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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
San Joaquín y Santa Ana nos muestran que la santidad en pareja se expresa en pureza, fecundidad y generosidad. La auténtica pureza siempre es fecunda y la fecundidad debe estar unida a la generosidad.
Homilía sjya020a, predicada en 20250726, con 7 min. y 37 seg. 
Transcripción:
El 26 de julio recordamos y celebramos como Iglesia a los padres de la Santísima Virgen María, san Joaquín y santa Ana. Estos nombres no aparecen en la Biblia, aparecen en otros documentos, que llamamos documentos apócrifos, en el sentido de que son escritos de la misma época de los Evangelios, pero no tienen la autoridad de los Evangelios. Y la verdad es que estos nombres específicos, Joaquín y Ana no son lo más importante. Lo más importante es descubrir la santidad del amor de esta pareja, santidad que se expresa en pureza, en fecundidad y en generosidad.
Y esas tres palabras que brillan de un modo tan hermoso en Joaquín y Ana, son las que en este caso vamos a reflexionar: pureza, fecundidad y generosidad. La flor de pureza por excelencia es María Santísima, la siempre Virgen, la que llamamos con alegría la Purísima. Pero es que la pureza que está desde la concepción de María, indudablemente tuvo ya su casa en el corazón de Joaquín y de Ana. Y algunos de ustedes ya me han escuchado una idea un poco loca que tengo, y es que los padres de la Virgen María deberían ser considerados patronos de la sexualidad humana.
Porque la bellísima Rosa del cielo, como la llamaba María Ramos, la bellísima y purísima Virgen María, fue engendrada a través de la sexualidad de Joaquín y de Ana. Y ese hecho me parece tan hermoso, sobre todo porque estoy convencido de que nosotros los seres humanos siempre necesitamos puntos de referencia, siempre necesitamos, qué se yo, llámalo modelos, llámalo líderes, llámalo paradigmas. Necesitamos en quien posar nuestros ojos para decir, así es como se deben hacer las cosas.
Pues, Joaquín y Ana que engendraron y dieron al mundo la flor más pura que es María Santísima, pues sin duda pueden enseñarnos qué significa una sexualidad humana correctamente vivida. Esa pureza que hay en el corazón de ellos, esa pureza que hay en el cuerpo de ellos, es la que Dios toma, la eleva en un grado supremo con la fuerza de su gracia y hace posible que exista la Madre de Jesucristo.
Esta pureza, yo creo que a todos nos debe inspirar, pero muy particularmente es importante que llegue como testimonio y que llegue, podríamos decir, como inspiración y esperanza a los matrimonios, a todos aquellos que quieren formar una familia, a todos aquellos que tienen el deseo de casarse. Creo que nos hemos acostumbrado tanto a que la impureza entra en las relaciones afectivas que, tal vez, nos puede resultar extraño hablar de pureza cuando se trata de pareja. Pero hay que hacerlo y ahí están Joaquín y Ana para recordárnoslo.
En segundo lugar, la fecundidad. Es que sucede que, así como en nuestro tiempo muchos asocian sexo con libertinaje y con falta de límites, y con no tener otra ley sino el propio disfrute, pues muchos también miran la sexualidad como un ejercicio completamente estéril. Me he encontrado con el caso tanto en hombres como en mujeres, de personas que dicen: Pues, yo me voy a esterilizar, así como se oye. He encontrado hombres y mujeres y, a veces, matrimonios que dicen: Hijos no queremos, ¿para qué más hijos en este mundo?
O hombres solteros que dicen: Me voy a hacer la vasectomía, ¿para qué? Pues para tener todo el sexo que yo quiera tener sin la preocupación de que voy a embarazar a alguien. Y mujeres también que hacen lo correspondiente con sus cuerpos mutilándolos. Es decir, que el mismo mundo que le hace una especie de culto a la impureza y al libertinaje, es el mundo que también le hace culto a la esterilidad. Pero ahí están Joaquín y Ana para contarnos que la auténtica pureza siempre es fecunda. En el caso de ellos, fecundidad de santidad y fecundidad biológica.
No siempre será la fecundidad biológica lo que tenga que llegar a nuestras vidas. Pero todas las vidas, todas, también la mía, también la tuya, la de todos, del soltero, de la religiosa, del ermitaño, del matrimonio, del abuelito, del niño pequeño, todas las vidas están llamadas a ser fecundas. Y me parece bellísimo que estos santos a los que amamos tanto en razón de su hija, nos lo estén recordando. Hermosa la fecundidad, pero es que para que la fecundidad alcance su propio nivel, es decir, el nivel que Dios le ha dado, la fecundidad tiene que estar unida a otra realidad que se llama generosidad.
Es hermoso que Dios les dé hijos a las parejas, porque, de hecho, el mismo Dios dijo: Creced y multiplicaos. Pero, esos hijos no son para que te adueñes de ellos. Mi papá solía repetir esta frase que fue como una reflexión que él se hizo a temprana edad: Los hijos son prestados. De manera que los hijos son para entregarlos, por supuesto, no para entregarlos al poder del pecado, no para entregarlos a los encantos del mundo o de la carne. Los hijos son para darles santos a Dios, para esos son los hijos.
Y es maravilloso cuando las parejas entienden esto y preparan a sus hijos, esos hijos que Dios les ha regalado, para que sean miembros útiles de la sociedad y sobre todo auténticos hijos de Dios, coherederos de nuestro Señor Jesucristo. Así que, pureza, fecundidad y generosidad, grandes lecciones que nos dejan estos queridos Joaquín y Ana, bendito sean ellos y bendita, mil veces bendita la Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor.

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