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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Una reflexión sobre el lugar de las personas mayores en la sociedad.
Homilía sjya005a, predicada en 20120726, con 4 min. y 56 seg. 
Transcripción:
Nuestra Iglesia recuerda el día de hoy a los abuelitos de Jesús, papás de la Santísima Virgen, San Joaquín y Santa Ana, son los santos que hoy recordamos y que nos inspiran. No hace mucho el Papa Benedicto hacía una reflexión sobre lo que significan los abuelos y yo creo que algunas palabras de las que nos dijo el Papa en aquella ocasión siguen siendo plenamente válidas, por supuesto.
Porque una cierta mentalidad utilitarista mira a la persona mayor, al anciano, simplemente como aquel que ya no produce. Como la vida laboral en nuestra sociedad occidental está claramente delimitada y hay una edad de retiro, pues parece que cuando termina la productividad económica tenemos la idea, quizás inconsciente, de que termina la productividad de la persona, es decir, ya no se puede esperar más de ella. Yo pienso que estos venerables Joaquín y Ana pueden ayudarnos y pueden inspirarnos y pueden interceder por nosotros para que esas realidades cambien, porque tenemos que volver a apreciar lo que significa la sabiduría.
Durante siglos y siglos, en todo tipo de sociedades, pueblos y naciones los ancianos eran los que gobernaban, tanto que la palabra presbítero, con la que se designa al sacerdote usualmente, lo que quiere decir es precisamente anciano, los presbíteros son los ancianos. Y la razón por la que el anciano se supone que tiene esa capacidad de liderazgo es porque ha pasado por muchas situaciones, es decir, porque tiene experiencia y porque también sus intereses, sus propios intereses se supone que han cambiado.
Aquel que ha visto el principio y el final de cada cosa, aquel que ha visto, por ejemplo, cómo empieza la pasión, cómo evoluciona el amor, cómo termina la vida, esa persona, la que ha visto la curva entera, puede evaluar con mayor serenidad, puede evaluar con mayor tranquilidad qué es lo que sucede, qué es lo valioso y qué no es valioso. Por eso, el primer sentido en el que necesitamos recuperar el lugar de la persona mayor en nuestra sociedad, es a través del consejo y de la sabiduría.
Hay un segundo aspecto, cuando hablamos de la persona mayor, hablamos de alguien que tiene que ver mucho más cercano el final de su propia vida. Y esa cercanía del final, cercanía, por tanto, de la muerte, digámoslo abiertamente, suele tener un efecto saludable en la manera como nosotros reflexionamos, en la manera como evaluamos o juzgamos de las cosas. Porque cuando decimos que la muerte está próxima, pues tenemos necesariamente que preguntarnos ¿qué es lo valioso y qué no es valioso?
Fíjate cómo muchas personas, no necesariamente mayores, cuando han pasado por experiencias extremas, por ejemplo, accidentes de los cuales se han salvado milagrosamente. Las personas repiten este tipo de frases: Volví a nacer, para algo me tiene Dios en esta vida. Y hay algo que siempre sucede, cuando pasan por una experiencia de esas, empiezan a evaluar las cosas de otro modo. Cuáles son las peleas que verdaderamente valen la pena, de qué vale la pena realmente disgustarse, cuáles son los empeños que, en realidad, se justifican.
Solamente cuando uno tiene conciencia de esa proximidad del final, empieza a evaluar las cosas de un modo distinto. Pidamos al Señor, por la intercesión de Joaquín y Ana, que aprendamos a valorar más lo que son las personas mayores entre nosotros, por su sabiduría y por su capacidad de juzgarlo todo a la luz de la eternidad. Así sea.

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