Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Bueno es servir dando COSAS; es mejor sin embargo compartir la ENSEÑANZA que conduce a la verdad, pero el grado máximo de servicio es dar la VIDA como la dieron los mártires.

Homilía slor020a, predicada en 20210810, con 5 min. y 29 seg.

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Transcripción:

El Diez de Agosto, nuestra Iglesia Católica recuerda y celebra a San Lorenzo. Diácono y mártir. Fue martirizado a mediados del Siglo Tercero de nuestra era. Eso es mucho tiempo. Cerca de mil ochocientos años. Pero hay algo que nunca envejece en el testimonio de los mártires, y es el amor. Ese amor que se convierte en fuerza, en compromiso y en fecundidad. San Lorenzo fue diácono y conviene recordar lo que son los diáconos en nuestra Iglesia. Literalmente, la palabra diácono quiere decir servidor, y el servicio que la Iglesia espera de sus diáconos es múltiple. También en nuestra época tenemos diaconado. El diaconado actual tiene como dos versiones. Hay diáconos permanentes que usualmente son personas casadas, tienen su familia y prestan ayuda en la educación, en la salud, en los enfermos, también en las en la parte litúrgica, en el servicio de la caridad. Es decir, esos son diáconos permanentes. Y hay otros que llamamos diáconos temporales, porque la Iglesia ha querido que todo sacerdote tenga, por así decirlo, el curso de formación de los diáconos que pase primero por ese servicio. El servicio de la caridad, del servicio de la predicación, el servicio de construir comunidad.

A pesar de que nosotros tenemos diáconos hoy, hay una diferencia bastante grande con los diáconos de la antigüedad. En general, los diáconos de la antigüedad, como por ejemplo Lorenzo, eran los grandes hombres de confianza de los obispos, los obispos incluyendo al obispo de Roma, es decir, al Papa, tenían gran confianza en sus diáconos y además, lo cual es muy importante, les delegaban amplias responsabilidades. Así, por ejemplo, sabemos que Lorenzo era el administrador general de los bienes de la Iglesia Católica en Roma. Un cargo, pues, de inmensa responsabilidad, pero también una oportunidad magnífica que Lorenzo supo aprovechar para hacer bien a muchísimos pobres. Por eso se le recuerda, ante todo, como un servidor de los pobres.

Debemos decir que en Lorenzo se dieron los tres grandes escalones del servicio. El nivel inferior, que es muy bello y es muy importante, pero es apenas el inferior, es servir dando cosas, por ejemplo dar alimento, dar abrigo, dar protección, dar techo, dar cosas. Ese es el primer nivel del servicio.

Hay un nivel un poco más alto, un segundo nivel es el segundo nivel es dar enseñanza, porque la enseñanza, cuando se trata de conocer a Dios, nos conecta con la vida que ya no muere. Cuando damos cosas estamos indudablemente prestando un servicio de caridad, pero ese servicio de caridad se extingue con esta vida. Después de terminar esta vida, ya no hay cómo dar de comer al hambriento o dar de beber al sediento. Ya las personas no necesitan eso. Necesitarán otras cosas. Por ejemplo, nuestras oraciones. Pero eso ya es otro tipo de don. Aquí estamos hablando, en cambio, de la enseñanza. Ese dejar que brille. Comunicar el brillo, el esplendor fascinante de la verdad de Dios. Es lo propio de la predicación y es lo que también están llamados a realizar los diáconos. Entonces debemos recordar aquí lo que dice nuestro Señor Jesucristo en el Capítulo Diecisiete de San Juan. En esto consiste la vida le dice Cristo a su Padre celestial en que te conozcan a ti y a tu enviado Jesucristo. Y ese conocer indudablemente conlleva el servicio de la predicación. Así que el segundo nivel es la enseñanza.

Pero el tercer nivel, que es el máximo y que es el más importante, es el dar la vida. Y eso también lo hizo Lorenzo. No solamente porque gastó su tiempo sirviendo de una y de otra forma a los demás. Eso ya es dar la vida, sino también y sobre todo, por la gracia especialísima que recibió la gracia del martirio. Efectivamente, el testimonio de un mártir es algo que confirma en la fe y que enciende en la caridad a muchos cristianos. El fruto del martirio no es solamente el ejemplo, es el hecho de que nuestra fe resulta confirmada, resulta robustecida y nuestra caridad, nuestro amor, se enciende al ver hasta dónde puede llegar el amor de Dios en estas personas. Esos son tres niveles de servicio: dar cosas, dar enseñanza y dar la vida. Y los tres los recorrió con paso alegre y generoso San Lorenzo.

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