|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Claves en la educación de niñas y jóvenes, a partir del testimonio de la misión que cumplieron San Joaquín y Santa Ana.
Homilía sjya008a, predicada en 20130726, con 17 min. y 34 seg. 
Transcripción:
Los bebés y los animalitos pequeños nos inspiran de una manera espontánea, ternura. El Papa Francisco ha hablado de la importancia de este sentimiento. ¿Qué quiere decir ser tierno? Uno también habla, por ejemplo, en un banquete, en una comida, uno dice: la carne está tiernecita. La palabra ternura viene de una raíz en latín que explica por qué utilizamos ese lenguaje, resulta que tierno es literalmente blandito, tener ternura es ablandarse. Pero no es cualquier tipo de blandura o de ablandamiento, es la blandura que hace posible recibir al otro.
Por ejemplo, si tomamos como cama una losa de piedra, pues esa losa, esa piedra no lo recibe a uno, yo creo que pocas personas dirían que esa losa de piedra es tierna porque no lo recibe a uno. Un colchón si lo puede recibir a uno, porque siendo blando toma la forma de uno, acoge el cuerpo de uno, recibe lo que uno es. Entonces, la ternura es abrir espacio para que la otra persona pueda llegar. Por eso la ternura, la verdadera ternura no es debilidad, la verdadera ternura incluso requiere de una gran fortaleza, porque es recibir al otro, pero para sostenerlo. Si se recibe a la otra persona sin sostenerla, entonces eso se hunde.
Por ejemplo, uno no diría que el agua es tierna, el agua recibe la forma de mi cuerpo, pero me deja caer. Entonces, la blandura no es debilidad, sino es capacidad de acogida, y en esa misma acogida hay fortaleza. Yo creo que ese don se ve muy bien en este Papa, porque uno ve que es una persona de un gran carácter, de una tremenda reciedumbre, pero también es un hombre capaz de llorar, de abrazar, de besar y de conmoverse. Esa es la verdadera ternura, capacidad de acoger y capacidad de sostener. Acoger es volverse blandito. Sostener, pues es tener también fortaleza.
Es una combinación de blandura y fortaleza que permite recibir al otro, especialmente cuando ese otro es pequeño. Entonces, Dios ha puesto en nosotros esa clase de sentimientos que son supremamente providenciales porque, cuando tenemos a un bebé y este sentimiento de ternura se despierta, eso es lo que permite que lo acojamos y lo sostengamos. Y acoger y sostener es lo que hace posible que la vida prospere. Entonces, el bebé que es acogido y que es sostenido, tiene la oportunidad de ser, se le concede, se le da la oportunidad de ser. La ternura permite ser, facilita el ser, posibilita el ser en el otro, esa es la ternura.
La ternura se nota particularmente en el caso de la mujer y, sobre todo, de la mujer que es madre, porque literalmente, en su interior, literalmente en su matriz, ella recibe, pero es evidente que requiere de fortaleza. Por eso hay varios apuntes que dicen, de una manera muy coloquial, que eso de ser mamá es para machos, dicen, se necesita mucha machera, pero no en el sentido de masculinización, sino de fortaleza. Una mamá tiene que ser muy fuerte, muy fuerte y superar muchas cosas y sobreponerse a muchas cosas y posponerse muchas veces, eso es fortaleza.
Pero, a la vez, tiene que ser muy blandita, tiene que dejarse impactar hasta por el mínimo gesto de ese bebé, de ese pequeñito, para poder acoger todo ese ser y abrirle espacio a ese ser. Entonces la ternura, en ese sentido es una virtud que sobresale en la mujer y, sobre todo, en la mujer que es madre. Estas reflexiones sobre la ternura, la acogida y la fortaleza, yo creo que son interesantes y son oportunas cuando pensamos en la formación de una niña, en lo que implica formar a una niña, porque es que los papás de la Virgen no son simplemente los que dieron el material genético.
