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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Juan Bautista destacó por su libertad interior, su vida de penitencia y su valentía para anunciar la verdad. Desprendido de los poderes del mundo, denunció el pecado sin temor y señaló el camino de regreso a Dios.
Homilía sjbn026a, predicada en 20260624, con 9 min. y 19 seg. 
Transcripción:
El 24 de junio celebramos como Iglesia católica el nacimiento de Juan, llamado el Bautista. Así lo llamamos, por supuesto, porque su ministerio principal fue ofrecer un bautismo de conversión, podríamos decir, como prólogo inmediato de la obra del Mesías, de la llegada de Jesucristo. Ese es Juan, Juan el Bautista. Quedémonos hoy con tres grandes cualidades de este gran santo, es un hombre libre, es un hombre penitente y es un hombre valiente. Estas tres cualidades están íntimamente relacionadas, y con la ayuda del Espíritu Santo, espero mostrar por qué.
Empecemos por la libertad, es un hombre libre en el sentido de que su palabra es libre, su subsistencia no se la debe a nadie. Y tal vez es esa expresión la que mejor describe el tipo de libertad que este hombre tiene, él no le debe a nadie. ¿Qué quiero decir estrictamente con esto? No se trata simplemente de que tenía sus finanzas bien organizadas, es mucho más que eso. Decimos que Juan el Bautista no le debe a nadie en el sentido de que su modo de vida en el desierto, su modo de vestido con una piel de un animal, su modo de comida, con lo que da el mismo desierto, lo sitúa en una completa independencia de los poderes de este mundo.
Porque ¿sabes una cosa? Cuando le debes favores a un partido político, a un rey, a un grupo de amigos, ya tu palabra empieza a perder libertad. No es que sea imposible, pero es difícil conservar una palabra libre cuando te debes demasiado a un grupo de personas, a unos patrocinadores, a un partido político. Y menciono tanto lo de la política porque está muy en nuestros países, podemos decir que en nuestros países ningún líder llega a los cargos realmente altos, como decir la Presidencia de la República, nadie llega a un cargo alto si no es a través de alianzas con muchos poderes.
Y en ese sentido, es triste decirlo, muchos presidentes y muchos líderes llegan con las manos ya bastante amarradas, ya tienen sus manos muy amarradas. Y ¿sabes por qué? Sus manos están amarradas porque, lamentablemente, las cosas se dan de tal modo que la persona tiene que adquirir muchos compromisos, pagar muchas cuotas, devolver muchos favores, no es libre. Juan Bautista, con su manera de vivir, con su manera de comer, con su manera de vestir, es decir, con todo lo que atañe a su vida, es libre y su palabra es libre.
Es un hombre penitente y la penitencia es una de esas virtudes que solo muy de vez en cuando se vuelven populares. La penitencia es una virtud que implica la negación de sí mismo, pero por un motivo superior. No es la penitencia odio hacia uno mismo, no es tampoco desprecio al mundo material. Hay algunas corrientes filosóficas, como por ejemplo, el maniqueísmo o el neoplatonismo, que desprecian lo material y por eso desprecian, por ejemplo, la comida o el sexo.
La auténtica penitencia, la que se predica en la Biblia y, sobre todo, la que estamos llamados a vivir nosotros los cristianos, no es desprecio al cuerpo, no es desprecio al mundo material, pero sí es conciencia de la ambigüedad que tienen las cosas creadas. Porque, así como las cosas creadas pueden despertar en nosotros sentimientos de gratitud y alabanza hacia Dios, y pueden ser ocasión de que hagamos buenas obras de caridad, pues también, también sucede que las cosas creadas pueden adueñarse de nuestro corazón, despertar en nosotros deseos de codicia, pueden despertar en nosotros deseos de sensualidad, de egoísmo, vientos de soberbia.
Entonces, lo que quiere la penitencia cristiana es corregir esas desviaciones y también prevenirlas hacia el futuro. Y por algo dijo Cristo: «El que quiera seguirme, que tome su cruz cada día y me siga». Y también dijo: «El que no se niegue a sí mismo, no es digno de mí». Este negarse a sí mismo y tomar la cruz implica tener conciencia de lo que hemos dicho, las cosas creadas pueden adueñarse de nosotros. El espíritu de penitencia quiere corregir los desmanes que nosotros mismos u otras personas han cometido en esos excesos, en ese amor desordenado a las cosas creadas, para devolverle todo el honor y la gloria al Creador.
Pues Juan el Bautista fue un hombre extremadamente penitente, pues ya ves el tipo de vida que estaba realizando. Pero es que además de eso, su renuncia no solamente era renuncia, por ejemplo, a los placeres de la comida o los propios de quien tiene una esposa. Es que él renunció a todo lo que podría ser, incluso cómodo o agradable. Su vida de extrema austeridad muestra el camino que debe seguir el mundo si quiere realmente retornar a Dios.
En una frase de San Agustín, me parece que se expresa muy bien esto, dice San Agustín que el pecado se puede resumir como darle la espalda a Dios por volverse uno hacia las criaturas, y que por eso la conversión y la formación del alma cristiana requieren, pues que le demos la espalda a las criaturas y que busquemos con todo nuestro ser al Creador. Así que Juan Bautista fue un hombre penitente y cada uno de nosotros está llamado a practicar en mayor o menor grado, según el estado de vida y si es posible, es lo más recomendable con una buena dirección espiritual, practicar el espíritu de penitencia.
Pues un hombre que es libre y con una palabra libre y un hombre que ha vivido el camino de la penitencia, es también un hombre que ya tiene la disposición para la tercera cualidad, que es la valentía. Claramente, Juan Bautista es un hombre valiente, con esa libertad de la que ya hemos hablado. Él se expresa frente a las autoridades de su tiempo, llegan militares, llegan saduceos, llegan fariseos, toda clase de personas se acercan a él y él habla con libertad y denuncia lo que tiene que denunciar.
Es un hombre valiente, ser valiente lo llevó a mostrarle el pecado, incluso al rey. El rey era Herodes. Herodes estaba viviendo en adulterio. Y lo que hizo Juan Bautista no fue decirle: Bueno, mientras las cosas mejoran, sigue tú en tu en tu adulterio, sino lo que le dijo es: Eso no te está permitido, que tú eres el rey, tú eres el rey, pero eso no te está permitido, ser el rey no te autoriza. Se necesita mucho valor para eso, porque las consecuencias se anunciaron y después llegaron, fue encarcelado y finalmente, fue degollado.
Es grande Juan Bautista y estas tres virtudes tienen que inspirarnos hoy, libertad, por una parte, penitencia, por otra parte, valentía. Si la libertad mira más a lo que nos rodea, la penitencia mira más al corazón. Tanto que puede decirse que la penitencia es una manera de liberar el corazón. Y luego, pues, la valentía, consecuencia de esa libertad exterior e interior. San Juan Bautista ruega por nosotros.

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