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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La bendición que recibieron San Joaquín y Santa Ana.

Homilía sjya003a, predicada en 20020726, con 12 min. y 57 seg.

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Transcripción:

Joaquín y Ana traen a la historia el regalo grande de santidad, de belleza y de pureza que es la Santísima Virgen María. Y la vida de ellos y esta hija que Dios le regaló, me hace recordar uno de los prefacios del ritual del matrimonio en la Iglesia. Allá decimos que le damos gracias a Dios porque la bendición que Dios le otorgó al matrimonio no fue destruida por el pecado, ni fue lastimada por el castigo del pecado.

Es decir que hay muchas cosas que nosotros no conocemos del Paraíso, no sabemos qué significa la inmortalidad, no sabemos qué significa la impasibilidad o algunos otros bienes que podían tener aquellos al comienzo. Pero hay algo del paraíso, hay un eco del paraíso en la fecundidad matrimonial, en el milagro repetido de la vida. Cada uno de nosotros tiene en el hecho de existir, en el estallido de gozo que trae engendrar vida, trae un pedacito del paraíso. De manera que la serpiente logró mucho, pero no logró todo. Quería destruir la vida, y sí, la vida de la gracia quedó destruida, pero la bendición de Dios que hace fecunda la raza humana no quedó destruida.

Y eso significa que cada existencia humana tiene en sí un eco de la alegría que sintió Dios cuando dijo: Todo está bien. Santo Tomás de Aquino con su característica profundidad, nos invita a reflexionar en esto, la primera alegría que desde el punto de vista bíblico es una alegría del paraíso y desde el punto de vista metafísico, es una alegría del ser, es una alegría que todos cargamos dentro. Quien se deje guiar por un pensamiento recto, quien medita en esto, descubrirá en sí el gozo de existir. Ser es una victoria sobre la nada, ser es un freno a la pretensión del demonio, ser es una participación del gozo que Dios tiene cuando vio todo lo que había hecho y todo estaba bien.

Llevamos esa alegría, hay santos que han percibido especialmente ese gozo, el gozo de existir, que es un hilo que nos conecta con el proyecto primero de Dios. Y que yo más recordaría, o la que yo más recordaría en este momento es Santa Clara de Asís. Cuando ella rompe a cantar y le dice a Dios: Gracias por crearme, es algo tan hermoso volverte a Dios, descubrirlo Padre amoroso, poderoso, santo y al mismo tiempo descubrir que el primer acto de la compasión divina es hacernos, gracias por crearme.

Nosotros encontramos en Joaquín y Ana ese gozo, el gozo de participar en la obra creadora que solo Dios tiene. A través de ellos se hizo posible esa explosión de alegría, ese comienzo maravilloso de la vida de la Virgen María. Pero, Santo Tomás nos explica lo siguiente, la vida se transmite por medio de la sexualidad. Y aunque la transmisión de la vida ha quedado garantizada, la forma como se transmite la vida es imperfecta en la medida en que esa explosión de gozo no sucede como en la pureza de una donación total, sino que está manchada, está manchada de cierto egoísmo, está manchada de cierta idolatría, está cercenada de Dios, está cortada de Dios.

Dice Santo Tomás que sin el pecado original, el placer sexual sería muchísimo más intenso y sería un placer que estaría acompañado plenamente de la razón. Pero en cambio, las pasiones que suelen acompañar al sexo son una señal de cómo ese milagro vital, ese milagro de paraíso, nos rebasa. La misma incapacidad de raciocinio que acompaña a la pasión, muestra que ese milagro del paraíso nos rebasa. Joaquín y Ana recibieron una bendición que no sabemos si la han tenido otros, pero hasta donde conocemos o ha definido la Iglesia, nadie más. Y es que la sexualidad de ellos fue bendecida con un acto de donación, con un acto de regalo, con un acto de generosidad.

Porque, ahí es donde está el punto ¿cómo se transmite el pecado? El pecado original no es un defecto en el ADN, el pecado original no es un problema biológico, no es un problema bioquímico. El problema del pecado es el contexto existencial en el que somos engendrados, los actos con los que nuestros padres nos engendraron son actos marcados por ese límite, por esa incapacidad de recibir o de abordar su propia sexualidad en actitud de completa donación. Dicho con otras palabras, la afirmación de la Inmaculada Concepción de la Virgen es la afirmación de la santidad de la sexualidad de Joaquín y Ana.

Por eso, siempre que llega a esta fiesta vuelvo a proponer, nadie me hace caso, pero yo vuelvo a proponer que Joaquín y Ana sean elevados a la categoría de patronos de la sexualidad humana. La sexualidad humana necesita tener sus patronos. Es una actividad que en sus propios límites y en su propio contexto es lícita, es bella y es querida por Dios y necesita sus patronos. No solo el internet, no solo la ciencia, no solo el periodismo, la medicina, el derecho, la sexualidad necesita sus patronos.

Y, de acuerdo con el análisis que vamos haciendo, lo que encontramos es que la sexualidad de Joaquín y Ana, por un acto especial del amor de Dios hacia ellos y, a través de ellos, fue un acto como del paraíso, qué lindo, un acto como del paraíso que les permitió ofrecer la vida sin adueñarse de la vida, que les permitió dar sin reclamar. Y por eso, desde el primer momento, la existencia de la Virgen queda constituida en un contexto de absoluto regalo, de completa donación o, por decirlo de otra manera, sin pecado original. La Inmaculada Concepción de la Virgen reclama que reconozcamos la bendición que recibió la sexualidad de San Joaquín y de Santa Ana.

Este es un día entonces muy bello ¿para qué? Repasemos las tres cosas que hemos enunciado. Un día muy bello para pedirle a Dios que nos ayude a redescubrir el arroyo, el arroyo cantarino de la existencia y poder sentir como Clara y, desde luego, como María, poder sentir como todos estos santos, el gozo de ser, porque ese es un eco del Paraíso. Número dos, este es un día maravilloso para caer en cuenta de la herida que ha causado el pecado en la sexualidad humana y, por consiguiente, un día para reconocer cómo esa actividad solo a través de la fidelidad, de la pobreza y de las demás virtudes que acompañaron a estos santos de hoy, puede ser redimida.

Y, en tercer lugar, es un día para proclamar que Dios ha querido y quiere bendecir esa actividad, esa sexualidad en la especie humana y que los patronos, creo que no encontraremos mejores, son Joaquín y Ana. Que ellos, con su ejemplo de humildad, con su apertura total a Dios, con su esperanza puesta solo en el Señor, con su completa gratuidad, con su práctica devota de la ley, que ellos nos enseñen las virtudes que acompañan una vida abierta a Dios, una vida bendecida, especialmente en tiempos en que el mundo parece no comprender nada de este lenguaje que es místico, que es bello y que es necesario.

Venga, entonces, en ayuda del pueblo de Dios, el ejemplo de Joaquín y Ana para que este testimonio constituya hogares distintos. Tengo el gozo de contarles que una pareja de novios, que luego celebró su matrimonio, tomó esa actitud. Me pareció tan lindo que ellos, cuando tuvieron su primera casita, su primer apartamento, lo primero que hicieron fue traer un cuadro de san Joaquín y de santa Ana para poner en manos de Dios toda su intimidad y para pedirle al Señor que les enseñara a ser uno y a ser ministros de la vida. Creo que es un ejemplo que se puede multiplicar y un ejemplo cuyo mayor fruto y más hermoso es la Santísima Virgen María.

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