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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

En el momento en que San Lorenzo ofrendó su sangre a toda la Iglesia el amor se hizo perfecto porque se asoció a la Palabra Eterna del Padre Celestial.

Homilía slor015a, predicada en 20180810, con 5 min. y 3 seg.

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Transcripción:

El Diez de Agosto nuestra Iglesia Católica celebra al diácono y mártir San Lorenzo. Lorenzo fue diácono en una época muy difícil por la persecución del Imperio Romano contra la Iglesia. Lo característico de este santo, que en el fondo es característica de todos los santos, es el amor. Pero no nos quedemos con una definición general de amor, porque fácilmente se piensa que amor es simplemente sentimiento, amor es simplemente pasión. Y resulta que lo que aprendemos de los santos, como es el caso de San Lorenzo, es cuánta riqueza y cuánta profundidad tiene esta palabra. Veámoslo.

La palabra diácono significa servidor. Y eso hizo Lorenzo. Sirvió con caridad a los pobres, sirvió con su predicación a las multitudes y sirvió con la ofrenda de su sangre a toda la Iglesia. Muchas veces, cuando se oye la expresión caridad, cuando se oye la expresión misericordia, nuestra imaginación, nuestra memoria, van inmediatamente a las obras de misericordia corporales. Dar alimento al que tiene hambre, dar una bebida al que tiene sed, acoger al inmigrante, visitar al que está preso. Todas estas son obras de misericordia corporales. Por supuesto, son válidas y el primero en practicarlas es nuestro Señor Jesucristo. Pero la gran tentación y el gran peligro es quedarnos solamente con las obras de misericordia corporales, es decir, ver el amor solamente ahí cuando se está atendiendo la necesidad corporal de las personas y resulta que el amor no puede limitarse al cuerpo.

Hay dentro de nuestro corazón una necesidad infinita de verdad, y esa verdad infinita es la que se nos revela en la Palabra. Y por eso Lorenzo no es solamente el diácono que da alimento corporal a los pobres, sino es el predicador que da alimento espiritual con su predicación, con su enseñanza, da alimento precioso a las multitudes. Sacar del error, dar el buen consejo, orar por el que lo necesita. Eso también es caridad. El hecho de que el mundo no lo aprecie en nuestra época es simplemente una consecuencia del materialismo en el que tristemente vivimos. Una consecuencia lógica si lo miras bien. Si estamos acostumbrados a tomar como bienes únicamente las cosas materiales que son en esencia el dinero y lo que el dinero pueda conseguir. Entonces cuando hablamos de amor y cuando hablamos de caridad, es lógico que asociemos caridad solamente con las cosas materiales pero es por el materialismo.

Precisamente uno de los grandes bienes de la predicación de un verdadero santo como Lorenzo. Es ayudar a descubrir esos otros bienes que no son obvios, pero que sí son tan necesarios para nuestro corazón. Entonces sirvió a los pobres, predicó a las multitudes, pero ofreció su sangre por toda la iglesia. El amor se vuelve perfecto. Ahí Jesús nos ha dicho: Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus ovejas, el que da la vida por sus amigos. Eso lo hizo en primer lugar Jesús, que es el Rey de los mártires. Pero luego esa pléyade de hombres y mujeres que han llegado hasta el extremo de dar su vida por el Evangelio, por la gloria de Dios, por el bien de la Iglesia. Ello no puede dejarnos indiferentes. Esa grandeza, ese regalo, hay que recibirlo también. Y es ahí donde el amor se vuelve perfecto. Es ahí donde el amor no es simplemente palabritas. Es ahí donde el amor se asocia a la Palabra eterna del Padre Celestial.

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