Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Ser "discípulos amados" es ponernos en camino hacia la comunión plena con Dios, que implica sintonía, transformación y restauración en Él.

Homilía sjne020a, predicada en 20171227, con 15 min. y 56 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, la fiesta del apóstol y evangelista San Juan nos invita a entrar en una relación de discipulado con Jesucristo. Discípulo es el que aprende y aprende de cerca. Pero además, este discípulo tiene una característica especial, es el discípulo amado, el discípulo que tiene una experiencia profunda, notable del amor de Dios. O sea que hay que aprender con la cabeza, pero hay que experimentar el amor en el corazón. Así podremos ser verdaderamente discípulos amados y así sacaremos un fruto verdadero de la fiesta de hoy.

Repito, aprender con nuestra cabeza, descubrir la luz, pero también experimentar en nuestro corazón el amor abundantísimo de Dios. Cuando una persona llena su mente de la Palabra Divina y llena su corazón y lo inflama en el amor de Dios, entonces llega a ser un verdadero discípulo de Jesucristo. Pero hay algo más que sucede y es que entonces entra en comunión, una palabra que es muy importante en los escritos de San Juan. Recibimos la Palabra en nuestra mente y recibimos el amor en el corazón para entrar en comunión, en comunión con el Señor.

Es tan hermoso descubrir lo que significa esta palabra, la palabra comunión. Cuando nosotros en la Eucaristía recibimos el Cuerpo de Cristo, decimos que recibimos la comunión. Los niños, en un momento de su formación cristiana, hacen su primera comunión. ¿Qué es esto de entrar en comunión? Podemos describirlo con tres comparaciones. Podemos decir que es como una sintonía, como cuando usted pone el canal preciso y recibe la señal en su televisor o en su radio, ahí hay una sintonía.

Quizás, los que conocimos esos radios en los que uno movía un botoncito, podemos apreciar más esta comparación, un botón redondo que uno lo iba moviendo y empezaba a sonar. Muévelo un poquito más, se oye más claro. Te pasaste, devuélvete hasta que uno llega a la sintonía exacta. Entrar en comunión es tener la misma sintonía con el Señor. De manera que su plan resuena en mí, su voluntad resuena en mí. En el profeta Isaías hay una palabra muy dura, Dios se queja a través del profeta y dice: «Mis planes no son los planes de ustedes, mis caminos no son los caminos de ustedes». Como diciendo, yo voy por un lado, ustedes van por otro, no hay sintonía.

Entonces, estar en comunión ¿qué es? Entrar en sintonía, de manera que el Padre Nuestro se vuelva una realidad en nosotros. ¿Qué decimos en el Padre Nuestro? Hágase tu voluntad, así como se hace en el cielo, que se haga en la tierra. Eso es una petición de sintonía. En el cielo hay sintonía perfecta, por eso dice el Salmo que los ángeles son prontos a la voz de su palabra, porque hay sintonía en el cielo hay sintonía, en la tierra no tanto, porque Dios dice una cosa y nosotros hacemos lo contrario. Entonces, entrar en comunión es entrar en sintonía, de modo que el plan de Dios se convierte en mi plan.

Yo no tengo más plan que el plan de Dios, y yo no tengo más voluntad que la voluntad de Dios. El que vive en perfecta comunión con el Padre es el Hijo. Por eso, encontramos en el Jardín de Getsemaní la oración que hace Cristo: «No se haga mi voluntad, sino la tuya», Cristo está continuamente en sintonía con el Padre. Esa es una imagen que nos ayuda a entender lo que significa la comunión. Otra imagen que sirve es la de la transformación, ser transformados en el amado. Jesús dice: «El que me come vivirá por mí». Esa es la imagen de la comunión.

El apóstol San Pablo dice: «Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí». Es una transformación, una transformación que hace que el misterio de la vida divina se realice en nosotros. Por eso, también dice Santo Tomás de Aquino que cuando una persona está llena de los dones del Espíritu Santo, las obras de esa persona ya no son en la escala humana, sino que son en la escala divina, porque se da una transformación, la persona queda transformada, casi podríamos decir transfigurada. Esa transformación nos la recuerda San Agustín refiriéndola a la Eucaristía.

Dice San Agustín, con cualquier otro alimento, lo que tú comes se convierte en ti. De manera que nosotros, a través de un proceso que se llama la digestión, que se llama el metabolismo, vamos convirtiendo en cuerpo nuestro lo que comemos. Pero el mismo San Agustín dice: En cambio, con la Eucaristía es al contrario. Cuando comemos la Eucaristía nos volvemos lo que comemos. Con las otras comidas, lo que yo como, yo lo vuelvo cuerpo mío, yo lo vuelvo lo que yo soy. Con la Eucaristía, lo que yo como me transforma en Él. Ese es un fruto de la comunión, esa transformación.

