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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Déjate iluminar por el Amor y suplica su abundancia, pidiendo a San Juan no equivocarte en el Misterio Divino, no perder la rectitud y saber dónde está la sana doctrina.
Homilía sjne019a, predicada en 20171227, con 4 min. y 13 seg. 
Transcripción:
El 27 de diciembre nuestra Iglesia Católica recuerda a San Juan, el apóstol y el evangelista. En las representaciones artísticas de San Juan, con frecuencia se le equipara al águila. La razón es por la altura de su pensamiento y porque, según algunos autores antiguos, este animal, el águila, tiene la capacidad incluso de fijar su mirada en el sol. Algo así es lo que ha hecho San Juan para nosotros.
Los misterios que nos ha revelado sobre quién es Cristo, sobre su origen, sobre su misión, son tan densos, son tan profundos. Lo que nos dice sobre la Eucaristía, sobre la Iglesia, sobre el Espíritu Santo, sobre la comunidad cristiana, sobre el lugar de los milagros, todo eso es de una sabiduría realmente sobrecogedora. Pero hay un punto que conviene meditar en esta oportunidad. Según una tradición que empieza en el siglo II, el apóstol del Señor llamado Juan, hijo de Zebedeo, hermano de Santiago, llamado el mayor, ese Juan, es el discípulo amado, porque en el cuarto Evangelio no se menciona el nombre del autor.
Sí se menciona, ciertamente, que entre los doce hay uno que es llamado el discípulo amado, y este discípulo amado es el que expresamente se nos dice, ha dejado ese testimonio precioso que es el cuarto Evangelio. Así que sabemos que el autor del cuarto evangelio es el discípulo amado. Pero, ¿en qué momento se empieza a decir que ese discípulo amado es el apóstol Juan? Que es exactamente lo que celebra la liturgia hoy, esta es la fiesta de San Juan, apóstol y evangelista. ¿En qué momento se hace esa asociación? Bueno, se hace ya desde el siglo II de nuestra era. Y creo que hay algo muy hermoso que destacar aquí.
Por una parte, darnos cuenta que es el amor el que da ojos. Si se ha dicho que el cuarto Evangelio es el que penetra con mayor altura en el misterio mismo de Dios, conviene recordar que esa mirada penetrante, es la mirada del amado, es el amor el que da ojos. Hay una historia muy famosa del más grande teólogo, tal vez, que ha tenido la Iglesia católica, Santo Tomás de Aquino. Alguien le preguntaba que de dónde sacaba tanta sabiduría y la respuesta de él fue acercarse al tabernáculo, el lugar donde se guardan las hostias consagradas, indicando que, en ese lugar, estaba la fuente de toda sabiduría.
Se aprende más por la oración y la devoción, nos dice también San Buenaventura. Se aprende más por esa unión de amor. Por eso que Santo Tomás llama unión de connaturalidad se aprende más así, que incluso leyendo muchas y muchas páginas y comprando muchos y muchos libros. Así que esa es una enseñanza preciosa de este día, es el amor el que te dará ojos. Ojos para no equivocarte en el misterio divino, ojos para no perder, en medio de las confusiones de esta época, ¿dónde está la rectitud, dónde está la sana doctrina?
Es el amor el que te dará ojos, y por eso conviene que te dejes iluminar por ese amor y lo supliques con abundancia, pidiendo también la intercesión de Juan.

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