Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

En tantos lugares, los sacerdotes encontramos dureza, oposición y sobre todo indiferencia ante Dios y como el Santo Cura de Ars debemos orar por el pueblo, hacer penitencia, estudiar el entorno y actuar frente a esa realidad, predicar y confesar.

Homilía sjmv005a, predicada en 20220804, con 8 min. y 39 seg.

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Transcripción:

El cuatro de agosto, nuestra Iglesia Católica recuerda y celebra a San Juan María Vianney, conocido como el cura de Ars. Ars una pequeña población en Francia. El cura de Ars ¿Por qué se le llama así? Bueno, pues un buen motivo es que estuvo durante muchos años ejerciendo como párroco en esa población. Entonces es como decir aquí en Colombia el cura de Guatavita o el cura de Villa de Leyva, lugares así. Ah, muy bien. Pero hay una razón más profunda y es que Juan María Vianney, que era su nombre, hizo florecer el Evangelio en un lugar difícil, en una tierra que parecía estéril. De hecho, según cuentan las crónicas, un lugar a donde ningún sacerdote hubiera querido ir. Allá ejerció su ministerio Juan María Vianney. Y lo hizo de tal manera y transformó de tal modo esa población, poniendo en la ruta de Dios a las familias, hombres, mujeres, niños, jóvenes.

Eso logró un impacto tan grande del Evangelio en ese sitio que la Iglesia los recuerda y lo celebra como patrono de los párrocos. Muchos sacerdotes no somos párrocos, por ejemplo, este servidor de ustedes. Yo ejerzo otra labor, yo tengo un ministerio diferente. Pero en el caso de Juan María Vianney, él era párroco a veces en una parroquia y varios sacerdotes y siempre hay uno que es el encargado propiamente de la parroquia. Él es el párroco. Los otros se les llama vicarios porque pueden hacer las veces del párroco en ciertos aspectos, en ciertas necesidades o proyectos de la parroquia. Bueno, esto es para decir, como entre paréntesis, que hoy es un buen día para que le envíes un mensaje de WhatsApp a tu párroco y lo felicites porque el cuatro de agosto es el día de los Párrocos, el día de San Juan María Vianney. Y también yo aprovecho para saludar desde aquí a tantos sacerdotes diocesanos, muchos de ellos párrocos, a quienes considero mis hermanos en el sacerdocio y también bendecidos por una vocación como la de Juan María Vianney.

Pero volvamos a este párroco. ¿Cuál fue su plan? ¿Cuál fue su estrategia? ¿Cómo logró él lo que logró? Es una pregunta muy válida porque Ars el nombre de esta población donde él estaba. Aras hoy está por todas partes. Por todas partes. En tantos lugares. Y no solo si somos párrocos. En tantos lugares, encontramos dureza, oposición y sobre todo, algo que Juan María Vianney conoció muy bien. Indiferencia. Indiferencia. La palabra que define la relación con Dios para muchas personas hoy es indiferencia, como se dice popularmente en este país ni me va, ni me viene, no me importa. O como dijo con arrogancia algún ateo francés Dios, Dios no viene al caso. Dios no interesa ni suma ni resta aquí. Esa era la situación de Ars. Y el plan de ataque del Santo Cura de Ars. El plan de ataque de Juan María Vianney incluyó varias cosas, recordemos unas tres o cuatro.

Primera grandísimas dosis de oración. No se nos debe olvidar que el primer deber de todo cristiano, pero especialmente de todo sacerdote, es orar por su pueblo. Hay una frase en el libro del profeta Daniel: Este es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo. A veces podemos imaginar la labor sacerdotal como organizar, organizar muchas cosas. Pues antes de organizar tantas cosas, Juan María Vianney se centró en la oración.

Segundo, algo que está muy olvidado hoy la necesidad de una vida de penitencia. Desde su juventud, Juan María Vianney practicó la penitencia a través del ayuno y de otras formas de mortificación. La penitencia, entendida como un modo de unión con Cristo crucificado, como un modo de unión con la fuente de toda redención, que es la cruz de nuestro Señor Jesucristo. Si de la cruz viene la redención, cuanto más unidos estemos al misterio de la cruz, más podemos comunicar de una forma creíble y eficaz el milagro de la redención. La obra de la redención para que suceda la redención. Oración. Penitencia.

Tercero, Juan María Vianney estudió la realidad del lugar donde estaba. Por ejemplo, él se dio cuenta que lo que hacía que él perdiera a los jóvenes, es decir, que no aparecieran por la Iglesia, es que los trabajos del campo en una zona donde había que trabajar mucho, ocupaban casi todo el tiempo de estos jóvenes. Entonces, a través de una serie de estrategias que incluyeron cambios de horario, de actividades y que incluyeron también el diálogo con otras personas y la predicación para que la gente sacara tiempo para Dios. Empezó a recuperar corazones. Esa es otra estrategia de él. Hay que mirar lo que está sucediendo y hay que ver de acuerdo con eso, qué se puede proponer que sea lo mejor, que sea lo más real posible. Siempre sobre la base de lo que antes hemos dicho oración y penitencia, y luego predicar y predicar mucho.

Algunas personas se preocupan de si las homilías son muy largas. A mí no me preocupa que las homilías sean largas. Me preocupa que sean malas, porque cuando la gente va al culto que llaman, donde los evangélicos o cuando la gente va a las charlas de motivación. No les preocupa ni gastar grandes cantidades de dinero, ni gastar una gran porción de su tiempo oyendo a un buen orador. El problema no es la longitud, el problema es la calidad. Y eso lo entendió San Juan María Vianney. Y por eso, movido de una ardor profundo, un amor inmenso por el Señor, se entregó a la predicación, predicación que luego venía seguida de la confesión. Más o menos ese es el esquema fundamental.

Esa es la estrategia, que no es ni tan secreta ni tan rara de San Juan María Vianney. Oración. Penitencia. Mirar el entorno. Buscar con perseverancia, posibilidades. Predicar y luego acoger a las personas en la confesión. Y transformó a Ars y su estrategia, yo pienso, sigue siendo plenamente válida.

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