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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Pidamos a San Lorenzo que al igual que él, seamos ofrenda, ejemplo, testimonio para todos nuestros hermanos.
Homilía slor013a, predicada en 20160810, con 5 min. y 6 seg. 
Transcripción:
El diez de agosto la Iglesia Católica celebra la fiesta de San Lorenzo, un diácono y mártir del siglo tercero en Roma, San Lorenzo. Buena ocasión para recordar lo que significa la diaconía. Diácono, es una palabra que viene de la lengua griega. El diácono es el servidor. Los sucesores de los apóstoles son los obispos. Pero, por supuesto, el obispo necesita muchos colaboradores que estando cerca de él, le ayuden en su misión, que es ardua y muy amplia. Los colaboradores por excelencia de los obispos, muy cerca de él, en las obras de caridad. Cerca de él, en las celebraciones litúrgicas y cerca de él en otros servicios propios de la iglesia local son los diáconos. Así es como sucedía en los tiempos antiguos, en los primeros siglos de la Iglesia. Alguien podrá preguntarse ¿Y los sacerdotes quiénes son? La palabra que nosotros utilizamos, sacerdote no es la palabra más frecuente en la antigüedad. En la antigüedad se utilizaba la palabra presbítero, que a su vez viene de la lengua griega presbíteros, que significa el que es mayor, el que es anciano, anciano en el sentido de la autoridad, fundamentalmente. Evidentemente los presbíteros colaboran con los obispos, pero desde antiguo el servicio de presbíteros no es cerca del obispo, sino que es presencia del obispo en lugares a donde él no puede estar de un modo permanente. Sobre todo para la celebración de la Eucaristía y posteriormente también para la celebración de la confesión. De manera que el obispo tiene colaboradores en los diáconos que son colaboradores cercanos para las obras propias del ministerio episcopal como tal y tiene colaboradores en los presbíteros. Sabiendo que estos presbíteros son presencia del obispo en distintos lugares, lo que llamamos las distintas parroquias. Esa es la manera como se ven las cosas en estos primeros siglos de la Iglesia. Según ese esquema, Lorenzo era diácono, es decir, servidor en la Iglesia de Roma. Por consiguiente, ¿a cuál obispo era a quien él le prestaba ese servicio? Al obispo de Roma, como llamamos al obispo de Roma, el Papa. O sea que Lorenzo era diácono del Papa. Era servidor y colaborador inmediato del Papa en muchas cosas. Colaborador, sobre todo en una tarea que fue la que le costó la vida, porque Lorenzo era el encargado de todas las obras de misericordia que realizaba el Papa. Por consiguiente, él tenía que administrar de una manera prudente y sobre todo, caritativa. Tenía que administrar bienes relativamente considerables. Esto fue lo que despertó la codicia de las autoridades civiles que con ocasión de alguna de las frecuentes persecuciones en época del Imperio Romano, pues sirvió para que cayeran contra Lorenzo y le preguntaran ¿dónde están los tesoros de la Iglesia? Como a esas alturas aquellos cristianos eran tan solidarios, pues había dinero, había con qué. Y esta gente, estas autoridades civiles, pues por perseguir a la Iglesia y por hacerse con el dinero, llegan donde Lorenzo ¿Y qué responde Lorenzo? Los verdaderos tesoros de la Iglesia son sus fieles, sobre todo sus fieles más pobres. Esos son los verdaderos tesoros. De dónde viene. De dónde sale toda la caridad. Es precisamente de la realidad de aquellos que son más excluidos. Fíjate que es un mensaje muy cercano a lo que nos ha dicho tantas veces el Papa al hablar de las periferias, al hablar de los marginados, al hablar de los excluidos, al darle nombre propio a algunos de estos, como por ejemplo los inmigrantes. Ellos son tesoros de la Iglesia porque son el verdadero despertador y fuente de la caridad en muchísimas personas. Esa respuesta no gustó para nada y por eso fue condenado de una manera horrible a morir. Fue asado vivo. Este hombre que padeció ese martirio después de haber administrado tantas ofrendas, él mismo se volvió ofrenda. Y así también ejemplo, testimonio y maestro para todos nosotros.

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