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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Pidamos al Señor verdadera caridad para llegar a ser servidores en vida y testigos incluso hasta el dolor y el martirio cuando llegue la muerte.
Homilía slor014a, predicada en 20170810, con 4 min. y 28 seg. 
Transcripción:
El diez de agosto, nuestra Iglesia católica recuerda a San Lorenzo, diácono y mártir de los comienzos del cristianismo en la ciudad de Roma. Lo que más se recuerda, porque es muy dramático del final de la vida de Lorenzo es que fue asado vivo. Ese fue el modo espantoso. Como los enemigos de la fe quisieron convertirlo en un ejemplo. Algo así como mostrar a la vista de todos qué sucede si uno no es obediente al Imperio romano y pretende, en cambio, ser obediente a Jesucristo. Lorenzo, pues, murió de esa manera dramática, de esa manera espantosa, y su dolor y su martirio quedaron bien grabados en la conciencia del pueblo, ante todo del pueblo cristiano en Roma. Por esa misma razón, si nosotros tomamos la primera plegaria eucarística de la Santa Misa, que es la más tradicional, que es la más antigua. Encontramos que dentro del canon, es decir, dentro del texto prescrito para decir en la misa se menciona específicamente a San Lorenzo, dicho sea entre paréntesis. Este es el origen de la palabra canonizar. Canonizar es introducir en el canon de la Misa mencionar dentro de la Eucaristía. El texto oficial se llama canon. Mencionar dentro del canon. Canonizar es reconocer oficialmente la santidad de aquella persona. Pues bien, Lorenzo nos deja un ejemplo maravilloso con su martirio sobre todo, pero también con su capacidad de servicio. La palabra diácono quiere decir precisamente eso, servidor. En griego diaconía es la palabra que significa servicio. Y San Lorenzo es entonces un servidor en vida y es un mártir a las puertas de la muerte. Quizás lo más hermoso cuando recordamos a un diácono mártir es darnos cuenta de la continuidad que hay entre el servicio de caridad cuando estaba en vida y el testimonio de caridad al llegar la hora de la muerte, es decir, el vínculo entre el servicio y el martirio, es el amor. Es el amor el que hace posible que una persona de verdad sirva, no solamente que dé cosas, no solamente que entregue cosas, sino que se entregue a sí mismo. Quien lo hace posible, la caridad lo hace posible el amor y quien hace posible. ¿O qué hace posible que una persona llegue hasta el extremo del martirio? El amor. Amor que es amor de fidelidad al Dios que nos lo ha dado todo, pero también amor que evangeliza. Se dice de San Lorenzo que cuando lo estaban quemando vivo, haciendo como una especie casi de burla de su dolor, le decía al que lo estaba quemando. Le decía: Ya por este lado estoy completo, ya me puedes dar la vuelta. Esa manera de hablar que parece una locura y que quedó grabada en la memoria del pueblo, está indicando la fuerza de testimonio de los mártires. Es decir, lo que le estaba diciendo Lorenzo a su verdugo o a sus verdugos era date cuenta cómo el que me sostiene a mí es más fuerte que todo lo que tú pretendas hacer conmigo. ¡Qué impresionante! El que me sostiene a mí, el que me protege a mí, el que me defiende a mí, es más fuerte que tú. Y eso es seguir evangelizando. Y eso es manantial de caridad. Hay que pedir al Señor que nos dé esa caridad para que seamos verdaderos servidores en vida y para que seamos testigos incluso hasta el dolor y el martirio cuando llegue la muerte.

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