|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La Primera Carta de Juan es precioso documento que entre otras cosas ayuda a frenar una interpretación sesgada, de tipo gnóstico, que querían dar algunos al Evangelio.
Homilía sjne012a, predicada en 20111227, con 12 min. y 21 seg. 
Transcripción:
Coincidiendo con esta fiesta de San Juan Evangelista, estamos iniciando la lectura de la primera carta de este apóstol. Me permito ofrecerles esta pista, en el Adviento hay un Juan que sirve de inspiración, es Juan Bautista, el precursor, es una de las tres figuras que tiene el Adviento. Figuras destacadas son Isaías, Juan Bautista y la Santísima Virgen, eso para el Adviento. En Navidad hay otro Juan, que es este Juan Evangelista. Juan el evangelista sirve como de maestro, sirve como de guía para el misterio de la Navidad. Así que ahí le queda esa pista, para el Adviento, Juan Bautista, para el tiempo de Navidad, Juan Evangelista.
Y empezando con esta fiesta de Juan Evangelista, empezamos también la lectura de la primera carta de Juan, que tiene 5 capítulos. Hablo de un comienzo porque esta carta nos va a acompañar el resto del tiempo de Navidad. El tiempo de Navidad es breve, lo sabemos, pero breve no significa que carezca de importancia. Con pocas excepciones, la primera lectura de la misa en estos días, hasta que termine el tiempo de Navidad, la primera lectura va a ser tomada de esta primera carta de Juan. Claramente, la Iglesia ha hecho una elección ahí, y claramente de lo que se trata es de que este apóstol sea el maestro de la Navidad, él es el teólogo de la Encarnación.
Él es el que nos guía con mano diestra y firme hacia la profundidad del misterio del Verbo Encarnado. Por eso, se le da tanta importancia a la primera carta de Juan en el tiempo de Navidad. Como vamos a seguir oyendo de la primera carta de Juan, conviene que sepamos algo de la importancia de ese documento. En esto, pues hay distintos estudios, como siempre pasa en las discusiones sobre textos bíblicos, pero parece haber bastante consenso en este sentido, en que Juan escribió primero el Evangelio y luego las Cartas.
Pero, las cartas difieren bastante unas de otras, porque la primera, que es la que nos va a acompañar en Navidad, es la más extensa, mientras que la segunda y la tercera son sumamente breves. Así que lo que conviene aprender es cuál es la diferencia o contraste que se da entre el Evangelio y las cartas, porque todo indica que la primera carta en particular fue escrita para evitar ciertas interpretaciones y excesos, interpretaciones y excesos a los que tal vez podía dar lugar el Evangelio. Por ejemplo, el Evangelio utiliza un lenguaje muy poético, muy místico, tal vez un poco abstracto.
Cristo dice, por ejemplo: «Yo soy la luz». Dice: «Yo soy la vida». Y Cristo dice: «Yo soy». Así nomás, como apropiándose de aquella expresión del Antiguo Testamento que es privativa de Yahvé: Yo soy. Ese es el nombre exacto que tiene Dios en el pasaje de Moisés y de la zarza: Yo soy. Y Cristo, en el Evangelio de Juan, toma ese nombre. Una escena impresionante es, por ejemplo, cuando van a prender a Cristo en el huerto de Getsemaní. La versión del Evangelio según San Juan destaca que cuando Cristo pregunta: «¿A quién buscáis?» Aquellos soldados le responden: «A Jesús Nazareno». Y él responde: «Yo soy».
Pero en su respuesta hay tanta majestad que al decir Cristo: Yo soy, los soldados caen por tierra. Es decir, los derriba con la sola fuerza de su presencia y de su Palabra: Yo soy. El Evangelio de Juan entonces, presenta a Cristo en esa luz altísima, Cristo es la Palabra, es la verdad, Cristo es la luz, Cristo es la vida, Cristo es el que es. Estas afirmaciones, por supuesto, son ciertas, pero hay un peligro en ellas. Cuando se dice, por ejemplo, que Cristo es el Logos o que Cristo es la verdad, existe el peligro de interpretar esas expresiones como quitándole toda importancia a la carne, al misterio mismo de la carne de Cristo.
Es verdad que en el Evangelio leemos: «La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos visto su gloria». Pero también encontramos otras expresiones como aquello que dice Cristo: «El Espíritu es el que da vida. La carne no sirve de nada». Sería muy extenso entrar ahora a hacer exégesis de esos pasajes, lo que quiero destacar es que el Evangelio parece dar pie a una interpretación o a una mirada sobre Cristo que no tiene en cuenta la encarnación, o que no le da ninguna importancia a la encarnación, o que incluso puede llegar a decir que la carne de Cristo era simplemente una especie de apariencia.
