Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Claras enseñanzas del martirio de San Justino: (1) La vida no puede agotarse en hojas; hay que dar fruto. (2) Las corrientes filosóficas de aquella época tienen paralelo con maneras de pensar actuales. Y San Justino supo "preguntar hasta el final" y así llegó a Cristo. (3) Fue generoso al enseñar pero sobre todo generoso en entregar su vida como lección final.

Homilía sjus005a, predicada en 20180601, con 41 min. y 0 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, los cristianos desde el principio recordaban y celebraban solamente a Cristo. Pero luego se encontraron con que había unos cuantos hombres y mujeres también, por supuesto. que habían llegado a parecerse mucho a Cristo. Y entonces empezaron a recordar los nombres de esas personas. Porque sentían que si ellos y ellas se habían asemejado tanto al Señor, estaban unidos al sacrificio de Cristo. Y por eso en la Misa mencionaban los nombres de ellos. Los que murieron por Cristo. El formulario de la misa se llama el canon. Canon quiere decir lo establecido. Y entonces los cristianos empezaron a introducir. En el canon de la misa los nombres de esas personas porque se parecían demasiado a Jesús. Eso es lo que se llama canonizar. Canonizar es meter en el canon. Y ellos metían los nombres de estos mártires en el canon, porque las vidas de esos mártires se habían metido en la vida de Cristo, y porque Cristo se había vuelto la vida de ellos.

Por eso la Iglesia siempre ha considerado a los santos mártires como el ejemplo más perfecto de una vida cristiana llevada a plenitud. Podemos decir que el mártir es el que se ha asemejado más a Cristo, porque el mismo Cristo dijo: No hay amor más grande que dar la vida. Y eso es exactamente lo que hacen los mártires, dar su vida. Cada uno de ellos, en sus diversas historias, dolores, sacrificios. Es como una página del Evangelio. Cada uno de ellos dio fruto, recordando el Evangelio que se ha proclamado hoy, del capítulo once de San Marcos. No se quedaron en las hojas. Aquella higuera que tuvo que soportar la maldición de Cristo, le cayó esa maldición porque era pura hoja, no había fruto. Y de inmediato uno tiene que volver la mirada sobre sí mismo y preguntarse si también uno es pura hoja. Cristo vio la higuera, la vio de lejos. Estaba bonita, frondosa, pero era estéril, no había fruto.

Entonces, al mirarla de cerca, descubrió eso que no tenía fruto. Porque Cristo nos mira de lejos. Pero sobre todo nos mira y nos conoce de cerca. Y por eso tenemos que preguntarnos nuestra vida, ¿Qué fruto está dando? El capítulo quince de San Juan dice Según las palabras del Señor yo los he destinado a ustedes en primer lugar a los apóstoles, para que vayan y den fruto, un fruto que permanezca. Así que una primera aplicación de esta celebración litúrgica es esa. ¿Cuál es el fruto que estamos dejando? Algunos de estos jóvenes, por ejemplo, van culminando sus etapas, terminan su secundaria, otros van llegando al final de sus estudios en la universidad y así vamos cumpliendo etapas. Un lugar donde trabajé, un lugar donde viví, una persona que me encontré, un amigo que tuve. Entonces nuestro primer punto de meditación es ese. ¿Cuál es el fruto? Por ejemplo, en el colegio usted va a salir, va a graduarse de un colegio. Si yo le pregunto a sus compañeros qué dicen ellos de usted, los compañeros, sus compañeras de curso de colegio mencionarían a Cristo en relación con la vida suya, la de usted. ¿Usted ha dejado perfume de Cristo allá en ese colegio? O a usted ¿lo van a recordar? ¿Por qué? ¿Qué van a recordar de usted en ese colegio? Tal vez que era un buen deportista. Tal vez que era muy simpático, tal vez que era bueno para el trago. Era el que más aguantaba tomando trago. Por eso lo van a recordar a usted. Ese es el recuerdo que usted deja. O sea, no dejó usted nada de Cristo allá. Entró y salió de ese lugar y no dejó nada.

