Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El Santo Cura de Ars es modelo para los párrocos y para todos los sacerdotes porque la fuerza de su oración y su predicación hicieron el milagro de la conversión de su parroquia.

Homilía sjmv003a, predicada en 20200804, con 6 min. y 15 seg.

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Transcripción:

El cuatro de agosto, nuestra Iglesia Católica recuerda y celebra a San Juan María Vianney, conocido popularmente como el Santo Cura de Ars. Ars es una pequeña población en el sur de Francia, una población que era conocida por su tibieza, por su alejamiento de Dios, y fue allí donde Juan María Vianney fue enviado como párroco. Eso fue lo que él encontró, frialdad, podríamos decir dureza. Pero aquí empieza lo interesante. ¿Por qué la gente de Ars era distante de Dios? Eso fue lo que estudió este sacerdote. Él se puso a analizar qué era lo que pasaba, a pensar y a orar, y se dio cuenta que había tres razones principales por las que la gente estaba tan lejos de Dios en esa población.

La primera, porque prosperaba el vicio, especialmente en forma de cantinas, bares, lugares de diversión. Por consiguiente, donde hay ese tipo de exaltación del vicio, inmediatamente Dios sale de las costumbres. Pero todavía analicemos mejor el tema de los bares y de la diversión afectaba fundamentalmente a los hombres. Entonces, ¿qué pasaba? Que ya que el hombre está llamado a ser el varón, está llamado a ser el primer evangelizador en la familia, el maestro y ejemplo de fe en la casa, ya que el varón está llamado a hacer eso. ¿Qué pasa? Que si el varón se entrega al licor y a la diversión con mucha frecuencia cercano al adulterio o cayendo en el adulterio, entonces la casa, el hogar, se convierte en un barco a la deriva. Muchas veces la mujer hace lo que puede y puede mucho, ciertamente con su oración, con su testimonio, pero sobre todo para los hijos varones. Llega un momento en el que el testimonio de la mujer parece que fuera insuficiente. Por eso se empezó a producir en Ars un fenómeno de repetición del pecado. Y Juan María Vianney se dio cuenta de eso. Se dio cuenta que mientras los varones adultos siguieran en el pecado, la cadena se iba a seguir repitiendo en los hijos y en los nietos. Esa era solo el primer problema.

Segundo problema no era una región rica, sino más bien una región necesitada de mucho trabajo y por eso con frecuencia se reclutaba prácticamente desde niños, sobre todo a los varones, se reclutaba desde niños, a los habitantes, a los jóvenes habitantes de Ars, para que fueran a los campos a trabajar y se convertían en máquinas de trabajo. De tal manera que no tenían tiempo para catequesis, no tenían tiempo para oración, no tenían tiempo para nada. ¿Sabes cómo se llama eso? Estaban matriculándose en la famosa rueda del producir, consumir y entretenerse. Esa era la rueda que tenía aprisionada completamente a la población de Ars. No hay tiempo para oraciones. No hay tiempo para iglesia. No hay tiempo para catequesis. Solo hay tiempo para trabajar y trabajar. Pero claro, ya que trabajo mucho, pues yo también me merezco un descanso. Entonces vamos al bar. ¿Te das cuenta cómo se conecta una cosa con otra? Ese era el segundo problema.

Y el tercer problema es que los sacerdotes que habían estado sin ser necesariamente lo peor del mundo, ya no creían en el poder de la predicación, porque los sacerdotes que habían estado intentaban, por ejemplo, hacer una celebración religiosa, la fiesta patronal. Vamos a hacer la fiesta del pueblo. Llegaba poquísima gente. Tocaban las campanas para misa y no llegaba casi nadie. Entonces los sacerdotes habían desistido, habían desistido de ofrecer con perseverancia la predicación. Mis hermanos, este diagnóstico, que fue el que hizo el santo cura de Ars, fue el que le llevó también a proponer los remedios adecuados, empezando por lo que él tenía que hacer orar muchísimo por esa población, orar mucho y luego ofrecer muy buena predicación con lo mejor de sus capacidades, pero sobre todo con lo mejor de su amor. Y luego atacar el vicio con nombre propio, por supuesto. Esto le trajo tensiones, dificultades, calumnias, ataques.

Pero hay que atacar el vicio con nombre propio. Él llamó a las cosas por su nombre, la fuerza de su oración, la fuerza de su perseverancia, la fuerza de su predicación. Hicieron el milagro. Ars se convirtió en una parroquia modelo y el santo cura de Ars se convirtió en modelo en primer lugar para los párrocos, pero después para todos nosotros, los sacerdotes.

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