Y es aquí donde se hace necesaria la primera carta de Juan, porque resulta que un movimiento que le quitaba total importancia a la carne es el gnosticismo. ¿Tú sabes que es quitarle importancia a la carne? Es abrirle la puerta a la reencarnación. Si mi carne no importa, si mi cuerpo no importa, si mi cuerpo es como un vestido que me quito y me pongo, entonces yo puedo tener más de un vestido.
Entonces, siendo así que la reencarnación llamada metempsicosis, era algo bastante arraigado en la mentalidad griega, y siendo así que la llamada Asia Menor, la actual Turquía, estaba bajo influencia de ese pensamiento griego, es bastante normal que por la zona, por el lugar donde San Juan predicó, es decir, por el Asia Menor, pues se daba mucho esa tendencia. Tendencia a la reencarnación, a creer en la reencarnación, creencia a considerar como esencial, la gnosis, el conocimiento es lo que nos salva, la verdad es la que nos salva y los secretos de la gnosis son los que contienen la salvación.
Y si uno es un iniciado en la gnosis, entonces uno conoce la luz y uno asciende en la luz, puro esoterismo. El esoterismo, la reencarnación, la gnosis son los peligros que quiere atacar la primera carta de Juan. No es que el Evangelio de Juan, o sea el cuarto Evangelio, sea un texto gnóstico, sino que es un texto que por la altura de su lenguaje y de su poesía, podía ser secuestrado por la interpretación gnóstica, hasta el punto de quitarle importancia a la carne de Cristo y convertir entonces la salvación en una iniciación.
Como que la iluminación, el conocimiento, es lo fundamental y la muerte de Cristo en la cruz, que obviamente implica el desgarrarse de su carne, pues eso, en realidad, no tiene importancia. Esa es la tendencia gnóstica, gravísima. Eso sigue sucediendo en nuestro tiempo, también en nuestro tiempo esa filosofía se va propagando en el estilo de la nueva era, en el estilo de Anthony de Mello, en el estilo de los gnósticos, en el estilo del esoterismo. En varios de sus escritos, Anthony de Mello omite por completo lo que tenga que ver con la sangre de Cristo, el sacrificio de Cristo, la cruz de Cristo, la carne de Cristo.
A él, en cambio, le interesa mucho la iluminación y la iluminación es el acceso a un secreto que le permite a uno vivir mejor, que le permite a uno ver las cosas de otro modo. Realmente, Anthony de Mello está mucho más cerca de la gnosis que del cristianismo, cosa que duele decir tratándose de un sacerdote, pero es así. Por eso el Vaticano tuvo que intervenir en el caso de Anthony de Mello. Y Anthony de Mello llegó a tener mucha popularidad entre las religiosas, mucha, mucha popularidad. Y hay mucha gente que creía que esa era espiritualidad cristiana. Pues no señor, para eso está la primera carta de Juan.
La primera carta de Juan va en contra de toda interpretación de la vida cristiana como puro acceso a un secreto, como puro acceso a un conocimiento, conocimiento que sería el de unos ciertos iniciados. Ahora entendemos por qué ese énfasis en la primera lectura de hoy. Fíjate lo que dice: «Lo que existía desde el principio», con esta frase está conectando con el comienzo de su Evangelio, pero luego dice: «Lo que hemos oído, lo que hemos visto, lo que contemplamos, lo que palparon nuestras manos», lo que palparon nuestras manos.
Es decir, la Palabra no existe únicamente como mensaje que le hemos oído a Cristo, sino que verdaderamente la carne de Cristo es el lenguaje de Dios. Y esta altísima dignidad de la carne de Cristo le da todo valor entonces al sacramento, por ejemplo, al sacramento eucarístico. No, yo no estoy recibiendo un símbolo, un símbolo de entrega o de amor, estoy recibiendo la fuerza misma de Dios, la revelación plena de Dios, aquel en el que habita corporalmente la divinidad según la expresión de la carta a los Colosenses.
Por eso, la importancia de la primera carta de Juan es un himno a la verdad de la carne de Cristo, es un himno a la verdad de la encarnación y es un conjunto precioso de reflexiones que nos ayudan a descubrir qué quiere decir que Dios se haya manifestado en nuestra carne. Bendito este apóstol y evangelista que tanta luz trae a nuestra fe.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|