Usted está terminando su carrera o la terminó. ¿Alguien se enteró de que usted amaba apasionadamente a Cristo o nadie lo supo? Usted lo escondió tan supremamente bien. Usted escondió tan perfecta y completamente el nombre de Cristo que usted salió de su universidad. Usted salió de ese trabajo y nadie supo que usted era cristiano. Nadie lo supo. Nadie lo supo porque usted lo supo esconder. Eso es esterilidad. Y esa esterilidad pesa porque el ser humano está llamado desde lo profundo de su ser para ser fecundo. ¿Y desde qué edad hay que ser fecundo? Según la fiesta de la presentación de la Santísima Virgen que tenemos el veintiuno de noviembre. Uno tiene que empezar a ser fecundo desde que uno tiene uso de razón. Entonces, yo espero que los compañeros de colegio de Juan Sebastián ya tengan conciencia de que entre ellos hay un cristiano, alguien que ama a Jesucristo. Por supuesto, él ama a su papá, su mamá, a su familia, pero yo espero que ya los compañeros de él puedan decir algo tiene. Ese es el primer punto y eso vale para todos los mártires.

Por supuesto, esto hay que aplicarlo en particular para las personas que más cerca tenemos. Tienes buenos amigos o amigas. Pregunta importante. ¿Esos buenos amigos o amigas reciben de ti ese testimonio cristiano? Porque acuérdese que hay personas que se visten de cristianas cuando están en un grupo así creyente como este, que canta, que alaba, que bendice, pero luego como que se quitaran ese vestido de cristianos y entonces ya en su noviazgo, en sus relaciones económicas, en su vida sexual, cero, desaparece Jesucristo. Cuanto más cerca esté una persona de ti, más debería saber qué es lo que llevas dentro. Como sucede con las lociones y perfumes. Ciertamente, cuanto más cerca estamos de la persona, más sentimos ese aroma delicioso del perfume que utiliza. Entonces, si tú llevas el perfume de Jesucristo, cuanto más cerca esté alguien de ti, más tiene que sentir el aroma de Jesús.

Ahora pasemos a la situación de este hombre, Justino, cuyo martirio estamos recordando hoy y por eso hemos leído ese texto. Ese texto pertenece a las Actas de los Mártires. Los cristianos pronto se dieron cuenta que había ejemplos notables, bellísimos en esas muertes y empezaron a consignar por escrito para que no se perdiera la memoria. Por eso se llaman actas. Las actas de los mártires empezaron a escribir el recuerdo de cómo murieron. En este caso, por ejemplo, Justino y sus compañeros. Justino vivió a mediados del siglo segundo de nuestra era, es decir que en términos de años nos separan de él algo así como mil novecientos años. Pero si hay esa cantidad de años que nos separan de él, podemos decir que hay muchas cosas que nos unen con él. Yo quisiera destacar tres elementos que considero preciosos de la vida y del martirio de Justino. Primero, estamos ante un buscador de la verdad. Justino fue un laico. Él no fue sacerdote, ni monje, ni religioso. Fue un laico. Fue un filósofo, sobre todo estudiante de la filosofía. Buscador de la verdad.

Como bien dice el Papa Benedicto en alguno de sus escritos, Dios no tiene temor del que pregunta ni del que tiene dificultad para creer. Porque hay una certeza en nuestro corazón. Todo el que busque honestamente la verdad encontrará a Jesucristo. Así como todo protestante que busque honestamente la verdad sobre el origen de su fe protestante, tendrá que descubrir que antes de Lutero ya existían muchos cristianos santos, y tendrá que descubrir que con Lutero, aunque algunos aspectos se subrayaron, demasiadas cosas se perdieron. Por eso un protestante que se ponga a estudiar en serio la Palabra de Dios y la historia del cristianismo con mucha facilidad llega a la Iglesia Católica. Pero lo mismo vale en general toda persona que empiece a buscar con honestidad. Y eso fue lo que le pasó a Justino. Él no nació Cristiano. Él no creció en un hogar cristiano. Él estaba buscando la verdad, sobre todo buscándola como la buscan los filósofos a base de preguntas. Y se dio cuenta que había preguntas que llevaban a incoherencias, al absurdo, al abismo de la nada en muchas otras creencias. ¿Qué corrientes filosóficas eran populares en ese momento? Especialmente el epicureísmo y el estoicismo, con la característica de que esas dos corrientes están muy vivas también en nuestra época.