Esa transformación, significa que muchas cosas que a uno le parecían imposibles, cuando uno entra en comunión con el Señor, resulta que sí las puede hacer. Una persona puede tener una gran dificultad para perdonar, por ejemplo. Pero cuando Cristo toma verdaderamente señorío y posesión de una vida, entonces hay una transformación y esa persona puede perdonar, antes no podía, pero ahora sí, porque ahora Cristo ha tomado posesión y señorío de ese corazón, queda como transformado. Y cuando el corazón queda transformado, entonces puede lo que antes no podía.

Esta es una experiencia muy bella, una experiencia liberadora que vale para todas las virtudes. Entender lo que antes no entendía, practicar la virtud que antes no podía practicar. La verdad es que la perfección de las virtudes es imposible sin esta transformación, no se puede ser verdaderamente obediente como es Cristo obediente, no se puede ser si no está Cristo viviendo en nosotros su misterio. La pureza no se puede vivir sin Cristo. Uno puede reprimirse, pero vivir la pureza, la verdadera castidad y virginidad a imagen de Cristo, eso solo se puede con Cristo reinando en uno. Así que esta es otra imagen de la comunión, llevamos dos.

La primera imagen es la sintonía, la segunda imagen es la comunión como transformación. Somos transformados en Él. La tercera imagen de la comunión es la restauración. Somos restaurados, renovados, reconstruidos. Una vida en pecado es una vida en ruinas. Un periodista de mi país, yo soy colombiano, un periodista de mi país hizo un documental largo, muy bien logrado sobre personas que han caído en la droga y que son habitantes de la calle, en inglés les dicen homeless, gente sin techo, sin hogar, es una cosa impresionante.

Un documental muy bueno porque ayuda a que muchas personas, sobre todo jóvenes, se den cuenta a dónde pueden parar si entran en el consumo de la droga. El consumo de la droga es como una imagen de lo que hace el pecado va desmoronando, va arruinando a la persona. Uno de los entrevistados por este periodista en el documental, es un hombre con muchos estudios, me parece que tiene maestría, doctorado, vive en la calle. Tiene doctorado, vive en la calle, habla tres, cuatro idiomas, español, inglés, italiano, no sé qué más. Vive en la calle, anda buscando en las bolsas de basura.

Hace pequeños robos para conseguir algunos pesos para seguirse drogando, sucio, enfermo, prematuramente envejecido, varias veces en la cárcel. Uno se da cuenta que esa vida naufragó, esa vida se arruinó, es la imagen de lo que hace el pecado. Pero a medida que Cristo va tomando posesión de nuestra vida, se da una cosa maravillosa que es la restauración. Cuando Dios te pensó, te pensó con amor, cuando Dios quiso que tú existieras, no estaba pensando ni en basura ni en ruinas, Dios no hace basura.

Todo lo que Dios pensó de ti, todo lo que Dios pensó de mí, todo lo que Dios piensa de la familia, de la pareja, de la comunidad, todo lo que está en el pensamiento divino es bellísimo. Pero el pecado lo ha arruinado, por eso estamos divididos, llenos de prejuicios, envidiosos, intrigantes, mentirosos, calumniadores, con rencillas, con prejuicios, todo eso es la ruina del pecado, que no solo es personal, sino comunitaria. Pero a medida que vamos entrando en comunión con el Señor, se va dando una restauración. La restauración de la persona es como si recuperara la belleza que Dios pensó. Dios te pensó bella, Dios te pensó hermoso.

Pero esa belleza está arruinada por una cosa que se llama el pecado. A medida que el pecado va siendo vencido, y a medida que Cristo va mostrando su victoria, entonces se va restaurando esa belleza, aparece una hermosura. Y esa hermosura no es solo la de la persona, sino también es la hermosura de una pareja que se entiende, que se quiere, la hermosura de una familia donde saben apoyarse, perdonarse, ayudarse, la hermosura de una comunidad, donde saben comprenderse, donde saben aconsejarse, donde saben orar unas por otras, Dios va haciendo esa restauración.

Y en esa restauración nos va llevando a esa idea preciosa que él tenía, porque Dios no piensa tonterías. Dios tenía una idea bella y la quiere realizar en cada uno de nosotros, en nuestras comunidades, en la iglesia y el mundo entero. Así que ahí tenemos tres imágenes de lo que significa la comunión, imágenes dinámicas, la sintonía, la transformación, la restauración, para llevarnos a una verdadera unidad, a una verdadera plenitud.

Y eso es lo que nos enseña el apóstol San Juan, eso es lo que Él nos enseña, que seamos discípulos amados, que llenemos nuestra mente de su Palabra, que llenemos nuestro corazón de su amor y que caminemos juntos para buscar la comunión.

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