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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Pidamos al Señor que como San Justino el conocimiento nos lleve a Jesús, que al recorrer cualquier área del conocimiento nos encontremos con Nuestro Señor.
Homilía sjus008a, predicada en 20220601, con 6 min. y 50 seg. 
Transcripción:
No hace mucho estaba escuchando un programa, un podcast sobre filosofía. Y esto viene al caso porque el Primero de Junio nuestra Iglesia católica recuerda y celebra a un filósofo santo, San Justino, laico, filósofo y además mártir. Bueno, lo que me llamó la atención de este programa es que era una entrevista con un autor que es muy mencionado, muy celebrado, muy exaltado en nuestra época, se llama Peter Singer y el entrevistador, que es un gran pedagogo de la filosofía británico, le decía a Peter Singer o decía en la introducción que este autor es quizás el filósofo más famoso, es el más reconocido, es el más sobresaliente de nuestra época. Es decir, que de los que están vivos, de los que son contemporáneos nuestros, se supone que Peter Singer es algo así como lo máximo.
Personalmente tengo bastante discrepancia con esa opinión, pero quiero destacar que Peter Singer es un ateo. Él no se llama, no le interesa la palabra ateo. Él se llama más bien un secularista, es decir, alguien que habla de las realidades de este mundo y nada de lo sobrenatural. Y además como humanista, en general la tendencia británica es a considerar el ateísmo no en términos de negación de Dios, sino de afirmación del ser humano, lo cual es una movida muy inteligente. Es un modo muy interesante también de presentar las cosas.
Bueno, yo quiero hacer como un pequeño, muy, muy pequeño paralelo entre Peter Singer y San Justino, porque Peter Singer se define a sí mismo como un consecuencialista. La tendencia o la escuela ética de Peter Singer es consecuencialismo. Me cuesta trabajo pronunciarlo. Me disculpo, consecuencialismo y él es consecuencialista. La idea básica del consecuencialismo es que las acciones deben ser evaluadas únicamente por las consecuencias que traen y que en ese sentido no hay una ley moral o una ley ética fija que uno pueda decir, por ejemplo, que tal cosa es buena o que tal cosa es mala. Eso no se puede decir, piensa este filósofo y piensa en general los consecuencialistas.
Las cosas no se pueden decir porque todo depende de las circunstancias. Hay circunstancias en que lo que parecía bueno en realidad era malo. Lo que parecía malo en realidad era bueno. Todo depende de las consecuencias. Esta manera de pensar que hace depender todo o de las circunstancias, o de la situación, o de las consecuencias, como lo describe Singer. Este modo de pensar está muy difundido hoy y es parte de aquello que denunciaba en su momento el Papa Benedicto, es decir, ese modo relativista de plantear las cosas. Es decir, no tenemos realmente nada que sea completamente bueno ni completamente malo.
Y yo escuchaba con atención al entrevistador y al entrevistado que era este famosísimo filósofo y venían a mi corazón tres sentimientos. Primero, una gran tristeza, porque yo decía cuánta falta hace que aquellos cristianos convencidos se formen también en filosofía para aprender a refutar personas como Peter Singer, no solo en términos de la existencia o no existencia de Dios, sino en términos de la ética. Por ejemplo, es bien importante tener una claridad a ese respecto. Entonces, primero una especie de tristeza.
Luego me daba cuenta de la incoherencia interna que tiene el pensamiento de este Filósofo, porque yo hago esta pregunta si lo que va a definir la bondad o la maldad son las consecuencias, ¿con qué criterio vas a evaluar las consecuencias? Por ejemplo, si en un incendio tengo que salvar o a mi mascota que quiero mucho, o a un bebecito que no me pone sino problemas, pues tengo que tener un criterio objetivo para decir que la vida de un ser humano vale más que la vida de un animal. Tengo que tener un criterio y si no tomo ese criterio, si no hay un criterio fijo, pues tampoco puedo evaluar las consecuencias. Y entonces tampoco cabe el famoso consecuencialismo de Peter Singer, no cabe.
Entonces me doy cuenta de que el consecuencialismo se presenta como un modo, llamémoslo así, muy sabio y muy práctico de dirigir la vida, pero a la vez, dice uno, tiene una gran incoherencia y eso me da indignación porque yo tengo también alguna formación filosófica y teológica.
Y en tercer lugar, pensaba en la valentía de San Justino, la valentía. Qué hombre este que se atreve a decir en sus escritos, el santo que estamos recordando hoy. Qué hombre este que se atreve a decir en sus escritos. He explorado los caminos del conocimiento y me han llevado a Cristo. Qué valentía poder decir eso y cuánta falta nos hace que muchos más en el mundo académico, en el mundo empresarial, en el régimen legal, levanten también su voz como San Justino y lo digan. He recorrido los caminos, he buscado y he encontrado a Cristo. Y que para Él sea la gloria. Amén.

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