Por eso dije aunque nos separan mil novecientos años de Justino, hay muchas cosas que nos unen. ¿Qué enseñaban los epicureistas? Enseñaban que en la vida uno tiene que pasarla bien, que en la vida uno tiene que buscar su felicidad, que en la vida uno tiene a toda costa que defender lo que uno entiende como su bien, su felicidad, incluso su placer. No es cierto que todos los epicúreos fueran gente degenerada o depravada, como a veces se caricaturiza. Pero sí es cierto que muchos de ellos llevaban ese camino. Y sobre todo, es cierto que el modelo epicureista era un modelo profundamente egoísta. Lo que a mí me haga feliz básicamente es eso lo que a mí me haga feliz. Y yo reconozco en esa tendencia epicureista algo que está también en nuestra época. Muchas personas consideran eso y viven su vida y razonan desde esa clave. Si a usted le gusta eso, hágalo. Y si usted se siente realizado con eso, hágalo. Yo veré qué hago. Usted allá, yo acá. Cada uno verá qué hace. Eso se llama epicureísmo.

Y este hombre, Justino, conoció de esa escuela filosófica. La otra escuela es la escuela Estoicista también tenía fuerza en ese momento. Estamos hablando de un mundo política y económicamente dominado por el Imperio Romano, pero cultural e intelectualmente dominado por el pensamiento griego. Los romanos no eran particularmente brillantes en esa parte. Eran genios de la ejecución y la organización. Pero en términos de pensamiento, los griegos, por supuesto, eran los que mandaban la parada. Entonces el estoicismo era la otra escuela. ¿Cuál es la característica central del estoicismo? El estoicismo cree que hay un orden, que hay una lógica en la vida y que uno lo que tiene que aprender es amoldarse a las cosas como son. No espere demasiado de nadie. Sea realista y consecuente. Busque la lógica de las cosas y acomódese a ellas. Cuanto mejor lo haga, cuanto más pronto lo haga, mejor para usted. También esa corriente estoica está metida en nuestra época, aunque es menos visible que la epicureista, porque la epicureista, como ya dije, busca la felicidad, el bienestar y fácilmente la reconocemos en la idolatría del placer que tantas veces se da hoy. Pero el estoicismo también está, especialmente en las personas que tienen una cierta educación. El estoicismo está. En razón de mi oficio de predicación y de magisterio. Continuamente estoy en diálogo en relación con esta clase de pensamiento. Entonces, por ejemplo, cuando usted le plantea a personas de cierta cultura el tema de la muerte, ellos dan una respuesta estoica, caso típico del científico ateo que tal vez usted ha tenido como profesor en su universidad.

En muchas universidades abunda el profesor ateo, un poco burlón de las cosas de la fe y la postura de muchos de ellos Es una postura típicamente estoica, sobre todo ante el tema del dolor, la tragedia, la muerte, la mediocridad humana. Profesor. ¿Y la muerte? Con la muerte se acaba todo. Es decir, a mí ya no me asusta la muerte porque ya la tengo pensada. Esa es la postura estoica. Ya la muerte la tengo pensada. Y por consiguiente, el estoicismo conduce, por su propia lógica, a la eutanasia, al suicidio asistido, que son cosas de nuestra época. No es lógica una vida en la que ya no puedo producir más.

