Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

San Lorenzo, testigo del Evangelio.

Homilía slor003a, predicada en 20000810, con 6 min. y 38 seg.

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Transcripción:

Lorenzo es uno de los diáconos más conocidos y más amados de la antigüedad cristiana. Diácono de la Iglesia de Roma en tiempos de persecución. Fue obligado a presentar los tesoros de la Iglesia porque se decía que él, como diácono y encargado de las limosnas, tenía muchos dineros por ahí escondidos, dineros que no llegaban a las arcas del imperio. Y es famosa la anécdota. Él dijo a sus perseguidores, a los que le pedían cuentas de parte de El Imperio, les dijo: Les voy a mostrar los tesoros de la Iglesia. Y fue hasta el lugar donde estaba reunido un gran grupo de pobres y dijo: Estos son los tesoros de la Iglesia. Esa respuesta tan profunda, tan bella, tan cierta. Desde luego, no agradó a sus enemigos. Y el hecho es que un tiempo después fue condenado a morir con una muerte atroz que quedó grabada en la memoria de aquellos cristianos. Como si se tratara de un animal, fue asado vivo sobre una parrilla.

El Señor Dios le dio una fortaleza completamente sobrenatural. Y se recuerda también la frase irónica, podríamos decir del mismo Lorenzo. Le decía al cruel tirano que lo había sometido a ese tormento. Le decía Bueno, ya puedes, ya puedes comer, ya está quemado, ya puedes comer. Esa frase de santa ironía, podríamos decir, también entraña un sentido profundo para nosotros. Porque, efectivamente, lo que nosotros consumimos en la Eucaristía es el cuerpo sacrificado, ofrendado de Cristo mártir. Y a Cristo mártir siguió Lorenzo. Y en la vida de Lorenzo se cumplió el Evangelio de hoy. Decía Cristo: El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor. Por eso nosotros sabemos que los que han seguido hasta la cruz, hasta la muerte, hasta el sepulcro a Jesucristo, están con él. Porque Cristo dijo: Allí también estará mi servidor donde yo esté. Cristo está en la gloria, San Lorenzo está en la gloria. Si quisiéramos resumir en unas pocas palabras la vida y la muerte de San Lorenzo, creo que cuatro, cuatro serían convenientes. Misericordia, generosidad, consagración, testimonio.

Lorenzo es un testigo del Evangelio de Cristo que, por decirlo de alguna manera, en su vida y en su muerte, representa como lo central del Evangelio. Y tal vez por esto la Iglesia de Roma se dio cuenta de que en esa muerte no había solamente un testigo más de Cristo, no solo otro muerto más por la persecución romana, sino que había acontecido, había sucedido el Evangelio en medio de ellos. Misericordia para con los pobres, generosidad con los necesitados. Consagrado en medio de la Iglesia, Testigo de la Palabra. Testigo de la caridad. Testigo del poder del Espíritu. Lorenzo, interceda. Lorenzo, ruegue por nosotros. Lorenzo, infunda también esas cuatro preciosas virtudes en la Iglesia de nuestro tiempo. Una Iglesia misericordiosa. La misericordia cambia, el afán de competencia entre carismas o virtudes lo cambia por la alegría de ver restaurada la vida que estaba enferma o debilitada. Donde hay misericordia, cesa la rivalidad, cesa el orgullo. Y donde hay generosidad llega la alegría. Y donde hay consagración se levantan los corazones hacia Dios. Y donde hay testimonio el alma cristiana está alimentada, está robusta, está fuerte.

Lorenzo ruega por nosotros. Lorenzo regala tiempos de misericordia, especialmente en los sacerdotes, en los diáconos, en los obispos. Regalanos generosidad en estos tiempos de intercambio de comercio, donde todo tiene precio y donde no damos y no nos dan. Regalanos generosidad. Tú fuiste ejemplo elocuente de la gracia. La gracia que es regalo, danos generosidad, danos consagración, el sentido de la pertenencia a Dios, el ser suyos. Y danos también testimonio. Una palabra que llegue, que toque, que convierta. Notemos cómo esas palabras que he citado al mencionar la vida de Lorenzo, esas palabras tan fuertes atravesaron los siglos. Aquello que dijo de los pobres o aquello que dijo cuando lo estaban matando.

Esas predicaciones, que son solo dos frases, han atravesado todos estos siglos para llegar hasta nosotros. Esas son las palabras que necesitamos. Palabras que atraviesen los siglos, palabras que penetren en los corazones y que los vuelvan hacia Dios.

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