|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Nuestro auténtico servicio a Jesús pasa por apoyar por fortalecer a otro, y eso es morir, quitarme del centro para que darle espacio y descanso a mi hermano.
Homilía slor023a, predicada en 20240810, con 8 min. y 1 seg. 
Transcripción:
El Diez de Agosto recordamos y celebramos a San Lorenzo, diácono y mártir del Siglo Tercero. San Lorenzo viene a nuestra memoria para recordarnos que la vida cristiana es servicio y podemos decir que de alguna manera todos estamos llamados a ser diáconos. De hecho, el primer diácono es Cristo, porque él dijo Yo no he venido para ser servido, sino para servir. Y literalmente lo que eso significa es Yo he venido para ser diácono, he venido para ser servidor. Si Cristo, nuestro Maestro, nuestro líder, nuestro modelo, es diácono, es decir, servidor. Cada uno de nosotros está llamado a ser diácono.
Y aquí voy a hacer un pequeño paréntesis. Con motivo del Sínodo de la Sinodalidad. Se habla mucho de mujeres diaconisas, pero es muy curioso que en esa discusión que es compleja, teológica, pastoral, histórica. Básicamente lo que se presenta es cómo hacemos para que las mujeres estén en cargos de dirección, en cargos y responsabilidades de poder dentro de la Iglesia. Entonces, fíjate cómo en el fondo hay una contradicción muy evidente ahí, porque nos están diciendo que se quiere mujeres diaconisas, lo cual pues va en contra de la tradición, en contra de la enseñanza de la Iglesia, en contra de la Sagrada Escritura. Pero aunque no estuviera en contra de todo eso, se quieren mujeres diaconisas para que tengan poder. Y resulta que la esencia misma del diaconado es lo contrario. Lo que necesitamos es que los diáconos de la iglesia, sean diáconos transitorios o permanentes y en general todos nosotros, incluyendo por supuesto, sacerdotes, obispos, seamos diáconos. Es decir, que no se nos olvide que la clave está en el servicio. Ese es el primer pensamiento que quisiera subrayar.
El segundo pensamiento es la relación entre diaconado y muerte. ¿En qué sentido? En el sentido de que vivir el diaconado es entregar la vida. Dice nuestro Señor Jesucristo Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos. Y también dijo este mandamiento les doy que se amen unos a otros. Si unes esos pensamientos, esas enseñanzas de Cristo, queda perfectamente claro que el cristiano está llamado a amar hasta el extremo, y que el amor hasta el extremo supone el servicio a los hermanos, es decir, supone una vida diaconal. Pero si nosotros vamos al caso de Lorenzo, nos damos cuenta que él entregó la vida de una manera violenta. Es bien sabido que este gran héroe de la fe murió de una manera horrorosa. Él fue asado vivo. Es algo que realmente nos conmueve. Es algo que nos sacude interiormente, por lo menos a mí. Pero aunque no se trate exactamente de un martirio, nuestra vida diaconal, que es nuestra vida cristiana, está llamada a entregarse. Y el que está entregando su vida, es decir, el que está sirviendo, de alguna manera está muriendo. O sea que la vida cristiana supone un morir. Esto que dijo Cristo si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo, pero si muere da mucho fruto. Eso no lo dijo únicamente refiriéndose a su pasión. Eso lo dijo también pensando en que nosotros si somos auténticos servidores, pues tenemos que dar vida. Y dar vida es dar la vida, es entregar la vida.
Alguien se podría preguntar bueno, y ¿Qué significa para mí en concreto, dar la vida? Bueno, demos unas dos o tres claves tomadas, entre otras cosas, de la predicación del Papa Francisco. Dar vida, por ejemplo, es pensar que tu tiempo no es solamente tuyo, eso es dar vida. Decía el Papa Francisco tenemos que aprender a dejarnos interrumpir. Tenemos de alguna manera que aprender a que nuestras agendas, que son siempre muy llenas de cosas, sean lo suficientemente flexibles para que quepan en ellas las necesidades de nuestro prójimo. Necesitamos aprender a dejarnos interrumpir. Y el ejemplo típico es el del buen Samaritano. Él iba en su camino y se dejó interrumpir. Es decir, él dio de su tiempo. Eso es dar vida. Otro ejemplo que también nos da el Papa Francisco es escuchar. Muchos de nosotros vivimos metidos únicamente en nuestros pensamientos y a veces creemos que nuestros problemas son los más terribles de todos y nuestras tentaciones son las más duras. Y vivimos a veces como en un narcisismo o en una autocompasión tan ridícula.
Qué importante aprender a escuchar. Porque escuchar es abrirle espacio al hermano en mi vida, interesarme por el hermano, abrir ese espacio para que él o ella, para que esa otra persona pueda encontrar un lugar de descanso, un lugar de acogida, un lugar de comprensión. Pero por supuesto, para abrir espacio en mi corazón y que quepa mi prójimo. Tengo que quitarme yo, tengo que posponerme yo. Aquella oración tan famosa que se llama oración de San Francisco, dice que no busques ser amado, sino amar, que no busques ser comprendido, sino comprender. Eso es morir. Porque cada uno de nosotros quiere ser el protagonista perpetuo de su propia vida. Pero cuando tú quieres escuchar a los demás, por lo menos durante ese tiempo, tienes que ponerle pausa al torrente de tus preocupaciones, tan centradas solo en ti misma o en ti mismo. Y tienes que abrirle espacio al otro. Y eso es morir. Y por supuesto, también morimos cuando nosotros nos convertimos en apoyo para los planes, para los proyectos de otra persona.
Date cuenta que muchos de nosotros, así como caemos tan fácilmente en narcisismos, victimizaciones y autocompasiones. También queremos ser los grandes protagonistas. Nosotros queremos ser los primeros. Queremos ser los artistas que brillan en todas partes. Sabes que muchas veces, y este es un pensamiento que tomó de San Francisco de Sales, sabes que muchas veces Dios obtendrá más gloria de otras personas que de nosotros, y esto significa que muchas veces nuestro auténtico servicio a Cristo pasa por apoyar, por fortalecer, por animar o como se dice popularmente, por hacer barra, hacerle barra a otro. Y eso es morir, quitar mi protagonismo, quitarme del centro y saber que el centro puede ser otra persona. Eso es morir, pero eso también es servir y eso también es amar. Y eso finalmente es ser cristiano, como lo fue San Lorenzo. San Lorenzo Mártir. Ruega por nosotros.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|