En la Biblia, por supuesto que el ser papá, el ser mamá, no es simplemente el producir una realidad biológica, es hacer posible una realidad humana. Y esa realidad humana es la que estos papás que tradicionalmente se llaman Joaquín y Ana, hicieron posible en María, es decir, formaron a esta niña. Hay que ver en ella, en la Santísima Virgen, la expresión de la más plena, de la más perfecta ternura. Porque recibiendo al Hijo de Dios y acompañando la misión del Hijo de Dios, ella realiza de un modo eminente lo que contiene la ternura. Recibir al Hijo de Dios no es simplemente cuidar un tesoro como el que cuida un diamante.
La manera de cuidar un diamante ¿cuál es? Los diamantes se cuidan poniendo distancia. Aquí está el diamante, entonces lo meto en una caja fuerte que está dentro de una bóveda, que está dentro de un banco cuidado por un guardia y allá hay una reja y allá hay una aduana. Los tesoros, como el diamante, se cuidan poniendo distancia. Pero el verdadero desafío, cuando se trataba o cuando se trata de recibir al Hijo de Dios, es que el Hijo de Dios, siendo tesoro más grande que todos los diamantes, no se puede cuidar de esa manera, el Hijo de Dios se cuida para entregarlo.
Entonces, dicho de otra manera, al recibir al Hijo de Dios, María tenía que recibir también la misión de ese hijo, es decir, lo recibía con todas sus consecuencias. Y al recibir al Hijo de Dios que tiene la misión particularísima de levantar la humanidad caída, porque esa es la redención, entonces, María tiene que recibir a ese que va a levantar la humanidad caída y a ese no se le recibe para esconderlo, para retenerlo, para poseerlo y para crear distancia. A ese se le recibe para ofrecerlo, para entregarlo, para darlo, es un tipo de maternidad muy especial. Toda mamá vive eso, en un pequeño grado. El lema es: los hijos son prestados, se reciben, pero para darlos.
Sin embargo, ninguna mamá ha experimentado hasta el grado de la Virgen, eso de que su hijo es suyo y es para todos. Es como que el acto de darlo y el acto de recibirlo se juntan tanto, que ella misma prácticamente tiene que desaparecer. Piense usted así, con mentalidad matemática, piense usted en lo que es, por ejemplo, un tubo. El tubo recibe por un lado el agua, por otro lado la entrega. Pero si el recibir y el entregar son prácticamente simultáneos, el tubo queda reducido a nada y eso es lo que ella vive y esa es la humildad de María.
La humildad de María es ser un tubo que desaparece, que al recibir ya entrega, y por eso ella tiene que, de algún modo, convertirse simplemente en transparencia. Es algo muy difícil de pronunciar, es algo muy difícil de entender, pero es la clave de la hermosísima santidad de la Virgen, es su manera de ser esclava del Señor. Ella es el tubo que se disminuye hasta desaparecer, porque ese Hijo en particular, es el Hijo que es para todos, porque esa es la misión del Hijo. No es un diamante para que lo escondas, no, no es, es un redentor para que lo entregues.
Y concuerdan los grandes predicadores y teólogos y doctores de la Iglesia, entre los cuales hay que mencionar a Catalina de Siena, enseñan que la redención de Cristo no empezó en la cruz ni empezó cuando Él salió de la casa, Cristo es redentor desde el hecho mismo de su encarnación. Eso quiere decir que, desde el hecho mismo de su encarnación, la maternidad de ella es entrega. Y eso quiere decir que su manera de recibir y su manera de sostener son perfectísimas. Y por eso, en realidad, hay que llamarla como la llama la Iglesia, Madre del amor hermoso. Y por eso, hay que ver en ella la perfectísima ternura.
La pregunta es ¿quién está formando a las niñas hoy? La pregunta es si las niñas hoy se están formando para eso, si se están formando para ser capaces de recibir a la humanidad maltrecha, muchas veces desilusionada, desposeída. Nos decía Pablo en la reflexión, una juventud a la que se le han robado las oportunidades. Claro, no estamos canonizando aquí a los jóvenes. Ellos tienen sus responsabilidades y tienen su parte de culpa también en muchas cosas, no estamos diciendo que son unos inocentes, pero es muy cierto eso, es una juventud a la que se le han robado oportunidades.