Ustedes y yo hemos presenciado con indignación y con tristeza el caso de aquel científico que trabajaba. Quizás era también de allá de Australia que decidió suicidarse, pero como no hay suicidio asistido que sea legal en Australia, entonces pues se fue al país que es la mata del suicidio asistido, es decir, Suiza. Suiza tiene cosas extraordinarias y gente maravillosa. Pero Suiza es la mata de la eutanasia y sobre todo del suicidio asistido. Es todo un negocio en Suiza, hay varias empresas grandes que cobran una suma alta, pero manejable para la gente que quiere ir a suicidarse a Suiza. Entonces este señor fue a Suiza, pero él dijo que ya su vida no tenía ningún propósito, que él quería ir allá a morir. Y lo dice con tranquilidad. Tranquilidad que estoica. Es decir, ya no hay nada que hacer en esta tierra. Me voy a morir. Entonces voy allá. ¿Y cuál es la respuesta de la opinión pública? La respuesta de la opinión pública no es reconsidérelo. La respuesta de la opinión pública es vamos a hacer una colecta. ¿Sabes para qué? Para pagarle primera clase de manera que pueda llegar en sillón de primera clase al país donde se va a suicidar. Para eso es el dinero de la gente. Y la gente hace su colecta y da su dinero de una manera consciente, inteligente y racional, porque eso es lo lógico. Esa manera de analizar lo lógico.

Está metida en ese mundo oculto, muchas veces académico, muchas veces político. Detrás del cinismo de muchos de nuestros políticos hay una postura completamente estoica. Entonces Justino conoció, entre otras escuelas de filosofía, conoció lo mismo que un joven típico, llámese Gira, llámese Santiago, llámese Ángela, lo que ustedes están conociendo, Eso fue lo que conoció Justino y todas esas voces durante un tiempo tuvieron un cierto poder en él, pero todas esas voces también lo dejaron profundamente insatisfecho. Entonces, lo grandioso de Justino, ¿qué es? lo grandioso de Justino, es que no dejó de preguntar, no dejó de cuestionar, porque dos errores suelen cometerse con la inteligencia humana. Una Un error es no cuestionar. Es un error muy grave. Y otro error no menos grave, es cuestionar, pero solo en una dirección. Entonces hay gente que no cuestiona y como no cuestiona se van dejando llevar, se van dejando llevar, de manera que su vida en realidad la viven, otros, la viven otros. Es decir, es ese tipo de personas que en cada etapa de la vida simplemente van haciendo lo que se supone, lo que se supone que hay que hacer. Esa es una vida que no se vivió.

Entonces se supone que a esta edad ya debo tener mi primer aborto. Entonces, al tener el aborto, se supone que en esta época en la que vivimos todo el mundo es bisexual, me vuelvo bisexual, se supone, se supone, y hay gente que vive dentro de lo que se supone. Esos no hacen preguntas. Justino hacía preguntas, pero también hay otras personas que sí hacen preguntas y preguntas difíciles, preguntas agrias, pero solo en una dirección. Entonces son capaces de cuestionar a su papá. ¿A ver qué papá? ¿Qué? Aquí de igual a igual. Usted. A ver, usted me pregunta, yo le pregunto a usted o cuestionar al cura. Vamos a cuestionar al cura ¿que por qué es cura? que ningún cura, ni nadie cura. Venga, a ver, yo le pregunto lo que le tengo que preguntar. ¿Qué fue lo que pasó con la Inquisición? ¿Por qué la Inquisición? Y me va a explicar muy clarito qué fue lo que se hizo Ahí sacan toda su virulencia, le sale toda esa espuma. Pero, pertenecen por allá a su pandilla, tienen su grupo de amigos y al jefe de la pandilla ese, si no lo cuestionan. Bueno, ahora vamos y vamos a reventarle los vidrios a no sé dónde. Bueno, listo. Vamos. Como usted diga, jefe. Cuando quiera.

Entonces no cuestionamos a todos. Lo grandioso de Justino es que se atrevió a preguntar y se atrevió a preguntar a todos, y el camino de él lo llevó a Jesucristo. Y así llegamos a la segunda enseñanza de este día. Primera enseñanza de la higuera, cuidado con una vida estéril. Segunda enseñanza: Hay que buscar la verdad y eso significa preguntar. Y no hay que tener miedo a las preguntas. No hay que tener miedo a las preguntas. Tercera enseñanza que nos deja esta fiesta Justino es un hombre generoso.

