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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El camino del cristiano ha de ser a ejemplo de San Lorenzo quien fue a fiel a Dios, perseverando en el servicio a la Iglesia y a los pobres.
Homilía slor022a, predicada en 20230810, con 6 min. y 27 seg. 
Transcripción:
El Diez de Agosto en nuestra Iglesia Católica, recuerda y celebra a San Lorenzo, diácono y mártir. A mí me parece que esta es una oportunidad magnífica para redescubrir la figura del diácono en la Iglesia. Tenemos que ubicarnos a mediados del Siglo Tercero. En el año Doscientos cincuenta y siete, el emperador Valeriano decreta persecución contra los cristianos. Estamos hablando de la ciudad de Roma y junto al poder del emperador está el servicio propio del Papa. El Papa en aquel momento se llamaba Sixto, era Sixto Segundo. El Papa Sixto segundo por supuesto que era el objetivo de persecución inmediato del Emperador. De hecho, este Papa murió mártir. El Papa Sixto Segundo.
Aquí es donde viene la importancia de los diáconos, porque resulta que para nosotros, los diáconos prestan servicios de predicación, servicios de asistencia social, distintas clases de servicios. Pero hay que notar que estos diáconos en la antigüedad tenían una relevancia mucho mayor. ¿En qué sentido? En que ellos eran como los secretarios personales de muchas de las obras apostólicas. Muchas de las obras pastorales de los obispos, los colaboradores inmediatos de los obispos, los secretarios más cercanos, eran los diáconos y Lorenzo era diácono en la ciudad de Roma. Era el diácono de San Sixto Segundo este que murió mártir. Así que Lorenzo pues, tiene que ser testigo de cómo es martirizado el que era no solo su jefe, sino su pastor, su modelo, el Papa del momento.
Él sabía lo que venía para él, pero permaneció en Roma y permaneció sirviendo y permaneció haciendo lo que él hacía, porque él era el encargado de repartir las ayudas a los pobres. Fue apresado, fue juzgado y fue condenado a una muerte espantosa. Ser asado vivo. Por eso se representa a San Lorenzo sobre una parrilla como si fuera un trozo de carne. Así fue martirizado San Lorenzo. Qué enseñanza nos deja. Para mí es impresionante la fidelidad de este hombre. La fidelidad a Dios, la fidelidad a la Iglesia, la fidelidad a los pobres. Repito, no salió huyendo abandonando a toda esa multitud de menesterosos que requerían del auxilio de la Iglesia. No salió huyendo. Fiel a Dios, fiel a la Iglesia, fiel a los pobres.
Pero también es notable en San Lorenzo el hecho de que su servicio quedó inmortalizado por su martirio. A veces me pongo a pensar y digo si este hombre no hubiera sido martirizado, probablemente no sabríamos de él. Seguramente hubiera sido un buen administrador, que lo era, pero no hubiéramos sabido de él. La razón por la que mil ochocientos, casi mil ochocientos años después. Óyeme esa cifra, por favor. La razón por la que mil ochocientos años después seguimos hablando de San Lorenzo es por esa fidelidad y por ese martirio. De alguna manera, el martirio no solamente lo hizo inmortal en la gloria de Cristo, sino lo hizo inmortal para la Iglesia. Y mientras exista la Iglesia Católica, que esperamos que sea en el tiempo de Dios, probablemente muchos siglos. Mientras exista la Iglesia Católica, se seguirá contando el martirio de Lorenzo. O sea que es ese amor grande, ese amor que se inmola, ese amor generoso, ese amor es el que hace que se vuelva inmortal para la Iglesia, ya es inmortal para la gloria de Cristo, inmortal para la Iglesia este hombre.
Lo decía con palabras más bellas, más precisas el Papa San Juan Pablo Segundo. Solo las obras de los santos duran. Hoy muchas veces hay tanto afán en hacer cosas, en lucirnos, en presentar una gran gestión, en presentar lo que yo puedo hacer. Y por lo menos en mi país, no sé cómo será en el tuyo, pero por lo menos en mi país, una cosa terrible que tenemos es que muchas veces, por ejemplo, llega un alcalde nuevo y lo primero que hace es olvidar, dejar de lado, no darle importancia o dejar inconclusas las obras de los anteriores para lucirse él. Llega un presidente nuevo y lo primero que hace es hablar mal de todas las administraciones anteriores. Como quien dice, aquí nadie ha hecho nada y yo soy el primero que va a hacer algo. ¡Qué afán, qué ego! Pero ese que se infla y que pretende presentarse como gran cosa, después va a ser sucedido por otro que también querrá lucirse y que aplasta la memoria del anterior. Somos un espectáculo ridículo los humanos con nuestros egos.
En cambio, el que se inmola, el que cae como un grano de trigo y muere, ese es el que da mucho fruto, según lo recuerda el Evangelio de hoy. Eso fue lo que hizo Lorenzo y por eso lo estamos recordando. Pero que nuestro recuerdo no se quede únicamente en admiración, sino que se vuelva también un camino de vida cristiana para nosotros. Así sea.

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