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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Ningún evangelista respondió tan lena y profundamente a la pregunta: ¿De dónde es Cristo?

Homilía sjne016a, predicada en 20141227, con 6 min. y 27 seg.

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Transcripción:

El 27 de diciembre, nuestra Madre, la Iglesia Católica, celebra a San Juan evangelista, es evangelista y apóstol, de hecho, de los primeros apóstoles llamados por Jesús. Juan evangelista era hermano de Santiago, Santiago el mayor. Y estos dos, Santiago y Juan, eran hijos de Zebedeo, pescadores en el mar de Galilea. Cuando Jesús empezó a llamar a sus discípulos el primer día, ya estaba Juan ahí, convocado por el corazón, por las obras y por la palabra de Jesús.

Para descubrir la grandeza de Juan evangelista hay que acudir a una pregunta que, sin duda, tuvieron que hacerse muchas veces aquellos primeros creyentes, aquellos primeros cristianos. Esa pregunta aparece de hecho, en el Evangelio de Juan: ¿De dónde eres? Es una pregunta que está en el corazón y en los labios de los adversarios de Cristo. Aparece, por ejemplo, en boca de los fariseos que tratan de adivinar, tratan de dar una respuesta de dónde es Cristo. Y aparece también en la boca de Pilato: ¿Tú de dónde eres? Es una gran pregunta: ¿De dónde eres? ¿De dónde vienes?

Y es una gran pregunta, porque Jesús mismo no se presenta como fuente de sus propios actos, sino que varias veces, y esto, especialmente en el evangelio de Juan, destaca que lo que Él hace lo hace en obediencia. Por ejemplo, dice: «El Padre que me ha enviado es el que realiza las obras». Dice que su alimento es hacer la voluntad del Padre, y el mismo evangelista Juan dice que Cristo dejó al Padre, vino al mundo, deja el mundo y va al Padre. Cristo se presenta como el enviado del Padre, para luego hablar de nosotros como los enviados de Cristo. Por eso es tan importante la pregunta del origen.

Y si lo miras bien, cada uno de los evangelios da una respuesta a esa pregunta. Por ejemplo, San Marcos empieza con estas palabras: «Comienzo del Evangelio de Jesucristo», y al hablar de ese comienzo, alude al bautismo de Juan. Es decir, para Marcos esa respuesta suficiente, el bautismo, donde empezó el ministerio público de Cristo. Mateo y Lucas van un poco más atrás, ambos nos hablan del nacimiento de Cristo. Lucas, por ejemplo, nos cuenta la Anunciación, nos cuenta el nacimiento y más adelante, en su propio Evangelio, Lucas nos presenta la genealogía de Cristo llevándolo hasta Adán.

Mateo, en cambio, nos presenta otra genealogía que relaciona a nuestro Señor Jesucristo con David y con Abrahán. Fíjate cómo si era un tema que ellos tenían, ¿de dónde viene Cristo? Es decir, ¿cómo podemos entender a este hombre maravilloso, en el cual se revela a Dios mismo? Bueno, pues si Marcos llega hasta el bautismo, si Mateo llega hasta Abrahán, y si Lucas llega hasta Adán, este evangelista y apóstol al que recordamos hoy va todavía más allá, suyas son estas palabras: «En el principio existía el Verbo, existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios», hasta allá llega Juan.

Y esas palabras, esa enseñanza de Juan, de algún modo corre el velo para que por fin tengamos una respuesta. El Nazareno, Jesús de Nazaret, es el Hijo eterno del Padre. Luego, la Iglesia iluminada, enseñada por el Espíritu Santo, va a expresar de un modo más claro esta enseñanza y entonces va a decir que Cristo es consustancial al Padre, que merece la misma gloria del Padre, que es eterno como el Padre y viene toda la elaboración cristológica y trinitaria. Pero, el que abrió esa puerta, el que corrió esa cortina, fue el corazón contemplativo de Juan.

Nos dice el Evangelio de hoy que Juan corría más que Pedro, refiriéndose a la escena del sepulcro. Pero ahora podemos decir que Juan corría más que todos los otros discípulos. Si es propio del que ama apresurarse, hay que decir que Juan estaba repleto de amor, él es el que corrió más que todos, él es el que llegó a la afirmación fundamental, a la fuente misma del ser de Cristo: «En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios».

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