Hemos dicho antes. Este fue de los que entregó la vida. Él tenía una posición social. él tenía un reconocimiento. Él tenía unos discípulos. Que yo sepa, no era particularmente adinerado, pero indudablemente tenía medios. Y ustedes saben qué pasa cuando cae bajo la mira del Imperio Romano. Lo pierde todo. En los mártires indudablemente brilla la generosidad. Indudablemente. Y esta palabra yo quisiera que calará profundamente en nosotros. Porque les quiero contar que esta mañana. Literal, como dicen algunos amigos míos, y está de moda. Literal, el primer pensamiento que tuve fue esta misa. Ese fue el primer pensamiento que tuve la misa del primer viernes y San Justino. Y el pensamiento que se me repetía en la cabeza era. ¿Cuándo vamos a empezar a ser generosos? Mire, yo no me había acabado de despertar y esa idea estaba ahí, casi como una especie de pesadilla. Me daba vuelta esa idea cuando va a empezar nuestra generosidad. Y en ese estado que a veces es agradable y otras veces no, en que uno está medio embotado tratando de despertarse. Me acordaba de una imagen de hace muchos años en una predicación, lo que sucede cuando tú empiezas a guardar cosas. Concretamente a guardar comida. En qué hogar no habrá sucedido eso de que hay una cantidad de platicos tapados, unos recubiertos con sus celofanes, otros en lo que llaman táper esas cajitas. Y de repente, por allá meses después, uno descubre que en una zona oscura de la nevera hay un platico que alguna vez tuvo algo ya irreconocible. A veces uno llega a ese platico metido por allá en el último rincón, no tanto guiado por la vista, sino por el olfato. Porque las neveras hacen cosas buenas, pero milagros no.

Hermanos, yo sé porque me lo mostró el Señor tan claramente esta mañana y créanme que no fue un despertar agradable. Yo sé que hay gente a la que se le está pudriendo lo que Dios le ha dado y hay gente que tiene un malestar y no se hallan y se acomodan de un modo y se acomodan de otro y siempre siguen buscando la culpa afuera. El problema son mis papás, el problema es mi familia. El problema es el calentamiento global o el problema es Uribe, Claro. Siempre el problema está afuera, siempre está afuera. Y resulta que sí tú tú abrieras tu corazón. Como abres esa nevera, tal vez encontrarías que se te está pudriendo lo que Dios te ha dado. Que se te está pudriendo. Porque resulta que todos tenemos, como nos recuerda la primera lectura de hoy de San Pedro. Todos tenemos dones que hemos recibido, pero el don que no pones a trabajar se te pudre, y cuando se pudre, hiede. Y cuando hiede te amarga. Y esa amargura luego tú dices y esta amargura y este olor y esto de dónde vendrá. Y empiezas a buscar culpas afuera.

Entonces la generosidad de los mártires, la generosidad de este Justino. Tú viste con quién murió Él, murió con sus discípulos. Murió con la gente que él estaba tratando de llevar a Jesús. Su última cátedra, su última conferencia fue su sangre. Con sangre. Con su propia sangre, escribió el amor que le tenía a Jesucristo. O sea, después de tanto hablarles a los discípulos y decirles que Cristo es la verdad. En el momento en el que empiezan a caer las tiras de carne, sus discípulos ven, este está diciendo lo que sí cree, porque no hay mucha gente que se deje matar por lo que enseña. No hay mucha gente. Eso es generosidad. Entonces es importante que nos preguntemos eso ¿Cuándo va a empezar nuestra generosidad? Tienes tanto. Tienes mucho más de lo que tú piensas. Tu problema no es falta de dones, es exceso de dones, pero falta de usarlos. Ese es el problema. Y lo que no usas entonces se te fermenta y se te pudre. Mis hermanos, a la vista de San Justino, tenemos que pedir al Señor que nos enseñe cómo canalizar en medio de mi marasmo de esta mañana. Yo caía en cuenta de una cosa para vergüenza mía como sacerdote católico, parece que tienen más inteligencia en eso de aprovechar las fuerzas de la gente, los no católicos.

