Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

San Juan nos enseñó que el verdadero triunfo de Jesucristo es el derribar al príncipe de este mundo e instaurar su reinado entre nosotros.

Homilía sjne023a, predicada en 20191227, con 6 min. y 46 seg.

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Transcripción:

El 27 de diciembre nuestra Iglesia Católica recuerda y celebra al apóstol y evangelista San Juan. Vamos a recordar algunos elementos de los escritos de San Juan que indudablemente impactan y mejoran nuestra vida cristiana. El primero de ellos es que Juan nos enseña qué es un milagro, porque la mayor parte de la gente cuando pide milagros, lo que pide es que se les arregle un problema. Seamos sinceros, la mayor parte de nosotros cuando hablamos de milagros, de lo que hablamos es de eso, que se arregle un problema, de eso es de lo que se trata.

Muchas veces esta petición es apenas natural. Una persona que se ve privada de movimiento por una parálisis, una persona que está en una situación financiera desesperada, una persona que ya no sabe cómo tratar a su esposo o a su esposa, a sus hijos, pues es natural que se vuelva hacia Dios y que pida con amor lo que parece imposible. Es decir, no estoy criticando que nosotros le hagamos peticiones a Dios. Él mismo es un Dios generoso que nos invita a que hagamos nuestra oración, porque dice: «Pedid y se os dará, buscad y hallaréis».

No, el problema no es ese, el problema no es que nosotros queramos reparar nuestras situaciones o mejorar nuestras situaciones. No, ese no es el problema. Sabes ¿cuál es el problema? El problema es que nos quedamos ahí. El problema es que nos quedamos simplemente en que ya Dios me arregló mi situación y ahora yo sigo con mi vida. Es decir, como lo hemos dicho en otras predicaciones, tratamos a Dios como un mecánico y el papel de Dios en la vida de muchas personas o así lo imaginan ellas, es que Dios le ponga un parche a la parte de mi vida que no funciona, que le ponga un parche. Y ahora que mi vida ya funciona, ya yo sigo como yo quiero.

Juan nos enseña que los milagros no son simplemente soluciones de problemas. De hecho, el nombre que él les da a los milagros es signos, un signo, una señal que Dios te da. No te quedes en lo que Dios hizo por ti, busca al Dios que obró en tu favor, eso es lo que significa un signo. Y San Juan utiliza esa palabra cada vez que se va a referir a lo que nosotros llamamos milagro. Segundo punto, Juan insiste en una palabra que es la palabra hora. Desde el capítulo segundo de su Evangelio nos habla de la hora de Jesús, esto le da una tensión dramática y le da un dinamismo especial a su escrito.

Como que todo va dirigiéndose, dirigiéndose hacia esa hora, hacia ese momento, hacia esa situación, eso es lo que nos enseña San Juan. ¿Por qué esto es importante? Porque, cuando descubrimos que hay una dirección en el ministerio de Cristo, en lo que Cristo hace por nosotros, cuando descubrimos esta dirección, entonces también descubrimos que nuestra propia vida también tiene una dirección. Y también descubrimos que la fe cristiana no es simplemente una manera de mejorar el mundo. ¿Cuál es la hora de Cristo? Es la hora de la confrontación definitiva con el poder de las tinieblas, al que el evangelista llama: el príncipe de este mundo.

Y, por consiguiente, la derrota del príncipe de este mundo, que es lo que sucede en el misterio de la cruz, es el verdadero sentido del Evangelio. El Evangelio, entonces, es mucho más que una ética, es mucho más que una manera de mejorar el mundo, de arreglar las cosas, de lograr la convivencia. Todos esos bienes son bienes deseables, pero el bien mayor, el bien más importante, no es simplemente arreglar esta vida, no es simplemente arreglar este mundo, no es simplemente lograr la convivencia. Es como si San Juan nos estuviera diciendo: No te conformes con poco.

El verdadero triunfo, la verdadera obra de Cristo, su hora definitiva, su hora definitiva, su triunfo real, es el que hace que nosotros podamos decir: Ha sido derribado el príncipe de este mundo. Y seremos cristianos en la medida en que se derribe el príncipe de este mundo, y en la medida entonces en que se instaure a Cristo como verdadero Rey. Para eso he venido a esta tierra, le dice Cristo a Pilato precisamente en el Evangelio de Juan: Para eso he venido.

Entonces, el Evangelio no es simplemente una manera de mejorar mi vida al estilo de los libros de auto-superación, una manera de mejorar la sociedad para que podamos llevarnos más o menos bien agregando unos cuantos cuidados ecológicos. No, no, no, es mucho más que eso, es derribar al príncipe de este mundo y es proclamar a Cristo como Rey, nos lo enseña San Juan. En tercer lugar, Juan nos enseña que el misterio de Cristo es insondable: «Si se escribieran una por una todas las cosas que hizo Cristo, no cabrían los libros en este mundo».

Esa expresión hiperbólica, bellísima del evangelista, nos enseña a no tratar a Cristo de una manera trivial, a no tratar a Cristo de una manera superficial. Nos enseña a reconocer a Cristo con toda su majestad, con la profundidad de su misterio y de su belleza. Feliz día, feliz día de San Juan evangelista.

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