Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Sólo el exceso de amor vence sobre el exceso del dolor.

Homilía slor009a, predicada en 20130810, con 4 min. y 19 seg.

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Transcripción:

San Lorenzo se recuerda en este día. Nuestra Iglesia proclama con gozo la santidad de uno que amó hasta el extremo. Estamos hoy efectivamente, celebrando a Lorenzo, diácono y mártir, y observa la expresión que he utilizado uno que amó hasta el extremo. Porque esa, mis hermanos, esa es la grandeza de los mártires. La frase amar hasta el extremo se le aplica en primer lugar a Jesucristo, está en el capítulo doce de San Juan: Habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo, y el amor extremo de Cristo se refleja de un modo fiel y de alguna forma actualizado en los mártires de cada siglo, de cada cultura, de cada país. O sea que al recordar a Lorenzo, diácono de la Iglesia de Roma.

Pues también tenemos que volver nuestros ojos y reconocer en nuestros propios países y culturas aquellos que han sufrido por la fe y especialmente aquellos que han llegado al supremo testimonio, que han llegado hasta el martirio por la fe. Eso es lo que estamos recordando. Uno que amó hasta el extremo. Porque el asunto del martirio no es solamente ni principalmente entrenamiento. No se trata de ver cuánto dolor puedo aguantar yo en el caso de Lorenzo, pues su muerte fue espantosa. Fue asado vivo. Es difícil siquiera imaginar la magnitud del dolor que experimenta una persona a la que se le hace pasar por esa tortura hasta matarla. Pero este no es un asunto de entrenamiento. Este no es un asunto de resistencia. Y lo más importante, ni siquiera es el dolor Lo más importante es el amor, que llega a ser pequeño ese dolor. Que sea grande, el dolor puede espantar nuestros ojos, pero que sea más grande el amor tiene que llenar de esperanza a nuestro corazón y todo nuestro ser.

Y según se cuenta en antiguas crónicas, ya en Lorenzo se da esa clase de triunfo Espantoso martirio ser asado vivo. Pero así, en medio de ese tormento, él habla con serenidad a su verdugo y le dice: Ya estoy asado por este lado, ya puedes darme la vuelta. Esa expresión serena que contiene. Si puedo hablar así, Santa ironía está mostrando que, está mostrando que es más grande lo que lo mueve a él, que el poder de las llamas. Es más grande el amor que lo ha conducido hasta el sacrificio que el odio, que lo ha conducido hasta esa parrilla ardiente. Y ese amor grande es el que hace maravillas. Y por eso la Iglesia se vuelve siempre con atención, siempre con gratitud. Y creo yo que puedo decirlo siempre con ojos de discípula, se vuelve hacia los mártires como volviendo a aprender una y otra y otra vez la lección del Maestro.

Porque en cada uno de esos martirios realmente lo que se hace presente es el misterio mismo de la cruz del Señor, renovado ante nuestros ojos de mil maneras distintas. La intercesión de San Lorenzo atraiga ese amor, ese vigor, esa vitalidad a nuestra Iglesia. Cuánto necesitamos de esa vitalidad para que también nosotros, más allá de las dificultades de este mundo, podamos expresar con serenidad, con alegría y con un toque de sabiduría quién es el más grande, quién es el verdadero Rey.

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