Me estaba acordando en una de las misiones que he tenido en los Estados Unidos. Me estaba acordando que coincidimos en el avión con algunos jóvenes. Esos jóvenes iban para Centroamérica. Entonces, claro, como yo no puedo dejar de pensar en nuestros jóvenes, tal vez el más viejo de ellos estaba así como Nicolás, el que nos hizo la lectura. A ver, le preguntó ¿qué edad tiene usted? Por ahí de esas edades. Claro, iban acompañados por otros, pero los que iban a hacer ese taller. ¿Y sabe cuál era el taller? El taller era evangelización de campo, muchachos de dieciséis, diecisiete como hasta la edad tuya, veintiuno. Rumbo a Honduras. Muchachitos gringos decimos en Colombia. A encontrarse quién sabe con qué Mara, quién sabe con qué pandilla armada por allá y van a aprender qué van a aprender, ¿cómo se funda una Iglesia en Centroamérica y a qué edad lo aprenden? A la edad en que mucho muchacho católico y mucha chica católica está simplemente pensando ¿qué será este barrito que me salió? Eso es lo triste, que entonces, cuando uno no tiene de quien ocuparse, uno empieza a obsesionarse con sus cosas, que no es que no tengan importancia, pero tú les das tantísima importancia porque no tienes algo mejor de qué interesarte.

Entonces tu mundo se vuelve chiquito y cuando el mundo es chiquito es como cuando uno se pone una bolsa de plástico. No hagan eso en casa, uno se ahoga. Entonces una gran parte de los jóvenes. Hombres y mujeres que yo conozco. Son seres humanos ahogados, respirando su aire chiquito. Y siento indignación, sobre todo de mí y de tantos otros sacerdotes que no hemos encontrado la manera de qué hay que hacer para que la gente que tiene inteligencia o la gente que tiene juventud, o la gente que tiene belleza, o la gente que tiene talento, no quede secuestrada simplemente para servir a los intereses de este mundo. Porque el mundo sí los va secuestrando rapidito, rapidito. Cualquier muchacha que sea medio bonita ¿no te interesaría ser modelo? Cualquier muchacho medio inteligente. Bueno, y si hicieras un posgrado, no sé dónde. Lugar donde va a perder su fe, su moral y su todo. Cualquier tipo que tenga un poquito de arte. Y por qué no te unes a nuestra banda de rock metálico, pesado, satánico y blasfemo como ha de ser. Y los van secuestrando.

Y nosotros, sacerdotes católicos, no hemos encontrado la fórmula. Me declaro culpable, necesitado de perdón y conversión. Yo necesito una luz grande del Señor, una luz muy grande para ver qué hacemos. Porque entonces los grandes talentos empresariales ¿al servicio de quién está? Los grandes talentos políticos, ¿al servicio de quién están? Los grandes talentos artísticos, ¿al servicio de quién están? Eso es lo admirable que Justino. Atención, yo no estoy tampoco diciendo que Justino fuera un gran filósofo. Justino, según la opinión que he podido formarme después de estudiar el tema. Era un filósofo que debía estar en un rango medio, quizás medio superior. No era un gran pensador original, pero era un hombre que con lo que tenía se ponía al servicio de Dios. Y eso es lo que a mí me da tristeza. ¿Cómo es que el mundo sí tiene capacidad de secuestrar todos esos talentos? ¿Y cómo es que las sectas son capaces de mandar muchachos a que estén en medio de pandillas en Centroamérica? Y la tarea es esa hasta que usted funde una iglesia allá, hasta que la funde y les toca, estos muchachitos así de la edad suya, les toca ya enfrentarse a ver qué es lo que usted va a decir y ellos con su español más o menos, más o menos. Y lo logran y lo logran.

