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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
San Lorenzo, diácono, vivió con intensidad y perfección el servicio en la atención a los a los pobres, la predicación de la Palabra, la asistencia al altar y el martirio.
Homilía slor011a, predicada en 20150810, con 4 min. y 45 seg. 
Transcripción:
El diez de enero, nuestra Iglesia católica recuerda a San Lorenzo, diácono y mártir. Seguramente ya sabemos que la palabra diácono significa servidor y las cuatro grandes dimensiones del servicio las vivió. Ciertamente las practico este diácono Lorenzo. La primera dimensión, tal vez la que identificamos de modo más directo y sencillo, es el servicio a los necesitados, el servicio a los pobres. Diácono quiere decir el que sirve. Y Lorenzo vivió su diaconado en la diócesis de Roma. Era diácono en Roma. Él era el encargado de llevar a los más pobres el auxilio de las limosnas de todos los fieles. Practicó entonces esta dimensión del servicio. De hecho, cuando fue llevado al martirio, una de las causas fue que, como se sabía que él manejaba tanto dinero para ayudar a los pobres. Pues el administrador, diríamos nosotros. El prefecto se decía en aquella época de Roma quiso adueñarse de ese dinero, del dinero de los pobres. Y entonces le dijo: ¿Dónde tienes los tesoros de la Iglesia? Y Lorenzo condujo al prefecto a un inmenso comedor donde estaban muchísimos de los más necesitados en Roma. Y dijo: Estos son los tesoros de la iglesia. Así que él practicó esa clase de servicio. El servicio a los pobres. Pero no hay que quedarse solo en el pan material. También es necesaria la evangelización, que es el pan espiritual. Los diáconos todavía hoy en día están autorizados para predicar. Un diácono, ya se trate de diácono permanente o de diácono transitorio, tiene la facultad siempre claro, de acuerdo con quien preside la Eucaristía, tiene la facultad de dirigir la Palabra a la asamblea en la homilía. Puede dar la homilía el diácono. Eso también es servicio. Es servir el pan de la Palabra, es ofrecer el evangelio de salvación. Y esto ciertamente lo practicó de modo muy hermoso, Lorenzo. Hay otro diaconado. Hay otro servicio que también él vivió y es el servicio litúrgico. El diaconado litúrgico quiere decir tomar la ofrenda que somos nosotros y unirla a la ofrenda de Cristo en el sacrificio eucarístico. El diaconado, la presencia del diácono en la celebración eucarística tiene un profundo sentido porque el diácono no preside. En ese sentido se parece al resto de la Asamblea, pero sí está en el altar. Y en este sentido se parece a quien preside la Asamblea. En este aspecto, el diácono viene a ser como una especie de puente porque representa la Asamblea y está cerca de quien preside. En la época de Lorenzo, esa Eucaristía, la Eucaristía en la diócesis de Roma era presidida básicamente por el obispo de Roma, es decir, por el Papa. Y es muy hermoso ver que Lorenzo cumple esa función litúrgica tan exquisitamente simbólica llevar la ofrenda, las necesidades, las intenciones y también los agradecimientos del pueblo de Dios, llevarlos al altar. Esa es la tercera dimensión del servicio y la cuarta, la más sublime, es el servicio, es el ofrendar la propia vida. Este hombre es un mártir. La palabra mártir quiere decir un testigo, uno que ha dado el supremo testimonio hasta entregar su propia vida. La vida de Lorenzo se convierte en ofrenda al morir, al entregar su vida. Él es una predicación elocuente que alcanza lo más profundo de nuestro ser. Así que servicio a los pobres, predicación de la Palabra, asistencia al altar y martirio. Todo lo vivió con intensidad, con hermosura, con perfección San Lorenzo, diácono y mártir.

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