|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Tres libros de la Biblia comienzan mencionando un "principio," pero ¿cómo se relacionan esos principios?
Homilía sjne014a, predicada en 20121227, con 11 min. y 16 seg. 
Transcripción:
Hay tres libros de la Sagrada Escritura que mencionan al comienzo de cada uno de ellos, el principio. Por ejemplo, el Génesis dice: «En el principio creó Dios el cielo y la tierra». Y ese versículo que es el primero de la Biblia, sirve como de introducción a toda esa sección del Génesis que cuenta, de una manera poética profunda, cómo Dios es el origen de todo cuanto existe. Ese es un libro que en su comienzo utiliza la palabra principio.
Luego tenemos el Evangelio según San Juan. El Evangelio según San Juan vuelve a hablar en el mismo lenguaje: «En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios». Así comienza el Evangelio según San Juan, también utiliza la palabra principio. Y la tercera situación, el tercer libro en el que se vuelve a mencionar el principio, es la primera carta de Juan. Antes dije el Evangelio de Juan, ahora es la primera carta de Juan. Y ese fue el texto que tuvimos en la primera lectura de hoy, lo que acabamos de oír fue esto: «Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos».
Entonces esos tres libros, el Génesis, el Evangelio de Juan y la primera carta de Juan empiezan mencionando el principio. Eso le despierta a uno una reflexión, una meditación. ¿En qué se parecen esos principios y en qué se diferencian? Sobre todo, porque hay una cosa muy interesante y es que, cuando se inició esa actividad humana que nosotros llamamos filosofía, por lo menos en lo que se suele reconocer como su inicio, allá en tierra de los griegos, también esos estaban buscando el principio. La palabra principio se dice en griego «arjé», es una palabra femenina, la «arjé».
Y entonces los filósofos, los primeros filósofos por allá en la época de Thales de Mileto, estaban buscando la «arjé» que se traduce, estaban buscando el principio. Y en buena parte, el trabajo de los filósofos ha sido siempre buscar el principio, es decir, buscar cuál es ese punto de vista, cuál es ese lugar, a partir del cual uno puede empezar a entender la realidad, el ser humano, el bien y el mal, el lenguaje, los valores, el ser, cada filósofo lo dice de otra manera. Entonces, es muy interesante porque la misma palabra aparece también hoy.
Por ejemplo, cuando dice aquí San Juan: Lo que existía desde el principio, eso es «en arjé» y en el Evangelio también aparece esa expresión: «En ar-khe en ho ló-gos», «En el principio existía la Palabra». No entremos tanto en la filosofía y miremos por un momento cómo se relacionan esos tres libros. Dice el Génesis: el principio, y se refiere al principio de la creación. Luego dice el Evangelio de Juan: el principio. Pero ese principio, ese sí que es el principio de los principios, porque ese principio es la fuente misma del ser divino en Dios nuestro Padre.
En teología se habla de las procesiones, porque el Hijo procede del Padre, pero el proceder del Padre es anterior a la creación, porque el Hijo no fue creado. Por eso decimos en el Credo: Engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre. O sea que cuando Juan dice, en su Evangelio: En el principio existía la Palabra, ese principio ya no es el principio de todas las cosas que vemos, ni de todas las cosas que decimos, sentimos, hablamos o esperamos. El principio del que habla el Evangelio de Juan es el origen mismo, la fuente misma del ser divino en Dios nuestro Padre.
Teniendo claro que ese origen no implica tiempo, porque desde toda la eternidad el Padre engendra al Hijo, desde toda la eternidad el Hijo es engendrado por el Padre. Ahí no se da una secuencia temporal, nunca estuvo el Padre sin el hijo, nunca, no fue que con el tiempo el Padre engendró al Hijo. Uno de los padres de la Iglesia, cuyo nombre se me escapa, lo dice mucho más bellamente que yo, dice: El único origen del Hijo es el Padre. Si el Hijo hubiera sido engendrado en el tiempo, entonces el tiempo sería necesario para comprender al Hijo, y entonces el Hijo tendría por lo menos dos principios, el Padre y el tiempo.
Pero como el Hijo solo tiene como principio el Padre, entonces es anterior al tiempo. No ha habido, óigame lo que le voy a decir, no ha habido en toda la historia de la humanidad ninguna persona, ni teólogo, ni científico, ni escritor, ni literato, ni filósofo que se haya atrevido a utilizar la palabra principio como la utiliza San Juan el evangelista cuando dice: «En ar-khe en ho ló-gos», cuando dice: «En el principio existía la Palabra», porque ahí se aplica ese término de un modo tan absolutamente radical que es anterior incluso a toda la creación.
Llevamos dos, en el Génesis la palabra principio significa principio de racionalidad, principio de comprensión, principio de ser, principio de fuerza de todo cuanto existe, es decir, de la creación. En el Evangelio de Juan, principio significa la fuente misma del Hijo y del Espíritu, porque el Hijo procede del Padre, y el Espíritu procede del Padre y del Hijo. Bueno, y ¿qué pasa con la primera carta de Juan? También aquí aparece la palabra principio, pero este es un nuevo principio. Este es el nuevo comienzo que sucede, cuando Jesús sucede.
Es decir, cuando Jesús llega a una vida, como Jesús es el principio de toda la creación y como Jesús brota del principio sin principio, que es el Padre, entonces Jesús, cuando llega a una vida, le da un nuevo principio. Y ese nuevo principio, ese es el que cuenta San Juan aquí. Ustedes tienen que estar de acuerdo conmigo en que no hay una persona que haya dicho cosas tan altas, tan absolutamente sublimes. Por eso, siempre se compara a San Juan con el águila que vuela altísimo y que es capaz de mirar de frente al sol, este es San Juan que nos está diciendo que cuando llega Cristo, llega un nuevo principio.
Y aquí se entiende por qué necesitamos de Cristo, porque resulta que en nuestras vidas ha habido cosas que son muy duras, cosas que nunca debieron suceder. En nuestras vidas han pasado cosas que son irreparables y que han quedado muy atrás en el tiempo, y ninguno de nosotros tiene poder suficiente para hacer algo con esas cosas. Esas cosas que han sucedido allá, por ejemplo, cuando uno estaba en el vientre de la mamá. Dios mío, ¿qué puede hacer uno ahí? El Salmo 139 dice: «Cuando en lo oculto me iba formando, entretejiendo en lo profundo de la tierra, ya tú me conocías». Solo Dios puede hacer algo ahí.
Entonces, cuando llega Cristo, Cristo trae un nuevo principio. Ese nuevo principio es el que necesitamos, esa es la nueva creación. Y ese es, por lo menos, uno de los sentidos que tiene la palabra: primogénito de toda la creación, que utiliza el apóstol San Pablo en el capítulo primero de la Carta a los Colosenses. Entonces, nos quedamos con eso, tres sentidos de la palabra principio. Principio como lo primero dentro de todo lo que existe en la creación. Principio como un asomarnos a Dios mismo y al misterio trinitario y ver que el Padre desde toda la eternidad, engendra al Hijo y al Espíritu.
Y principio como lo que sucede cuando Cristo, que es el principio, salido del principio sin principio, que es el Padre, llega a nosotros. Y cuando llega ese Cristo, trae un nuevo comienzo a nuestra vida. Que esa sea la Navidad y que como dijimos en la oración del comienzo de la Misa, estas palabras tan excelsas, tan supremamente altas, estas palabras místicas, pero que, sin embargo, pueden ser dichas por labios humanos, entren profundamente a nuestro corazón y sintamos el gozo de encontrar un nuevo principio en Cristo. Amen.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|