Y mientras tanto uno aquí obsesionado, peleando por tonterías, metido en su propio mundo ¿Cuándo vamos a empezar a ser generosos? ¿Cuál es el momento en el que tú vas a tener esa conversión? ese momento en el que tú vas a decir mi vida ya no puede seguir así. Eso fue lo que le sucedió a Justino. Su primera gran conversión, por supuesto, fue el encuentro con Cristo. Su segunda gran conversión, hermosísima conversión fue darse cuenta que no tenía más que hacer en esta tierra que gastarse por Cristo, y se gastó por Cristo hasta la muerte, hasta que le sacaron la última gota de sangre se gastó por Cristo. Hermanos, desde la mañana mi corazón está en ebullición. Desde la mañana literal. Desde que me desperté, mi corazón está en ebullición por esos pensamientos que ahora les comparto. Y si me salen así a presión es porque así están dentro de mí.

Primero el fruto. Cuidado, te quedas solo en hojas y hojas. El fruto y un fruto que permanezca. Segundo, a buscar la verdad, a buscarla en serio. Los miembros de la comunidad de Familia Espiritual tuvimos una convivencia no hace mucho, hace un par de semanas. Y muchos de los jóvenes decían. Y yo les agradezco la honestidad. Eso está bien. Así me gusta, decían. Me siento confundido. Me siento confundido. No es pecado estar confundido. No es pecado. Y no es pecado tener uno dudas y preguntas. Solo te pido un favor, que es exactamente el mismo que pidió en su momento el Papa Benedicto. Sigue el hilo de tus preguntas. No te detengas en la búsqueda, no negocies, no negocies tu eternidad. No la vendas barato. Entonces. Segundo, la búsqueda de la verdad, pero parejo, parejo no es nada más preguntar y a la Iglesia Católica es hacerle preguntas a todos.

Y tercero, la generosidad. Tenemos que hacernos esas preguntas. Estoy seguro que ya varios de ustedes se las están haciendo. Varios de ustedes han hecho todo un camino en su fe. Y por eso, y con esto quiero concluir, y por eso es necesario pertenecer a una comunidad, porque si tú no perteneces a una comunidad, tus inquietudes se quedan en aquella manera de predicar que tenía un padrecito allá en mi parroquia de infancia y adolescencia. Ya lo he citado varias veces y buen sacerdote creo que era un buen hombre, pero tenía una costumbre. A veces los sacerdotes tenemos una costumbre, que era la costumbre del qué bonito sería. Yo no sé si mi papá se acordará de ese padre. El padre del qué bonito sería. Entonces, cuando uno no está en comunidad, ¿en qué se queda uno? ¡Qué bonito sería que los niños conservaran su inocencia! Qué mundo tan bonito y qué bonito sería que el entusiasmo de los jóvenes. Y qué bonito que las parejas. Y después de que usted ha declarado todo bonito, el mundo sigue igual de feo.

La única manera de pasar de ese anhelo quemante, de esa ebullición interna a un cambio, es en comunidad. Es en comunidad. Es ahí donde te das cuenta lo que le dijo el Señor a Santa Catalina de Siena. A propósito, le dice Dios a Santa Catalina: A propósito, los hice incompletos para que cada uno tuviera que buscar una parte de sí mismo en los demás. Tú no estás completo. Tienes que buscar tú, no solo tu media naranja. Eso es demasiado simple. Tienes que buscar cómo te completas dentro de un plan maravilloso dentro de un rompecabezas precioso. Dios está haciendo algo. Pero ninguno de nosotros es completo. Ninguno de nosotros tiene la fórmula completa. Nos necesitamos mutuamente. Tenemos que encontrarnos, para encontrarnos. Decir Tú tienes lo que yo no tengo y me hacía falta. ¿Qué nos dijo San Pedro? Que cada uno se ponga al servicio de Dios con el don que ha recibido. Nadie está completo. Solo quiso Dios Padre darnos la imagen de la plenitud en uno solo, que es Jesucristo. Pero después de Cristo nadie está completo. Entonces, comunidad, yo sé que varios de ustedes vienen por primera vez. Yo sé que varios de ustedes asisten a otros lugares. Aquí no queremos retener a nadie, pero sí queremos todos tomar conciencia. Comunidad y comunidad viva, comunidad donde crecemos, comunidad donde aprendemos las lecciones de hoy. No nos podemos quedar en las hojas. Tenemos que buscar la verdad. Y un día, un día, empezaremos a ser realmente generosos.

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