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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Necesitamos ser como San Justino, capaces de estudiar y llegar hasta el fondo de las cuestiones para darnos cuenta que no es razonable descartar a Dios.
Homilía sjus007a, predicada en 20210601, con 5 min. y 40 seg. 
Transcripción:
El primero de junio, nuestra Iglesia católica recuerda a un laico, filósofo y mártir llamado Justino. Hoy estamos celebrando a San Justino, un hombre que hizo de la búsqueda de la verdad su ruta en la vida. Hay varias cosas que me encantan de San Justino. No era un hombre particularmente brillante. No era lo que podríamos llamar una lumbrera en el mundo de la filosofía. Casi podría decirse que más que un filósofo, él era un estudiante de filosofía, pero un estudiante de toda la vida. Y si queremos una expresión mejor, podríamos llamarlo un discípulo de la sabiduría. O también un buscador de la verdad. Hay muchas personas consideran que la filosofía es algo así como un camino directo para llegar al ateísmo. Algo así como que volverse filósofo es empezar a perder la fe. A este respecto, permítanme que haga una pequeña propaganda dentro de mí mismo canal de YouTube hay una serie que se llama Arquitectos de la separación entre Fe y razón, y ahí estudiamos personas como Rousseau, personas como Voltaire, personas que aunque no se declaraban ateas, podemos decir que prepararon el camino para el ateísmo y sobre todo personas que nos metieron en la cabeza que la fe y la razón funcionaban como esos juguetes de los parques en donde hay una barra y si este extremo baja, el otro sube, y si por el contrario el otro tiene que bajar, este sube. Y así, mira, muchas veces hay mucha gente que mira así la relación entre la fe y la razón. Si nos volvemos muy razonables y somos muy inteligentes y si eso es lo que tiene peso, entonces la fe tiene que salir del panorama. Y si por el contrario vamos a hacer grandes creyentes, entonces quiere decir que somos gente tonta o de poco estudio. Esa manera de pensar que está muy difundida y que hoy se propaga acelerada y eficazmente para dolor mío, se propaga, por ejemplo, en las universidades. Ese modo de pensar tiene, tiene su tiempo de nacimiento y tiene sus padrinos o papas. Gente como la que ya mencioné, como Voltaire, como Rousseau, como Dalambert Diderot, es decir, aquella gente del tiempo de la Ilustración, fascinados por los resultados de la ciencia experimental y la expresión matemática del conocimiento, empezaron a meternos a todos en la cabeza que la fe era incompatible con la razón. En ese sentido, es maravilloso encontrar personas tan inteligentes como tantos santos que tiene nuestra Iglesia, verdaderos genios, los cuales sin embargo fueron también junto con una gran inteligencia, fueron gente de gran santidad, verdaderos santos. Entonces, pues, ¿qué debemos concluir? Debemos concluir que necesitamos muchos justinos. Necesitamos justinos como el Santo que estamos recordando hoy, que sean capaces de estudiar y llegar hasta el fondo de las cuestiones. Termino esta breve reflexión con una anécdota que ya he contado otras veces. Precisamente en mi canal de YouTube, ofrecí un curso de introducción a la filosofía de invitación a la filosofía, y como soy creyente y no lo escondo, pues entonces con las personas que estaban ahí hacíamos un Avemaría, al principio de cada clase vieras los comentarios de algunas personas, por eso, es decir, si se va a hacer una oración, ¿Qué clase de curso de filosofía es este? ¿Qué hace un cura enseñando filosofía? Aparte de que tengo libertad para hacerlo. Hagámonos la pregunta. Desde el punto de vista racional ¿es razonable descartar a Dios? Esa es la pregunta que la gente no hace y no la estudia hasta el fondo. Por esto es tan interesante acercarse a un hombre como San Justino. Obras de él se encuentran en español perfectamente gratis en Internet, fragmentos de sus obras y textos que le pertenecen. ¡Qué interesante correr ese riesgo! Qué interesante acercarnos a estas personas que en su búsqueda de la verdad no tuvieron dificultad en plantear cuestiones realmente profundas que les llevaron como a Justino, a decir: He recorrido los caminos de la filosofía y he visto que la verdad se encuentra entre los cristianos.

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