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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Estamos llamados por Dios en la persona de su Hijo a ser sus hijos, para que la obra de su gracia sea plena en nosotros
y para ser bendición para otros como lo fue San Juan Bautista.
Homilía sjbn025a, predicada en 20250624, con 9 min. y 8 seg. 
Transcripción:
«Te doy gracias porque me has escogido portentosamente». Estas palabras tan profundas provienen del Salmo 139 que en la liturgia se trata del número 138. Lo que nos llama la atención es eso de: me has escogido portentosamente. Sobre todo, porque este salmo se refiere al conocimiento que Dios tiene de nosotros y se refiere a cómo Dios nos conoce desde el principio. Es el salmo propio de la solemnidad del día 24 de junio, porque el 24 de junio celebramos el nacimiento de San Juan Bautista. Muy apropiadamente, ya que se trata del nacimiento de Juan Bautista, pues se toma este salmo que habla precisamente del conocimiento que Dios tiene desde antes de que nosotros naciéramos. Por ejemplo, dice ese salmo que cuando se iban tejiendo, cuando se iban tejiendo, cuando me iba tejiendo, me ibas tejiendo en lo profundo de la tierra. Ya estabas ahí, me conocías.
El conocimiento de Dios, el conocimiento que Dios tiene de nosotros, no solamente es un conocimiento profundo en el sentido de lo más íntimo de nuestros afectos, de nuestros proyectos, sino que también es un conocimiento que se remonta en el tiempo, es profundo también en el tiempo. ¿Qué queremos decir con esto? Que Dios nos conoce también desde el principio de nuestra existencia, Dios nos conoce desde el principio y Dios nos conoce desde lo más hondo. Ese énfasis en la manera como Dios nos conoce es importante, porque aquel que nos conoce tan profundamente, es el mismo que nos ha llamado desde el principio.
Efectivamente, Juan el Bautista fue llamado desde el principio de su existencia. Podríamos decir, Dios le puso como un camino. Hay otros profetas que también encontramos en la misma situación. Recordemos el caso de Jeremías: «Antes que te formaras dentro del vientre de tu madre». Jeremías era un jovencito cuando fue llamado por Dios y Dios le dice: «Antes que te formaras, yo te llamé». Entonces la vocación de Jeremías o la vocación de Juan Bautista es una vocación que, cuando se rastrea, tiene sus orígenes, tiene sus raíces, incluso antes del nacimiento. De aquí sacamos dos aplicaciones muy hermosas para nuestra vida.
En primer lugar, por favor darnos cuenta del valor que tiene la vida humana, incluso antes del nacimiento. Si Dios le dice a Jeremías: «Antes que te formaras dentro del vientre de tu madre, yo te escogí». Eso quiere decir que ya ahí, en esas condiciones iniciales, en ese ser humano tan pequeñito como es un embrión, como es un feto, ahí hay un auténtico ser humano que tiene dignidad y valor ante Dios. O sea que hay un mensaje pro-vida muy poderoso en una festividad como ésta. Pero hay otro aspecto que también me parece muy importante, y es que eso no se queda en estos personajes tan notables como Jeremías o como un Juan Bautista, el santo que recordamos hoy. No, no solamente ellos, es que también nosotros hemos sido destinados en la persona de Cristo a ser sus hijos, así nos habla San Pablo en el capítulo primero de la Carta a los Efesios. Es decir, que el llamado nuestro, el llamado a la santidad, el llamado al servicio de Dios, el llamado a amar a nuestro prójimo hasta marcar una diferencia positiva en la vida de nuestros hermanos, ese llamado no es solo de Juan Bautista, ese llamado no es solo de Jeremías.
Y ese llamado es tan profundo como profunda es la mirada de Dios. Este Dios que me conoce desde el principio, es el Dios que me ama desde el principio, y como me conoce y me ama desde el principio, es el Dios que tiene para mí un plan hermoso, un plan de vida, un plan de bendición, un plan de amor. Él tiene un plan de amor para mi vida y por eso, ese plan de amor que nosotros llamamos también vocación, es la plenitud de mi propia vida. No es solo para Juan Bautista, repito, no es solo para Isaías o Jeremías, es que cada uno de nosotros puede participar junto con ellos de esa misma alegría. Dios nos ha destinado en la persona de su Hijo a ser sus hijos. Eso es lo que nos dice Pablo, en la persona de Cristo, que es su Hijo, nos ha destinado a ser sus hijos para que seamos santos, para que seamos irreprochables en su presencia por el amor, para eso hemos sido llamados a la existencia. El llamado al ser, es el llamado a la santidad. El llamado al ser es el llamado al encuentro con Aquel que es tres veces santo.
Y por eso, en este día de San Juan Bautista, es importante que nosotros entremos en nuestro corazón y le hagamos la pregunta definitiva al Señor ¿qué es lo que tú quieres de mí? Señor, aquí estoy para hacer tu voluntad. Habla, Señor, que tu siervo escucha. Aquí está la esclava del Señor. A dondequiera que vayas, yo iré. Estas palabras, que son todas tomadas de la Biblia en distintos libros, estas palabras son las que han de impregnar nuestra oración en este día: Tú tienes para mí un plan de amor. Tú tienes para mí un plan de salvación. Tú tienes para mí un plan de santidad. Yo quiero conocer y vivir ese plan, Señor. Yo quiero responder con amor al amor que Tú me tienes.
No es un juego de adivinanzas, atención a eso, no. Alguien me preguntaba en estos días: Bueno. ¿Cuál es una regla fácil para conocer la voluntad de Dios? Bueno, yo te la voy a decir. La regla fácil para conocer la voluntad de Dios empieza por obrar con recta conciencia, vivir en gracia de Dios, alimentarnos de los sacramentos. En segundo lugar, vive bien este momento de tu vida, es decir, vive en este momento, lo que es propio de tu estado. Si eres una persona casada, pues hay unos deberes de estado, vive esos deberes de estado. Si eres un joven estudiante, haz lo propio de tu ser de joven y de estudiante. Además, eres ciudadano de un país, cumple con los deberes propios de ser ciudadano, esa es la segunda fase.
La tercera fase, participa de la comunidad cristiana porque Dios le habla a la comunidad y en la comunidad encuentras testimonio o formación, encuentras oración, encuentras servicio. En cuarto lugar, concéntrate en ese servicio y mientras haces todo esto, continúa en la oración y continúa diciéndole al Señor: Habla, Señor, que tu siervo escucha. Aquí estoy para hacer tu voluntad. Aquí está la esclava del Señor. Háblale así y verás cómo poco a poco en tu conciencia se va definiendo una ruta, se va definiendo un camino y en ese camino está la voz profunda del Dios que profundamente te conoce.
Y lo mismo que Juan Bautista tú también vas a ser bendición, tú vas a ser bendición para tu familia, tú vas a ser bendición para tu pueblo. Cada uno de nosotros está llamado a ser bendición. Así que al ver la vocación de Juan y al ver que esa vocación abarca toda su existencia, volvamos nuestra mirada a nuestra propia historia y reconozcamos que Dios también nos ha llamado en la persona de Cristo a ser sus hijos, para que la obra de su gracia encuentre plenitud en nosotros. San Juan Bautista intercede por nosotros. Amén.

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