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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El evangelista teólogo buscó con corazón puro y generoso la verdad de Dios, y recibió luz abundante, que es alegría y regalo para nosotros.
Homilía sjne011a, predicada en 20111227, con 4 min. y 35 seg. 
Transcripción:
En nuestra Iglesia católica hay dos grandes celebraciones: Navidad y Pascua. En Navidad celebramos la llegada de Cristo a esta tierra y en la Pascua celebramos su partida, porque, volviendo a Dios Padre, Cristo nos lleva a todos en su cortejo triunfal, Navidad y Pascua. Y por eso también los tiempos litúrgicos, llamados tiempos fuertes, tienen una preparación, el Adviento sirve para preparar la Navidad, la Cuaresma sirve para preparar la Pascua. Y esos cuatro son los tiempos litúrgicos fuertes: Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua.
Tanto en Pascua como en Navidad tenemos una novedad litúrgica, algo distinto, digo mejor, se llama una octava. Es tan grande la celebración de la Navidad que no cabe en un solo día, necesitamos un día de ocho días para, por lo menos, mirar con alguna atención, con algo de la debida reverencia a este misterio tan grande. Lo mismo sucede en Pascua, tenemos la gran solemnidad de la Pascua, que va seguida ocho días, es decir, tenemos la octava de Pascua. Estas son las dos octavas litúrgicas que tenemos propiamente en la Iglesia, la octava de Navidad y la octava de Pascua.
Es decir que ahora mismo nos encontramos en la octava de Navidad. Va desde el 25 de diciembre en que celebramos a Jesús como Hijo de María, hasta el 01 de enero, en que celebramos y recordamos que María es la Madre de Jesús, verdadero Dios con nosotros. Esos son los dos polos, esos son el principio y el fin de la octava de Navidad. Cristo, Hijo de María. María, Madre de Cristo. Desde el 25 de diciembre hasta el 01 de enero. La octava de Navidad tiene, sin embargo, algo muy particular que la hace distinta de la octava de Pascua.
En la octava de Pascua toda la atención está en los relatos de las apariciones de Jesucristo resucitado. En cambio, en la octava de Navidad, desde siglos antiguos hay una serie de celebraciones de santos. El 26 de diciembre, por ejemplo, tenemos a San Esteban, el primero entre los mártires, eso es lo que quiere decir la palabra protomártir. Hoy, 27 de diciembre, tenemos a San Juan Evangelista. Luego, el 28 tenemos a los santos Inocentes. Es muy interesante este recuerdo de los santos en un tiempo tan santo, él mismo, y tan especial, porque es como decir que solo podemos acercarnos al misterio de la Navidad si vamos en buena compañía.
Y la buena compañía del día de hoy se llama San Juan Evangelista. El evangelista teólogo, el cuarto entre los evangelistas, el más joven de los apóstoles, aquel que fue primero discípulo de Juan Bautista y que luego, movido por el testimonio del Bautista, se convirtió en testigo de Jesús. Juan, el evangelista es aquel que recibió del Espíritu Santo una mirada especialmente penetrante en el misterio de Dios, en el misterio del Dios encarnado.
De Juan Evangelista vienen aquellas palabras: «En el principio existía el Logos y el Logos, la Palabra, estaba junto a Dios, y el Logos era Dios, y la Palabra era Dios». Hasta allá llega la profundidad de este gran santo, hasta allá llega la acción del Espíritu en él. Que sus enseñanzas nos aprovechen y que su corazón generoso y puro contagie también nuestro corazón. Amén.

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