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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Lorenzo descubrió lo que saben los mártires de todos los tiempos: que en últimas es un regalo sufrir por Cristo.
Homilía slor005a, predicada en 20110810, con 4 min. y 23 seg. 
Transcripción:
La palabra diácono quiere decir servidor. Hoy estamos recordando a uno de los diáconos más amados y más venerados en nuestra Santa Iglesia Católica. Su nombre Lorenzo, San Lorenzo. Este diácono vivió, podemos decir, en los primeros tiempos del cristianismo. Pertenece al siglo tercero. Fue torturado de una manera horrorosa. Hacia el año doscientos cincuenta y ocho, por orden de un emperador enemigo de los cristianos. Este hombre se llamaba Valeriano Valeriano antes de torturar y matar a Lorenzo, decapitó al Papa de aquella época. Y hay que saber que la diaconía de Lorenzo, es decir, su servicio, cubría tantas cosas. ¿Qué dijo Jesucristo? Yo no he venido a ser servido, sino a servir. Esto quiere decir que el primer diácono es Jesucristo. ¿Y cómo nos sirvió Jesucristo? Nos sirvió el pan de la Palabra. Nos sirvió el don de la salud, especialmente el que entregó a los enfermos, a los ciegos, a los paralíticos, nos sirvió el bálsamo del consuelo, nos sirvió el regalo del perdón. Pero el mayor servicio que nos prestó Jesucristo fue devolvernos el regalo de la amistad, el regalo de la dulce amistad con Papá Dios. Jesucristo nos regaló volver a la amistad con Dios y para llegar a ese regalo, para quitar todo obstáculo, Cristo mismo se hizo puente, como explica Santa Catalina de Siena. Para derribar ese muro que nos separaba de Dios, Cristo ofreció su propio cuerpo. San Pablo lo dice Cristo derribó con su cuerpo el muro de odio que nos separaba a los humanos unos de otros, y, por supuesto, el muro que nos separaba de Dios. Pero en su esfuerzo, en su tarea generosa de derribar ese muro, Jesús se rompió. Y por eso el servicio de Cristo es también darse Él mismo. Lo vemos claramente en la Eucaristía. El pan hay que partirlo para repartirlo, para compartirlo. Cristo se partió, Cristo se rompió para darse. Este es el mensaje profundo que han entendido los mártires. Han entendido que no se puede seguir plenamente a Jesucristo, puesto que nos llamamos discípulos suyos y seguidores suyos. Pues no se puede seguir propiamente a Jesucristo si uno no está dispuesto también a partirse. Y por eso los mártires veían su entrega fundamentalmente como un regalo que Dios les hacía a ellos, porque era como concederles imitar a su Maestro y como concederles participar en el mismo camino del servicio. Y eso fue lo que hizo San Lorenzo en su tortura espantosa. Se dice que al final fue asado vivo en esa tortura espantosa. Lorenzo encontró la alegría más grande, la alegría de ser con Jesús y de ser como Jesús. San Lorenzo, diácono y mártir, intercede por nosotros.

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