Cuando a un joven se le dice: Si tú hoy pretendes tener una vivienda decente, tus próximos 40 años serán para el banco. Eso ¿qué significa, qué se le está diciendo a esa persona? Entonces, este mundo de gente maltrecha, de gente sin casa, este mundo de gente sin hogar y sin hospital y sin escuela, este mundo de gente a la que le han robado la juventud, le han robado el talento, le han robado el dinero, le han robado la libertad, le han robado la pureza. Este mundo ¿encontrará en las niñas, en las niñas de hoy, encontrará capacidad de acogida y capacidad de entrega, encontrará acogida, fortaleza y entrega?, que es lo que vemos en María.
Entonces, lo que yo admiro en Ana y Joaquín es que así fue como formaron a María, la formaron así, la formaron para que fuera eso. María es la obra perfectísima de la gracia de Dios, pero la gracia de Dios no cancela la mediación humana, no anula la naturaleza, la supone nos dice Santo Tomás de Aquino. Así que Ana y Joaquín son los artistas en la formación de niñas, Ana y Joaquín son los artistas en la formación de la infancia, sobre todo la infancia femenina. Dios se valió de ellos para formar a esta chiquita, esta bebita, para formarla, para que ella pudiera ser ese tubo que desaparece, que como en las matemáticas, tiende a un límite cero.
Ellos fueron instrumentos del Espíritu Santo para formarla así. Y así formada, cuando llega la vocación de parte de Dios y le dice: Te quiero para madre de mi Hijo, ella está lista y puede decir: Que se haga en mí según tu palabra. ¿Dónde están Ana y Joaquín en nuestro tiempo? ¿Dónde están las mujeres que sepan formar a otras mujeres, a sus hijas, a sus alumnas, a sus empleadas, a sus amigas? ¿Dónde están las Anas y los Joaquines que sepan formar a las niñas así, para que sean eso? Porque resulta que el mensaje que el mundo tiene para las niñas es muy distinto.
El mundo no quiere que ellas sepan acoger, el mundo quiere que ellas se encierran en el límite de su propia piel, de sus propios gustos y de su propio dinero. Y no las quiere fuertes, no quiere que tengan fortaleza. Más bien, quiere que sean tontas, volubles, caprichosas, entre otras cosas, porque una mujer suficientemente caprichosa es lo más interesante para el mercado. Esa mujer que dice: No, me cansé de mi armario, boten eso. Quiero todo nuevo. Esa es la mujer ideal para el mercado. La mujer voluble, la tonta, la superficial, la caprichosa y la egoísta, y la que es de piedra y la que no le interesa nada, sino sus metas, su placer, sus gastos y ser la reina de la fiesta.
Eso es lo que el mundo quiere. Entonces, quiere decir que necesitamos muchísimos Joaquines y muchísimas Anas que puedan formar a las niñas para que puedan ser capaces de acoger a la humanidad, porque las niñas no tienen esa capacidad, no tienen capacidad de acoger, a duras penas, se interesan en sí mismas, en su carrera, en su futuro, en su dinero y algunas, yo digo las más desventuradas, en sus placeres, esclavas entonces de la figura, de la salud, del cuerpo, de las vanidades de este mundo, pues esas son las que están en peor condición.
Pero aún, las que uno diría que están mejor, muchas veces son terriblemente egoístas, no tienen mente sino para lo suyo: ¿Cuál va a ser mi carrera, cuál va a ser mi vida, cuál va a ser mi futuro? Y así viven. Entonces, ¿dónde está Santa Ana, por Dios, dónde está San Joaquín? Para que esas niñas puedan tener capacidad de acogida, para que se dejen impactar por el dolor del mundo y lo sepan recibir, para que no sean únicamente gente que lamenta lo que está pasando, sino que tenga también fortaleza para sostener y para construir.
Y para que, después de todo eso, lo mismo que la niña María, sean capaces de decir: Todo esto para Dios, para la gloria del Señor. Que san Joaquín y santa Ana intercedan por nosotros. Cuánto necesitamos de estos santos, cuánto necesitamos de este ejemplo para que brille la hermosura del Evangelio y para que muchos, muchos más, puedan percibir el mensaje de salvación y aplicarlo en su vida.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|