podría decir un grupo de estudiantes, un grupo de colegiales. No, sabes lo que yo tengo aquí al frente. Yo tengo aquí al frente políticos, científicos, literatos, militares, sacerdotes, religiosas, esos son ustedes, hermanos.
Ahora, quién te ve en tu uniforme de colegio, dice: Bueno, pues una alumna más de tal o cual colegio. Quién te ve con tu uniforme de colegio, dice: Un muchacho más que ha venido de tal o cual colegio. No, dentro de poco, mucho más pronto de lo que tú te imaginas, la sociedad te dará responsabilidades y te dará poder. Y eso se nota en el caso del médico, por ejemplo, en el caso del profesor. Un profesor tiene poder, poder para dejar una huella buena o una huella funesta. El médico tiene poder, poder para recuperar la vida o autorización para destruir la vida, tiene poder.
El abogado tiene poder, poder para que la justicia se haga y el inocente salga libre y el culpable pague lo suyo, o poder para utilizar la ley simplemente para cubrir a los corruptos y condenar a los que no pueden defenderse. O sea que el poder va a llegar pronto a tus manos, quieras o no, y la pregunta es si tú vas a tener como Cristo junto a ese poder, vas a tener el amor por el pequeñito, por el pobre, por el que sufre, por el excluido. Eso es lo que le llama la atención a Lucas, que Jesús que tiene todo el poder de Dios, tiene un oído para escuchar el grito del ciego que se lamenta entre lágrimas: Jesús, ten compasión de mí.
Y la gente le decía al ciego: Cállate, tú cállate. Y el ciego seguía gritando y Jesús tiene un oído para el pequeñito, tiene un oído para el pobre, tiene siempre un corazón para el excluido. Y eso tiene que ser nuestra vida cristiana. Enseñanzas que nos deja esta fiesta del apóstol, del evangelista, digo mejor, San Lucas. Enseñanzas que nos deja es sintetizado en dos. Primera, que nosotros hemos de hacer nuestros los rasgos del Evangelio de Lucas, la oración, la alegría, el poder del Espíritu, la presencia de María. Primera lección, hacer nuestros los rasgos del Evangelio de Lucas.
Y segunda lección, unir como unió Cristo el poder y la misericordia. Y eso ¿qué quiere decir? Lo mismo que comentábamos en nuestras charlas, lo mismo. Te acuerdas que hablábamos de la excelencia y el estar unidos a Cristo, es lo mismo. La excelencia, necesito que seas un buen cantante, que seas un buen médico, que seas un buen científico, que seas un buen abogado y eso te da poder. Pero la unión y la amistad con Cristo, eso es lo que te hace verdaderamente útil para el Evangelio.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|