Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Si algo debemos retener de los padres de la Virgen es que sin duda pertenecen al Pequeño Resto de Israel.

Homilía sjya007a, predicada en 20130726, con 4 min. y 58 seg.

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Transcripción:

El 26 de julio nuestra Iglesia Católica recuerda a san Joaquín y santa Ana, los padres de la Santísima Virgen María. Lo primero que hay que decir, por supuesto, es que estos nombres no aparecen en la Biblia, así que es natural preguntarse ¿de dónde vienen? Provienen de un texto que se llama el evangelio de Santiago. Ese texto, junto con muchísimos otros, cuenta hechos de la época de Cristo, ese texto pertenece a lo que llamamos evangelios apócrifos.

En este caso, la palabra apócrifo está indicando a toda esa familia de documentos de textos que decían muchas cosas sobre Cristo, algunas realmente fantasiosas, otras quizás verdaderas, pero que en todo caso no llegaron a ser parte de la Biblia. Lo que llegó a pertenecer a la Biblia se dice que pertenece al canon de la Biblia. Canon indica lo que es lo normativo, lo que es la regla, lo que está establecido. Entonces, el canon de la Biblia es el conjunto de textos que la Iglesia ha discernido como verdadera y auténtica Palabra revelada por Dios, ese es el canon de la Biblia y esos son los textos canónicos.

Lo que no es canon de la Biblia, pero que fue escrito en el mismo ambiente o por la misma época, o que se refiere a los mismos personajes durante ese mismo tiempo en que fueron escritos, por ejemplo, los evangelios, eso es lo que llamamos textos apócrifos. La Iglesia ha tenido una actitud muy prudente realmente con respecto a los textos apócrifos. Por algo esos textos no llegaron a ser canónicos, es decir, por algo esos textos no fueron acogidos como propiamente Palabra de Dios. Y esto quiere decir que, en el caso de los papás de la Virgen, recogemos esos nombres Joaquín y Ana, porque aparecen ahí, en esa tradición, en ese escrito.

Pero los nombres no son lo más importante, es decir, si esos no fueron los nombres, no son los nombres lo que nosotros estamos celebrando cuando recordamos a estos santos, esos nombres que podrían ser otros, no son lo más importante. Tenemos ese recuerdo, tenemos esos nombres, pero los nombres mismos no son lo principal. Entonces, la siguiente pregunta es ¿qué es lo principal, qué celebramos si es tan poquito lo que sabemos de ellos? Pues si miramos cómo se relaciona el Antiguo Testamento con el Nuevo Testamento, vemos que el puente que vincula al Antiguo con el Nuevo Testamento está dado por aquellas personas que el profeta Sofonías llama el pequeño resto.

Es decir, los pobres de Yahvé, es decir, aquella comunidad de creyentes que han sobrevivido a todas las catástrofes que se cuentan en el Antiguo Testamento, muy singularmente la terrible, la terrible catástrofe del destierro. Los sobrevivientes del destierro, los que han conocido la arrogancia de otros imperios, por ejemplo, el Imperio de los lágidas, el Imperio helenístico, el Imperio romano, por supuesto, los que han sobrevivido a toda esa arrogancia y los que han permanecido fieles a Dios y que van a ser los primeros en escuchar y los primeros en acoger la enseñanza de Cristo, van a llegar a ser el pueblo de las bienaventuranzas.

Esos son los que sirven de puente entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Entonces, cuando hablamos de Joaquín y Ana, más que fijarnos en esos nombres o más que fijarnos en historias apócrifas de las cuales es muy difícil saber qué es cierto y qué no es cierto, lo que a nosotros nos interesa es que los papás de la Santísima Virgen pertenecen a ese pueblo empobrecido, a ese pueblo que supo desilusionarse de la arrogancia humana y, sobre todo, pueblo que supo adherirse con todas sus fuerzas al amor de Dios y supo buscar la fidelidad. Y ese es el entorno y ese es el amor y ese es el hogar que encontró María cuando llegó a este mundo. Bendita sea su memoria.

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